«Es admirable el esfuerzo de la gente de campo»: viaje a un día de esquila en la Patagonia

Luis Pereyra estuvo en una estancia en El Caín, en la Región Sur de Río Negro. Aquí comparte sus impactantes imágenes y un emocionante relato.

Luis Pereyra viajó desde Puerto Madryn a la región sur de Río Negro para conocer cómo trabaja una comparsa de esquila de ovejas, un sueño que tenía pendiente. Por unos días, Fotero Patagónico (como lo encontrás en las redes) dejó la costa de Chubut desde donde maravilla a sus seguidores con sus imágenes de ballenas y lobos marinos para caminar la inmensa y desolada estepa de la Patagonia y llenarse el corazón con las postales del esfuerzo de cada día de mujeres y hombres en parajes alejados y asombrarse con el galope libre de los potrillos en la impresionante Meseta del Somuncurá.

Esquilador en acción. Fotero Patagónico.

Se alojó con Claudia, su compañera de toda la vida, en la casa de don Rolando Payalaf que los invitó a Maquinchao, de donde es ella. Y no olvidarán lo que siguió: «Nunca había visto esto, tenía muchas ganas de conocer la esquila. Y me quedé impresionado: es realmente admirable el esfuerzo de la gente del campo«, cuenta Luis.

Los perros, fieles laderos de los productores. Fotero Patagónico.

Continúa: «Trabajan con muchas limitaciones, pero con muchísimas ganas. Así se ganan la vida, es para aplaudir».

Caballos en la estepa. Fotero Patagónico.

«Uno viniendo de la ciudad no se da cuenta de lo sacrificado que es el trabajo rural, arranca temprano y no se para, solo a comer y luego seguir hasta se va elsol», agrega.


Así trabaja la comparsa de esquila


«Están muy bien organizados. Son alrededor de 15 y cada uno tiene su función. Por ejemplo, el chofer es también el cocinero. Ya tempranito arma la fogata para preparar el almuerzo. Ellos comen en una casita que les tienen preparada en la estancia», relata Luis.

A cocinar para toda la comparsa. Fotero Patagónico.
A la espera de la esquila. Fotero Patagónico.

«Después se desperezan unos minutos y siguen hasta el último rayito de luz. En el galpón tienen la maquinaria y los roles bien divididos, el que trae las ovejas, el que esquila, el que limpia, el de las chapitas, cada uno tiene una función«, describe.

Y así finaliza su experiencia: «Todo esto, en la inmensidad de los paisajes de la Patagonia, en días con buena temperatura y sin viento. Fue como un sueño».


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