Disparador: La voz y la serpiente

14 ene 2017 - 00:00
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En tu casa o en la calle. Con tus amigos o con tu familia. Con tu pareja o con una de tus amantes. En el trabajo o echado en la reposera. Bajo el sol o la lluvia. No importa dónde ni con quién estés, igual te persigue: es el eco de una voz, que resuena en vos y no te deja en paz. Te dice que deberías estar en otro lugar, haciendo otra cosa. Pero no te dice dónde, ni qué. Y vos no sabés cómo, ni qué hacer.
La conversación interna solo vos la conocés. Apenas se te escapan -¿o las soltás?- pistas hacia el afuera. Te justificás en la preservación. Que nadie te va a comprender, creés. O que vas a aburrir. No sabés cómo hacer para compartir eso; eso que no sabés qué es. Pero que no se calla. Y te hacés preguntas: ¿debería oír esa voz hasta discernir qué dice? ¿Tendría que relativizarla? ¿O transformarla en otra cosa? ¿En qué? ¿En acción? ¿En búsqueda? Un poco te gusta la conversación interna, pero temés que el discurso mental te enloquezca... Te desafía, te asusta. ¿Sabrás cómo callarlo?
Atardece. Llegás a tu departamento. Dos ambientes. Estás solo. Querés apagar el barullo de la radio en tu cabeza. Te servís un whisky. Ponés música. El volumen alto, bien alto. Regina Spektor canta. Su voz dulce se lamenta: por proteger su corazón honesto se perdió en los sonidos. Que oye en su mente todas esas voces... Que oye todas esas palabras y toda esa música... ¿Y vos? ¿Para qué pusiste esa canción? Le pedís una pausa a tu inconsciente.
Ella sigue cantando. La escuchás pero ya no oís lo que dice. Porque habla de amor y lo tuyo es otra cosa. ¿Sí? ¿Hay algo más que amor y muerte? Hojeás una revista. Te detenés en un artículo que habla sobre la paradoja de la serpiente. Básicamente, el planteo es qué sucedería si una serpiente empieza a comerse la cola sin detenerse. Por más larga que sea, solo es cuestión de tiempo hasta que se termine devorando a sí misma, ¿no?
El texto no da respuestas, y por eso te gusta más. Está acompañado por el dibujo de una serpiente en forma circular, con la boca masticando su cola. Y te hacés más preguntas. ¿Dónde estará la serpiente una vez que termine de comerse a sí misma? ¿Se mata? ¿O se retroalimenta? ¿Se consume para vivir? ¿Es una forma de renacimiento?

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