Safari en la Patagonia: ver y retratar grandes animales en libertad sin viajar a África

Las mejores fotos de la experiencia de Diego Cabanas entre fauna, paisajes y conservación.

Atardecer y guanacos en la estepa patagónica, la idea era retratar una similitud con la sabana africana. Fotos: Diego Cabanas.

No hace falta cruzar océanos para ver grandes animales en libertad. En la estepa patagónica, entre cañadones, atardeceres dorados y silencio profundo, la fauna se deja ver y obliga a bajar el ritmo. El fotógrafo Diego Agustín Cabanas recorrió Parque Patagonia con una idea clara: mirar ese paisaje como si fuera un safari, pero propio.

La imagen no es nueva, pero sí la forma de mirarla. Un grupo de guanacos recorta su silueta contra un cielo naranja, el viento mueve la estepa como si fuera pastizal africano y el silencio, ese silencio patagónico, impone respeto. No hay jeeps ni llanuras lejanas, el safari sucede en la Patagonia.

Diego Agustín Cabanas nació en Comodoro Rivadavia y vive en Rada Tilly. Se define como patagónico y fotógrafo de naturaleza desde hace casi veinte años. Durante mucho tiempo combinó la cámara con el trabajo en el ámbito privado, hasta que decidió volcarse de lleno a la producción audiovisual ligada a la naturaleza y la conservación. Su recorrido incluye años de registro de la ballena sei en el Golfo San Jorge, un trabajo que derivó en un documental producido por Jumara Films con colaboración de National Geographic. Pero esta vez, el viaje fue distinto: tierra adentro, hacia Parque Patagonia.

Cañadón del Río Pinturas, un paisaje único que corta la estepa dorada. Fotos: Diego Cabanas.

“Busqué fotografiar desde otro lugar, desde una mirada más creativa”, cuenta. “Atardeceres naranjas como de sabana, grandes animales moviéndose en libertad, escenas que te obligan a cambiar el ritmo”.


Mirar la estepa como si fuera la primera vez


El regreso al Parque Patagonia no fue una repetición. Años atrás, Diego había recorrido el lugar con una mirada más documental. Esta vez, el enfoque fue otro. Pensar la estepa como un safari patagónico le permitió observar con otros ojos: los guanacos desplazándose al atardecer, los colores intensos del paisaje, el viento como único sonido.

El recorrido incluyó puntos emblemáticos, como la Cueva de las Manos, donde la historia humana aparece grabada en la roca. Allí, una de las primeras pinturas rupestres del circuito captó su atención de inmediato.

Cueva de las Manos. La primera pintura rupestre que te recibe en el recorrido. “Según la guía, es una de las más difíciles de ver, pero parece un saludo de bienvenida”, cuenta. Fotos: Diego Cabanas.

Desde los miradores cercanos, el safari cambió de escala. Los cóndores andinos, reyes indiscutidos del cielo patagónico, planeaban sobre el cañadón con una calma que contrasta con su tamaño.

Cóndores andinos sobre el cañadón. Esta pareja se podía observar desde el Mirador del Cóndor, cerca de Cueva de las Manos. Fotos: Diego Cabanas.

Fauna, conservación y encuentros que no se olvidan


Más allá de las imágenes, el viaje estuvo atravesado por el contacto directo con el trabajo de conservación. Diego participó en actividades de monitoreo de fauna, recorrió juncales donde avanza la reintroducción del coipo y tuvo, finalmente, su primer encuentro con el chinchillón anaranjado, una especie endémica y muy buscada por fotógrafos de naturaleza.

Coipo, una de las especies reintroducidas en el marco del trabajo de conservación del parque. Fotos: Diego Cabanas.

“Ver el trabajo de los técnicos de campo, la restauración, la reintroducción de especies, te cambia la cabeza”, dice. “Te da otra perspectiva del esfuerzo que hay detrás de cada decisión”.

Chinchillón anaranjado. Especie endémica del lugar y muy buscada por fotógrafos de naturaleza. “Mi primer encuentro después de tantos años de búsqueda”, resume. Fotos: Diego Cabanas.

El momento del puma


Como en todo safari, hay encuentros que marcan un antes y un después. En Parque Patagonia, ese momento llegó con el avistaje de pumas. Mirta, una de las hembras monitoreadas por el equipo de Conservación, se dejó ver a pocos metros del alojamiento La Posta de los Toldos. Más tarde, en el Cañadón del Río Pinturas, apareció un macho adulto, tranquilo, observando al grupo desde una formación rocosa.

“Fue el mejor encuentro del viaje”, recuerda Diego, todavía sorprendido.

Mirta, una de las pumas del parque, a pocos metros del alojamiento La Posta de los Toldos. Fotos: Diego Cabanas.
Un macho adulto de puma, en una formación rocosa del Cañadón del Río Pinturas. Tranquilo, observando al grupo a escasos metros. Fotos: Diego Cabanas.

Silencios, luz y otra forma de viajar


El safari patagónico también se construye en escenas más calmas: choiques alimentándose al atardecer, la inmensidad del cañadón cortando la estepa, los juegos de luz que invitan a una fotografía más artística que documental.

El viaje terminó con fotos, videos y una certeza reforzada. “Toda esta riqueza la tenemos dentro del país”, resume Diego. “Fauna, flora, paisaje e historia, todo en un solo lugar. Conocerlo también es una forma de cuidarlo”.

Atardecer con choiques. Un espectáculo silencioso que invita a detenerse y observar. Fotos: Diego Cabanas.

Ir a Parque Patagonia


  • Es un nuevo destino de turismo de naturaleza que te espera en Santa Cruz.
  • Ubicado en el corazón de la estepa patagónica argentina, sobre la Ruta Nacional 40, Parque Patagonia es el lugar ideal para hacer avistaje de fauna autóctona, así como para disfrutar del senderismo, la escalada, sitios arqueológicos y más, con la combinación perfecta de aventura y confort.
El fotógrafo patagónico Diego Cabanas en Parque Patagonia.

Atardecer y guanacos en la estepa patagónica, la idea era retratar una similitud con la sabana africana. Fotos: Diego Cabanas.

No hace falta cruzar océanos para ver grandes animales en libertad. En la estepa patagónica, entre cañadones, atardeceres dorados y silencio profundo, la fauna se deja ver y obliga a bajar el ritmo. El fotógrafo Diego Agustín Cabanas recorrió Parque Patagonia con una idea clara: mirar ese paisaje como si fuera un safari, pero propio.

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