Un merlot para dormir destapados

Es neuquino y de alta gama. Criado en El Chañar con 20 meses en barricas de la Familia Schroeder.

18 jun 2018 - 11:41

La gama más alta de la bodega guarda un jugador imprescindible. Familia Schroeder Merlot. Madera tostada y un cambio interesante en el tiempo.

En Argentina y mayormente en la Patagonia, todos los ojos del merlot desde hace años están puestos al sur del Colorado y muchas miradas en Río Negro. Con precipitaciones acordes, sol power en verano, noches frías en gran parte del año y todo su ADN de tradición de terroir, el merlot rionegrino tiene más vida recorrida.

Luego se anexó la región de El Chañar, en Neuquén, para darle más presencia, identidad y calidad al vino en la Patagonia. Y aparecieron nuevos y buenos merlot. Y todos contentos.

Una cepa que si bien es de las más tradicionales y utilizadas, no hace muchos años el marketing la defenestró frente a mercados grandes y el hocico de los consumidores novatos absolutamente influyentes. Desde la época de la peli “Entre copas” el merlot fue ninguneado y tuvo que remar el doble que otras. A fuerza de calidad se comenzó a subir la vara de la cepa y hoy merlot es una variedad que retorna cada vez con más potencia.

En San Patricio Del Chañar, Leo Pupatto, enólogo de bodegas Schroeder está logrando un merlot que si bien nunca bajó el nivel, creo que en los últimos años está mucho más arriba que antes

¿Estiba? Quizá.

¿Cosecha? Tal vez.

Potencial del viñedo en alza ¿Podría ser, no?

Tiempo atrás este vino tope de línea de la bodega me hubiese parecido súper estructurado. Antes eran vinos cargados de madera y mucho tanino. Increíbles elementos pero en armaduras de guerreros indestructibles.

Luego cambió el vino y también el clima de los últimos años. El contexto y el mercado hicieron que toda esa vestimenta pase a un segundo plano y emergió un vino tremendo. Una calma me invadió cuando lo tomé y pude encontrarme con la cepa de cerca, verle las fibras, saborear hasta el último trago.

Ese es mi resumen. De un merlot inquietante. En la napia es especiado. Anís y eucalipto son notas clarísimas. Fruta madura, la puerta de la jalea. Un vino que no es pesado para nada y eso ha evolucionado con el tiempo. Una guarda prometedora porque es un vino entero. No es duro, no es blando.

Barrica francesa durante 20 meses con un tostado en la madera preparado para la ocasión. Desde el quince de julio de dos mil once hasta el treinta de marzo de dos mil trece.

Un sueño.

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