Una fiesta que tiene lo suyo

La Semana en Bariloche, columna de opinión de Daniel Marzal.

21 abr 2017 - 09:40
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Como ocurre en cualquier comunidad, la identidad colectiva es producto de una búsqueda permanente y su ausencia (o su ambigüedad) generan comprensible malestar.
Las fiestas populares son un componente sustancial de esa construcción. Y no está mal.
La Semana Santa en Bariloche es por sí sola un factor dinamizador de la actividad turística. Y desde hace cinco años coincide, además, con la Fiesta Nacional del Chocolate.
La última edición -que cerró el domingo con la búsqueda de huevitos de pascua en dos de los principales parques de la ciudad- contribuyó en gran forma a consolidar su perfil.
La Fiesta logró instalarse como una referencia central, no sólo para los turistas. También genera fuerte atractivo entre los residentes.
Tiene el mérito de celebrar un producto distintivo, reconocible y de larga tradición en Bariloche, sostenido por una industria pujante y diversificada, que este año aportó un tercio del presupuesto de la fiesta, cifrado en 3,6 millones de pesos. Tal vez uno de los secretos de la Fiesta sea la omnipresencia del chocolate, que es claramente el motivo central de las propuestas, varias de ellas participativas, como la que convoca a miles de chicos a confeccionar y decorar su propio huevo.
También fue notoria la masividad de las convocatorias, la variedad de actividades y el agite callejero. Allí aparece el contraste inevitable con la Fiesta de la Nieve, que ya tiene casi cincuenta años y desde hace tiempo atraviesa un fuerte desgaste.
En el municipio asumen que la fiesta invernal tiene la dificultad del clima riguroso (que conspira contra las actividades al aire libre) y un problema operativo complicado de salvar: salvo una bendición climática poco probable, la mayoría de las actividades del programa nada tiene que ver con la nieve.
Frente a esas contradicciones, el chocolate da un paso al frente y ayuda a definir una impronta y un perfil, algo que el Bariloche acomplejado muchas veces se lamentó de no tener.

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