¿Y Leonardo?
MARíA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
en Clave de Y
Está bien, lo confieso. He pecado. No he visto “El secreto de sus ojos”. Debo reconocer que no hace mucho empecé a combatir mi prejuicio con el cine argentino, prejuicio del que no tenía idea, como pasa cuando se naturaliza un prejuicio. Es malo, decía. Con honrosas excepciones. Y me olvido de “La Raulito”, que me encantó, y de “Nazareno Cruz y el Lobo”, y de “La hora de los hornos” y algunas de Torre Nilsson que no me acuerdo el nombre… todas las cuales me impactaron. Y si está pensando en “La historia oficial”, nuestro primer Oscar, aclaro: no veo ni leo ni escucho nada, si puedo evitarlo, sobre cárceles y desaparecidos y la dictadura. Con mi vida, y con mi desaparecida, tengo suficiente. Así que no, no la vi ni la quiero ver. Y me olvido de “Esperando la carroza”, y de “El hijo de la novia”, así que en realidad, sí me gusta algún cine argentino. Y volviendo a “El secreto…” no me hizo falta el Oscar para decidir verla, cosa que haré… en algún momento. Desde que la vio mi hermana Margarita, he escuchado de cientos de personas el “tenés ir. Yo no te digo nada”, lo cual, según ha dicho Ricardo Darín en su conferencia de prensa apenas conocido que don Oscar aterrizaba en la Argentina, fue uno de los mayores méritos de la película, un fenómeno destacado por el ambiente de allá y de acá. En estos tiempos de regocijo y comentarios de trayectorias, escuché mencionar a varios directores y directoras contemporáneos –tiempo que abarca no sólo el presente sino la última parte del siglo XX y lo que llevamos de éste–. Así que como de ellos y ellas ya hablan, apunto una ausencia. Significativa. La ausencia de Leonardo Favio, en la corta pléyade de quienes han marcado a fuego a nuestro cine y han influenciado en el hispanoamericano, al menos. No escuché su nombre ni su trayectoria cinematográfica, a pesar de que no estamos tan lejos de “Aniceto”, ganadora del premio otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos a la mejor película de 2.008. Ahí nomás. “Crónica de un niño solo” fue considerada “la mejor película argentina”, de acuerdo con una encuesta realizada en 2000 por el Museo Nacional del Cine. Y tampoco estamos tan lejos de “Gatica, el mono”, ganadora del Goya a la mejor película de habla hispana, y premiada por la Asociación de Críticos Cinematográficos como mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actor de reparto, mejor guión y montaje, en 1.993. (Digresión: ¿por qué no obtuvo Virginia Innocenti, la que le banca todo al “Mono” y es muy, muy buena, el premio a la mejor actriz? Quizás por la misma razón que en la conferencia de prensa ofrecida por Ricardo Darín y Soledad Villamil, apenas conocido el triunfo argentino, los y las periodistas se dirigían a Ricardo, y cuando preguntaban en plural también contestaba Ricardo, y Soledad –más su nombre que nunca– movía la cabeza de periodista en periodista como hace la gente que ve tenis, y metió la cuchara en alguna ocasión. Después habló, mucho y muy bien, claro, pero fue cuando la invitaron a los programas “femeninos”, esos de la mañana conducidos por mujeres y dirigidos a mujeres, donde algún caballero cocina. Hablo de la televisión, obvio, pero como los intereses convergen en el rubro “medios de difusión”, no creo necesario haber leído todos los diarios ni escuchado todas las radios. El machismo es un fenómeno muy extendido.) Sigo con Favio. No hace mucho le oí decir a Gustavo Santaolalla, argentino él, ganador del Oscar a la mejor música por “Secreto en la montaña”, que “si no hubiera sido por la censura”, abierta o encubierta, que por muchos años signó la trayectoria –y las posibilidades económicas y las relaciones públicas– de Leonardo Favio, sería “tan significativo para el cine mundial como Ingmar Bergman”. Leonardo, mis respetos. Y gracias por “Fuiste mía un verano”. Si no la conoce, cante.
MARíA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
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