El secreto mejor guardado de Brasil para el verano 2026: una playa de arena blanca y silencio

Aguas cálidas, arena blanca y una capilla centenaria frente al mar. En el nordeste brasileño, Praia dos Carneiros emerge como una alternativa serena al turismo masivo, ideal para quienes en el verano 2026 buscan descanso, naturaleza y un Brasil más auténtico.

La Iglesia de São Benedito, construida en el siglo XVIII, es el ícono histórico de la playa y una de las postales más fotografiadas de Pernambuco.

Con aguas cálidas, arena blanca y una capilla centenaria mirando al océano, este rincón del nordeste brasileño todavía conserva algo que escasea: calma. En el estado de Pernambuco, lejos del ruido de los grandes centros turísticos, Praia dos Carneiros se afirma como un refugio natural para quienes buscan mar, paisaje y una experiencia más íntima con el entorno.

Brasil tiene más de 7.000 kilómetros de costa y, aun así, logra esconder playas que parecen no haberse enterado del turismo masivo. Carneiros es una de ellas. Ubicada en el municipio de Tamandaré, a unos 100 kilómetros de Recife, esta playa se extiende a lo largo de cinco kilómetros de litoral bordeado por cocoteros, vegetación nativa y un mar que cambia de color según la hora y la marea.

Aguas mansas y tonos turquesa definen el paisaje de Praia dos Carneiros, uno de los refugios naturales más tranquilos del nordeste brasileño.

El gran secreto está frente a la orilla. Los arrecifes naturales que emergen con la marea baja forman piscinas de agua templada y transparente, donde el oleaje casi no existe. El resultado es un mar calmo, de tonos que van del verde claro al turquesa, ideal para nadar sin apuro, flotar o simplemente quedarse largo rato con los pies en el agua. Por eso, no sorprende que muchas familias y viajeros que buscan descanso elijan este rincón del nordeste.

Pero Carneiros no es solo naturaleza. Hay una imagen que la volvió inconfundible: la Iglesia de São Benedito, una pequeña capilla colonial del siglo XVIII, pintada de blanco y verde, que se levanta a pocos metros del mar. Rodeada de palmeras y arena, es una de las postales más fotografiadas de Brasil y un símbolo del equilibrio entre historia y paisaje. Todavía hoy es escenario de celebraciones religiosas y bodas, con el océano como telón de fondo.

La vida en la playa transcurre sin sobresaltos. Las actividades giran en torno al descanso y al contacto con el entorno: snorkel en las piscinas naturales, paseos en kayak por el estuario del río Ariquindá, caminatas por la costa cuando baja la marea. También hay excursiones en catamarán que recorren la zona y permiten ver el encuentro entre el río y el Atlántico, además de pequeños bancos de arena que aparecen y desaparecen a lo largo del día.

Los arrecifes naturales forman piscinas de agua templada durante la marea baja, ideales para nadar sin oleaje.

La infraestructura es discreta. Algunos paradores de estilo rústico, construidos con materiales que se integran al paisaje, ofrecen comidas sencillas y bebidas frías. No hay grandes edificios ni ruidos urbanos. Ese límite, lejos de ser una carencia, es parte del encanto: Carneiros sigue siendo un lugar donde el paisaje manda.

Llegar no es complicado. Desde Recife, el viaje en auto dura unas dos horas por la ruta PE-060 hacia el sur. También se puede arribar en transporte público hasta Tamandaré y completar el trayecto en taxi o traslado local. En los últimos años, algunos alojamientos y operadores turísticos sumaron servicios privados desde Recife o desde Porto de Galinhas, otro destino muy visitado de la región, ubicado a menos de 60 kilómetros.

Para quienes buscan una experiencia distinta, existe además el acceso fluvial. Desde Tamandaré, pequeñas embarcaciones recorren el río Formoso hasta llegar a la playa, una manera lenta y escénica de entender el territorio y su biodiversidad.

Praia dos Carneiros no compite con los grandes destinos de Brasil. No lo necesita. Su fortaleza está en otra parte: en el mar tibio que no apura, en la arena clara que cruje bajo los pies, en una capilla que resiste al paso del tiempo. Un lugar donde el nordeste muestra su versión más serena y donde el lujo, esta vez, es la tranquilidad.


Excursión

  • Todas las mañanas, los lancheros esperan en la orilla. Conviene acercarse temprano y negociar el precio antes de salir.
  • El recorrido habitual comienza en las piscinas naturales, formadas por arrecifes donde se puede hacer snorkel y observar fauna marina.
  • La segunda parada es el banco de arena, inmenso y casi solitario. Solo aparece por la mañana, con marea baja, y desaparece después del mediodía. Allí se forman piletas naturales de agua tibia, ideales para sumergirse y descansar.
  • Luego, la lancha llega a una pequeña isla con forma de cocodrilo. Es el tramo más concurrido del paseo, pero tiene un atractivo singular: la arcilla natural, que los visitantes se aplican sobre la piel antes de volver al mar. También se puede comprar una muestra para llevar.
Paradores rústicos y baja densidad urbana mantienen el perfil relajado de Praia dos Carneiros.

Hospedaje

  • Muchos viajeros se alojan en Porto de Galinhas, a 55 kilómetros, y visitan Carneiros por el día. Se recomienda hacerlo de lunes a viernes para evitar multitudes.
  • En Praia dos Carneiros hay pocas opciones de alojamiento, en su mayoría posadas, lo que mantiene al destino exclusivo. Las tarifas rondan los 150 dólares por noche, con desayunos destacados.
  • Para alternativas más accesibles, Tamandaré está a solo 6 kilómetros, con departamentos y hoteles all inclusive, aunque con una experiencia menos integrada al paisaje.

Gastronomía

  • La cocina está dominada por los sabores del mar: pulpo, langostinos y pescados frescos son los platos estrella.
  • Para acompañar, nada mejor que agua de coco o jugos de frutas locales.



La Iglesia de São Benedito, construida en el siglo XVIII, es el ícono histórico de la playa y una de las postales más fotografiadas de Pernambuco.

Con aguas cálidas, arena blanca y una capilla centenaria mirando al océano, este rincón del nordeste brasileño todavía conserva algo que escasea: calma. En el estado de Pernambuco, lejos del ruido de los grandes centros turísticos, Praia dos Carneiros se afirma como un refugio natural para quienes buscan mar, paisaje y una experiencia más íntima con el entorno.

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