El turismo local, con alta competencia externa

15 nov 2017 - 00:00
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Durante décadas se discutieron en la Argentina distintas políticas para impulsar las exportaciones no tradicionales, sin resultados alentadores. Pero ahora se agrega una variante de “importaciones no tradicionales”, aunque no se computen dentro del creciente déficit comercial (proyectado en unos 8.000 millones de dólares para este año). Se trata del boom del turismo al exterior, típico de épocas de dólar barato y precios más bajos en muchos países.

Este fenómeno tiene efectos por partida doble, similares a las importaciones de bienes o servicios. Por un lado, alientan una fuerte salida de divisas por la venta de pasajes y paquetes turísticos en el exterior. Por otro, las compras que los viajeros con mayor poder adquisitivo realizan en otros países reducen las ventas en el mercado interno de bienes durables, como ropa, calzado, electrónica y juguetes, entre otros.

No se trata de cifras irrelevantes, ni mucho menos. Según el último informe del Indec, 3,5 millones de residentes en la Argentina viajaron a otros países sólo en los primeros nueve meses del 2017, con un incremento de 19% respecto de igual período del año anterior. En sentido inverso, el turismo receptivo alcanzó a poco más de la mitad, con 1,84 millones y un alza de 6,1% interanual. O sea que el ingreso de viajeros extranjeros está lejos de compensar las salidas de argentinos por Ezeiza y Aeroparque (92% del total) o los principales aeropuertos del país. Por cada cuatro argentinos que viajan al exterior ingresan poco más que dos. De esta manera, el gasto en dólares de los argentinos en el exterior totalizó casi u$s 4.000 millones, mientras el de los extranjeros en la Argentina alcanzó los u$s 2.053 millones.

Sólo en el trimestre julio-septiembre del 2017, el motivo del viaje de los argentinos fue vacaciones en el 69% de los casos, visitas a familiares y amigos en 12,4% y negocios en 16%. Dentro del primer grupo, el 40% se alojó en hoteles de 4 y 5 estrellas, el 22% de 1 a 3 estrellas y el 18% en casas de familiares o amigos. Los principales destinos fueron Europa (36%, con estadía promedio de 24,5 noches), Estados Unidos y Canadá (19,3% y 15 noches), Brasil (10% y 9 noches), Chile (5,5% y 7 noches), resto de América (13,9%, 13 noches) y resto del mundo (13% y 29,7 noches). El gasto promedio fue de 96,7 dólares diarios, con picos de 110 dólares en EE. UU. y 107 en Chile, lo que revela los principales destinos de compras que compiten con el mercado interno argentino.

Por turismo receptivo el mayor número correspondió a Brasil, seguido de Europa, EE. UU. y Canadá, Chile y resto de América, con un promedio de 12 noches (más alto cuanto más lejos y viceversa) y un gasto diario de 91 dólares. Los destinos preferidos fueron Capital Federal (60%), Patagonia (9,3%), Litoral (5,8%) y Cuyo (3,7%).

Una prueba de la competencia externa que enfrenta la actividad turística es la decisión del gobierno bonaerense de promover este verano a Mar del Plata como destino de vacaciones, con un paquete de beneficios para los seis millones de poseedores de la tarjeta del Banco Provincia (Bapro).

Incluye descuentos de hasta 50% en pasajes de ómnibus, trenes y entradas a espectáculos; 30% en estadías de hoteles y en pasajes de Aerolíneas Argentinas; en todos los casos con pagos de hasta 12 cuotas y distintos topes de reintegro. Además de estos incentivos de precio y financiación, habrá en tres playas populares servicios gratis como sombrillas, agua caliente para mate, cargadores de celulares y acceso a wifi, así como sectores para niños con juegos didácticos y actividades recreativas y recitales para adultos. Con estas acciones se busca un ahorro familiar de $ 14.000 para dos semanas de vacaciones.

Claramente, el objetivo oficial es mejorar la oferta turística para la clase media (que en la costa atlántica se concentra en enero y febrero) y competir con las playas brasileñas o chilenas a fin de atenuar el éxodo de veraneantes a países limítrofes, lo que no es sencillo.

Un estudio realizado por la consultora Fokus Market revela que un paquete de 15 días con pasaje aéreo y hotel (base doble) tiene un precio de $ 19.800 por persona, frente a $ 22.700 en La Serena (Chile) y $ 27.800 en Florianópolis (Brasil). Pero además de la distancia (400 kilómetros desde Buenos Aires a Mar del Plata y 1.700 km a los otros dos destinos) existe una diferencia sustancial en otros precios. Por ejemplo, el alquiler de una carpa en enero se ubica en $ 600 diarios en las playas marplatenses, un precio equivalente a una comida para dos personas, que resulta 15% más barata en Chile y similar en Brasil. Otro tanto ocurre con las compras en supermercados, donde los precios son más bajos en esos países (entre 22 y 47% en cervezas o 68% y 39% en hamburguesas) en comparación con la Argentina.

No sólo el tipo de cambio tiene que ver con este fenómeno, sino también la diferencia de inflación y de cargas impositivas, que restan competitividad al sector turístico argentino.

Se conocieron datos reveladores del boom de turismo al exterior, típico de épocas de dólar barato y precios más bajos en muchos países, y su impacto sobre la actividad local.

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