Wilbur Smith: “Todos estamos en peligro”
El escritor vino a presentar al país “Los que están en peligro”.
Bajo el título “Los que están en peligro”, el escritor sudafricano Wilbur Smith construye un thriller que enfrenta a terroristas islámicos con magnates norteamericanos como represalia por las operaciones militares de Estados Unidos en Medio Oriente, e instala la cuestión del petróleo para entender las disputas de poder en el mundo actual. Desde la portada, dominada por la gigantesca tipografía negra se sumerge sobre un fondo de aguas turbias y horizonte bélico, se anticipa una vez la contigüidad entre vida y arte, aunque en este caso la asociación irrumpa sin premeditación, casi por azar: se trata de una novela, pero que la caprichosa coyuntura puede llevar a confundir con el titular de un periódico de los últimos días. “Los que están en peligro” (Emecé), escrita por el hombre que lleva vendidos más de 100 millones de ejemplares de sus 35 novelas, parece quebrar una de las máximas ineludibles de su narrativa -aquella que la ficción busca entretener antes que concientizar- por efecto de la súbita coincidencia entre los episodios que narra su libro y la reciente muerte del líder islámico Osama Bin Laden. De visita en la Argentina para presentar su libro, el autor de “Río sagrado” y “Hechicero” sostuvo que “la Humanidad vive en peligro desde siempre, pero eso es justamente lo que vuelve más atrapante este mundo, tanto para los individuos como para las sociedades”. –¿Cuando pensó en la historia de su libro se imaginó que tendría semejante grado de actualidad? ¿En qué medida cree que el mundo está bajo situación de amenaza? –Creo que todos estamos en peligro, aunque por otro lado este es un mundo emocionante y atrapante para vivirlo. Mis padres y mis abuelos vivían en mundos pequeños dentro de un gran universo, sólo conocían su ciudad. Ahora en cambio somos ciudadanos de un mundo cada vez más interconectado que en cuestión de horas nos puede depositar en la parte opuesta del planeta. Sin embargo, no creo que la sensación de amenaza sea reciente. Los griegos, por ejemplo, temblaban cuando veían el avance de los persas sobre su territorio porque temían que hicieran colapsar el imperio. Nuestros padres vivieron bajo los tiempos tormentosos de una Alemania nazi y de repente algo falló y todo cambió. La vida es peligrosa y divertida a la vez. –El tema del petróleo es crucial para entender la relación Oriente-Occidente y las oscilaciones en el mercado bursátil. ¿Le interesaba reflexionar sobre el poder? –El petróleo es hoy el torrente sanguíneo de las actividades del mundo. Si hoy desapareciera, todos nos moriríamos de hambre porque nos hemos vuelto dependientes de él. Necesitamos petróleo en todos lados para la manera en que está pensada hoy la vida cotidiana y social. La desaparición del petróleo marcaría el fin de la civilización tal como la conocemos. –La novela retoma un tema polémico que es el de la justicia por mano propia. ¿En qué medida la muerte de un ser querido justifica esta modalidad? –Lo que plantea el libro es que en el pensamiento religioso islámico está la base del “Ojo por ojo, diente por diente”, que hoy se traduciría como “líder por líder”. Si alguien de forma deliberada planifica un asesinato en masa de seres inocentes -no estamos hablando de un batallón o de soldados enemigos en combate- para esa persona hay un único castigo: la muerte. Casi todos han visto el video de Osama Bin Laden en el que se regocija con el atentado a las Torres Gemelas. Creo que la mínima sentencia para una persona así es la muerte. Hace años que se habla de abolir la pena de muerte, pero a mí me parece que es una ley natural. Cuando éramos simios y teníamos que formar ciertas unidades tuvimos que formar sociedades tribales para protegernos contra los demás mundos. Tuvimos que tener un código de conducta y este código nos permitía vivir: si nosotros matábamos a alguien de la tribu o robábamos comida había algún tipo de penalización. –¿Sugiere entonces que hay situaciones en la que la justicia convencional resulta insuficiente para lo cual es necesario apelar a soluciones más drásticas? –Si nosotros hubiésemos atrapado a Bin Laden y lo hubiéramos a sometido a juicio ordinario, tras largos años de litigio y argumentaciones se lo hubiera sentenciado a cincuenta años de prisión, pero a los diez años lo hubiesen soltado. Pensemos en las miles de madres que perdieron sus hijos, ¿es justicia para ellas? Bin Laden fue condenado por su propio destino y comportamiento. El admitió lo que hizo y se regocijó. Cavó su propia tumba. (Télam)
“Bin Laden fue condenado por su propio destino y comportamiento”, dijo el escritor sudafricano.
Bajo el título “Los que están en peligro”, el escritor sudafricano Wilbur Smith construye un thriller que enfrenta a terroristas islámicos con magnates norteamericanos como represalia por las operaciones militares de Estados Unidos en Medio Oriente, e instala la cuestión del petróleo para entender las disputas de poder en el mundo actual. Desde la portada, dominada por la gigantesca tipografía negra se sumerge sobre un fondo de aguas turbias y horizonte bélico, se anticipa una vez la contigüidad entre vida y arte, aunque en este caso la asociación irrumpa sin premeditación, casi por azar: se trata de una novela, pero que la caprichosa coyuntura puede llevar a confundir con el titular de un periódico de los últimos días. “Los que están en peligro” (Emecé), escrita por el hombre que lleva vendidos más de 100 millones de ejemplares de sus 35 novelas, parece quebrar una de las máximas ineludibles de su narrativa -aquella que la ficción busca entretener antes que concientizar- por efecto de la súbita coincidencia entre los episodios que narra su libro y la reciente muerte del líder islámico Osama Bin Laden. De visita en la Argentina para presentar su libro, el autor de “Río sagrado” y “Hechicero” sostuvo que “la Humanidad vive en peligro desde siempre, pero eso es justamente lo que vuelve más atrapante este mundo, tanto para los individuos como para las sociedades”. –¿Cuando pensó en la historia de su libro se imaginó que tendría semejante grado de actualidad? ¿En qué medida cree que el mundo está bajo situación de amenaza? –Creo que todos estamos en peligro, aunque por otro lado este es un mundo emocionante y atrapante para vivirlo. Mis padres y mis abuelos vivían en mundos pequeños dentro de un gran universo, sólo conocían su ciudad. Ahora en cambio somos ciudadanos de un mundo cada vez más interconectado que en cuestión de horas nos puede depositar en la parte opuesta del planeta. Sin embargo, no creo que la sensación de amenaza sea reciente. Los griegos, por ejemplo, temblaban cuando veían el avance de los persas sobre su territorio porque temían que hicieran colapsar el imperio. Nuestros padres vivieron bajo los tiempos tormentosos de una Alemania nazi y de repente algo falló y todo cambió. La vida es peligrosa y divertida a la vez. –El tema del petróleo es crucial para entender la relación Oriente-Occidente y las oscilaciones en el mercado bursátil. ¿Le interesaba reflexionar sobre el poder? –El petróleo es hoy el torrente sanguíneo de las actividades del mundo. Si hoy desapareciera, todos nos moriríamos de hambre porque nos hemos vuelto dependientes de él. Necesitamos petróleo en todos lados para la manera en que está pensada hoy la vida cotidiana y social. La desaparición del petróleo marcaría el fin de la civilización tal como la conocemos. –La novela retoma un tema polémico que es el de la justicia por mano propia. ¿En qué medida la muerte de un ser querido justifica esta modalidad? –Lo que plantea el libro es que en el pensamiento religioso islámico está la base del “Ojo por ojo, diente por diente”, que hoy se traduciría como “líder por líder”. Si alguien de forma deliberada planifica un asesinato en masa de seres inocentes -no estamos hablando de un batallón o de soldados enemigos en combate- para esa persona hay un único castigo: la muerte. Casi todos han visto el video de Osama Bin Laden en el que se regocija con el atentado a las Torres Gemelas. Creo que la mínima sentencia para una persona así es la muerte. Hace años que se habla de abolir la pena de muerte, pero a mí me parece que es una ley natural. Cuando éramos simios y teníamos que formar ciertas unidades tuvimos que formar sociedades tribales para protegernos contra los demás mundos. Tuvimos que tener un código de conducta y este código nos permitía vivir: si nosotros matábamos a alguien de la tribu o robábamos comida había algún tipo de penalización. –¿Sugiere entonces que hay situaciones en la que la justicia convencional resulta insuficiente para lo cual es necesario apelar a soluciones más drásticas? –Si nosotros hubiésemos atrapado a Bin Laden y lo hubiéramos a sometido a juicio ordinario, tras largos años de litigio y argumentaciones se lo hubiera sentenciado a cincuenta años de prisión, pero a los diez años lo hubiesen soltado. Pensemos en las miles de madres que perdieron sus hijos, ¿es justicia para ellas? Bin Laden fue condenado por su propio destino y comportamiento. El admitió lo que hizo y se regocijó. Cavó su propia tumba. (Télam)
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