Yupanqui, un creador que vivió la pelea de ser un hombre libre
Un recuerdo a ocho años de la muerte de "Don Ata". Víctor Pintos selecciona las cartas a su esposa. Un artista incómodo que quiso ser anónimo.
Buenos Aires.- Tratándose de un artista como Atahualpa Yupanqui, quien consideraba que alcanzar la gloria era encarnar lo anónimo -ser desconocido en su imagen y que su verdad recóndita perteneciera a todos- el octavo aniversario de su muerte ocurrida el 23 de mayo de 1992 es sólo una excusa más para retomar contacto con su obra.
Austero, severo, arisco, el poeta sostenía que a través de la copla «nuestros poetas alcanzarán el más alto nivel a que puede aspirar un hombre hacedor de poesía, ser desconocido en su imagen, y que en cambio lo esencialmente suyo, su verdad recóndita, pertenezca a todos. Vale decir, la gloria del anónimo».
Luego de un recital ofrecido en la ciudad de Nimes, Francia, la vida de Yupanqui se apagó dejando un legado inconmensurable, que constituye un yacimiento cultural para que, quien lo conozca, aprenda a valorarlo.
«Mi tarea es difundir su obra y ese es el verdadero homenaje que se le debe en la Argentina», sostuvo uno de sus hijos, Roberto Chavero. «No hay que olvidarse que papá tuvo a lo largo de su vida muchas dificultades para difundir su obra en el país porque era un hombre incómodo para lo establecido, ya que era un hombre libre», opinó.
Durante este mes de mayo, a través de un acuerdo entre Chavero y el diario «Página/12», se editaron en la Argentina las grabaciones realizadas por Atahualpa Yupanqui en Francia.
La obra organizada en cinco compactos contiene 78 canciones más el poema testimonial «El payador perseguido», material que resulta valioso para reencontrarse con una parte de la obra inédita del artista y para escuchar al músico en su plenitud interpretativa.
Hay temas instrumentales como «El indio y la quena», un tema dedicado a Ernesto Che Guevara, «Basta ya», (Algunos hombres se mueren para volver a nacer/ el que tenga alguna duda que se lo pregunte al Che), una nueva versión de «El payador…», y hasta una chacarera dedicada a su nieta mayor, «La Paulita».
Chavero anunció que «alrededor del mes de setiembre aparecerá un libro que recopila el intercambio epistolar entre «el Tata» y mi madre, con cartas seleccionadas por Víctor Pintos».
«Además, se encuentra en la última fase de producción un disco de letras inéditas de Atahualpa musicalizadas por Alberto Cortés, Víctor Manuel, Jairo, Peteco Carabajal, Eduardo Falú, Teresa Parodi, Pedro Aznar (hizo dos temas; él canta uno y otro lo canta Mercedes Sosa), Luis Eduardo Aute, Víctor Heredia y León Gieco».
«Yupanqui sigue siendo muy incómodo. Al punto tal que puede haber voluntad para levantarle un monumento en algún lugar de la ciudad; pero para mí el mejor monumento es que los chicos puedan leer «El canto del viento» (obra agotada y no reeditada); y esto es válido para él y para otros hombres libres de la Argentina», comentó Chavero.
Quizás la «limitación», entre comillas, que tenga la propia obra de Yupanqui para ser utilizada, aún comercialmente, es que no resulta de contenido inocuo. Es un mensaje que no es ambiguo; que no pinta el paisaje como excusa para no hablar del hombre.
La rebeldía fue permanente en Yupanqui e impregnó toda su obra, en la que tiene presencia el perseguido, el hombre subsumido, los pueblos originarios y las culturas americanas.
«Los hombres libres siempre son incómodos, entonces es muy necesario que ellos estén presentes como un alimento más de nuestro jóvenes. Es gente cuyo pensamiento era profundamente nacional, crítico y reflexivo, y se hace difícil manejarlos; es decir, son inmanejables», reflexionó Chavero.
En palabras del propio Atahualpa, la descripción es elocuente. «Hemos sido gente un poco severa, como todos los que son del campo: tímidos, pa»dentro. Damos la mano y para nosotros es un compromiso de honor. Si te doy la mano no te puedo traicionar. Acá en la ciudad se dan la mano mil veces, se abrazan setecientas y viven jodiéndose entre ellos».
Chavero recordó que «mi padre fue tan libre que llegó a un punto, en el año 1952, cuando renuncia al PC (Partido Comunista), que tenía a todo el espectro político enfrentado a él; en ese momento fue un paria».
«Su libertad lo llevó a estar completamente solo, como él decía «solo, sin soledad». Esto hizo que su obra de entonces no fuera difundida y calculo en 90 los títulos grabados en la época, que no tuvieron difusión».
«Luego vinieron esos períodos inciertos de un poco de democracia y nuevas épocas restrictivas, y esto limitó la difusión de su obra. Además fue siempre muy reacio a tener agente de prensa, la gente se enteraba que estaba en el país cuando lo veía por la peatonal de Córdoba», contó. «Jamás necesitó apoyo oficial porque el único apoyo que necesitaba era su guitarra, sus conocimientos y las ganas de cantarle a su tierra».
En quienes lo conocen, persiste el temor de que manos privadas desguacen semejante patrimonio cultural colectivo.
«Soy yo quien asumo la responsabilidad de que eso no suceda y, simplemente, estoy difundiendo la obra de mi padre», dijo Chavero. (Télam).
Celia Carbajal
Buenos Aires.- Tratándose de un artista como Atahualpa Yupanqui, quien consideraba que alcanzar la gloria era encarnar lo anónimo -ser desconocido en su imagen y que su verdad recóndita perteneciera a todos- el octavo aniversario de su muerte ocurrida el 23 de mayo de 1992 es sólo una excusa más para retomar contacto con su obra.
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