Dos pequeñas frente a las gigantes: cómo es salir a ver Ballenas en Las Grutas con dos nenas

Ema, de 8 años, y Luchi, de 4, se subieron a un semirrígido para buscar ballenas francas australes en el Golfo San Matías. Qué hay que saber antes de hacer el avistaje con chicos.

Redacción

Por Marcelo García

Ballenas y crías aparecen a pocos metros de las embarcaciones. Fotos: @viajoconvos.

Ir a Las Grutas en agosto suena a error de calendario. El balneario que uno tiene guardado en la cabeza es el de enero: la peatonal llena, las bajadas con gente hasta la última reposera, el agua tibia que es la marca registrada del lugar. Nada de eso pasa en invierno/primavera.

Pero hay otra cosa, y es la que nos llevó a manejar 425 kilómetros con las chicas en la camioneta. Entre junio y octubre, la ballena franca austral entra al Golfo San Matías. Y a diferencia de Península Valdés, acá la escala es chica: semirrígidos de doce pasajeros, una salida más íntima y algo más de dos horas de navegación.

Fuimos en agosto de 2026, con Ema, de 8, y Luchi, de 4. Volvimos con las retinas llenas de estas gigantes del océano vistas de cerca y una serie de aprendizajes que conviene tener antes de reservar.

La temporada oficial de Avistaje en el golfo está fijada desde el feriado de agosto hasta el de octubre, un recorte que los prestadores no eligieron a ojo: sale de los registros de los últimos quince años, que es cuando las probabilidades de cruzarse con cetáceos suben de verdad. En 2026 el lanzamiento fue el 14 de agosto.

Nosotros elegimos el arranque. Es una apuesta con letra chica: septiembre y octubre concentran más animales, y si tu prioridad es la garantía de avistaje, andá en primavera. Lo que gana agosto es lo otro —menos gente, tarifas de temporada baja en el alojamiento, el golfo para vos— y este año la apuesta salió bien.

Un dato para bajar la ansiedad: hay que entender que esto no es un acuario, acá uno sale al encuentro con la naturaleza marina y aunque no aparezca una ballena, la salida rara vez vuelve vacía. En el mismo recorrido hay delfines, lobos marinos, pingüinos y aves costeras. Nosotros vimos delfines además de las ballenas.

El Puerto San Antonio Este fue el punto de partida para navegar.

Los 425 kilómetros y el detalle de la nafta


Salimos de Neuquén por Ruta 22 y llegamos en unas seis horas contando paradas: el cálculo de manejo puro ronda las cinco y veinte. El camino es 22 hasta Choele Choel, después Ruta 250 por el Valle Medio y el empalme con la Ruta Provincial 2 hasta San Antonio Oeste. Los últimos 14 kilómetros, hasta Las Grutas.

El tramo del Valle Medio en adelante no hay nada. Cargá combustible en Choele Choel o Lamarque y no lo dejes para después: hay un sector largo sin estaciones antes de llegar a San Antonio Oeste. Si viajas con chicos, ese vacío también es de baños y de compras varias. Nosotros paramos en Lamarque y fue la decisión correcta.


Dormir en Las Grutas aunque el barco salga a 65 kilómetros


Acá está la decisión que más se discute y la tomamos con los ojos abiertos: el Avistaje (por el que nosotros optamos) sale del Puerto San Antonio Este, a unos 65 kilómetros de Las Grutas por Ruta 3. Podríamos habernos quedado más cerca del embarque. No lo hicimos.

La razón es simple y vale para cualquiera que vaya con familia: Las Grutas tiene vida. Restaurantes, algo para hacer a la tarde, opciones para comer que no sean siempre la misma. Y algo que cambió en los últimos años: cada vez hay más locales abiertos fuera de la temporada de verano. El balneario dejó de bajar la persiana en marzo.

Paramos tres noches en Marina Cero, un complejo de departamentos sobre calle Bahía Creek, a pocas cuadras de las Primeras Bajadas, con cocina, parrilla, pileta (en verano) y estacionamiento. Cocinar con dos chicas después de un día largo no es un lujo, es logística.

Con dos chicas a bordo, la navegación permitió ver otra cara de la costa fuera del verano.

El costo real de dormir en Las Grutas son los 130 kilómetros de ida y vuelta al puerto el día de la navegación. Ese costo se paga una sola vez, y se paga mejor si el día está bien armado: navegación a la mañana, almuerzo en el parador del puerto y la tarde en Punta Perdices, la playa de agua turquesa de la península de Villarino, a la que se accede por el mismo camino del Mirador Norte. Es agreste y no tiene servicios, así que llevate todo, incluida la bolsa para volverte con tus residuos.


Dos horas en semirrígido con una nena de 4 años


Navegamos con Rupestre Experiencia Patagónica, una empresa familiar que lidera Agustín Sánchez y que fue la primera habilitada para el avistaje desde el Puerto San Antonio Este bajo la ley provincial de Turismo Activo. Salen todos los días entre julio y octubre, con un máximo de doce pasajeros y dos horas de navegación, siempre sujeto al clima y a las mareas.

Las tarifas 2026 al momento de nuestro viaje: $150.000 por adulto, $120.000 pagando en efectivo, $80.000 los menores de hasta 12 años y sin cargo hasta los 3. No incluye el traslado terrestre.

Vimos ballenas con sus crías. Es otra cosa a pocos metros que en una foto: se escucha el resoplido antes de ver el lomo. Ema quedó maravillada, pegada al borde, preguntando todo. Luchi se durmió un rato en el medio de la navegación y aun así vio gran parte de la salida. Para un adulto, tal vez dos horas se pasan volando, pero cuando viajas con niños la situación cambia, y eso no es un defecto del paseo: es un dato para que llegues con expectativas ajustadas y sin culpa si se duerme.

Que la salida dependa del viento y de la marea significa que no podés atar el avistaje a un día fijo. Reservá para el primero de tus días libres y dejate el siguiente de colchón.


El frío es lo que arruina la navegación


No era nuestra primera vez en el golfo, así que salimos preparados, y esa es la diferencia entre disfrutar y contar los minutos. En un semirrígido a velocidad, con humedad y viento, la sensación térmica no se parece en nada al termómetro de la costanera.

La sensación de navegar en el mal, a los saltos con las olas.

Vestite en capas, con una térmica abajo y un rompeviento impermeable arriba. Sumá gorro, cuello y guantes: son las manos y las orejas las que te sacan de la experiencia. Para los chicos, una muda completa de recambio en el auto. Y protegé la cámara o el celular del salpicado. Un consejo que vale para cualquier avistaje: come liviano antes de embarcar. El golfo suele estar calmo, pero el estómago lleno y el oleaje no se llevan bien.


Comer con gusto a mar de los dos lados del golfo


Se baja del semirrígido con hambre y con frío, y ahí aparece la primera buena noticia del día: no hace falta manejar de vuelta para almorzar. En el mismo sector del Mirador Norte, junto a la estación náutica, funciona el parador Serena. Pizzas, empanadas, cosas simples y calientes que después de dos horas de viento son exactamente lo que uno quiere. Con chicos, la diferencia entre eso y sesenta y cinco kilómetros de ruta con dos nenas hambrientas es enorme.

Ya en Las Grutas, otra opción y muy buena, es “El Rey del Marisco, ahí comimos entre, otra cosas, una tabla de mariscos para chuparse los dedos, es el plato que justifica no cocinar esa noche.


Info útil para el viajero


  • Temporada: el avistaje embarcado en el Golfo San Matías va del feriado de agosto al de octubre. Septiembre y octubre concentran más animales.
  • Cómo llegar: 425 km desde Neuquén, unas 6 horas con paradas, por RN 22, RN 250 y RP 2. Cargá combustible en el Valle Medio.
  • Dónde se embarca: Puerto San Antonio Este, a 65 km de Las Grutas por Ruta 3. El traslado no está incluido en la excursión.
  • Tarifas 2026 (Rupestre): $150.000 adultos, $120.000 en efectivo, $80.000 menores hasta 12 años, sin cargo hasta 3. Todos los medios de pago.
  • La salida: dos horas, máximo doce pasajeros, sujeta a clima y mareas. Reservá con margen de un día.
  • Qué llevar: capas, rompeviento impermeable, gorro y guantes, muda de recambio para los chicos y protección para la cámara.

Podés ver más fotos y videos en: https://www.instagram.com/viajoconvos/


Ballenas y crías aparecen a pocos metros de las embarcaciones. Fotos: @viajoconvos.

Ir a Las Grutas en agosto suena a error de calendario. El balneario que uno tiene guardado en la cabeza es el de enero: la peatonal llena, las bajadas con gente hasta la última reposera, el agua tibia que es la marca registrada del lugar. Nada de eso pasa en invierno/primavera.

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