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YPF pagó durante al menos cinco años decenas de millones de dólares por gigantescos “pañales” empetrolados, que terminaron arrumbados y transformados en un foco de contaminación ambiental para la comarca petrolera.

La empresa que se benefició con semejante fortuna fue Real Work SRL, distribuidora regional de mantas oleofílicas (absorbentes de derrames de crudo) hechas de pluma de pollo. Sus oficinas -modestas, sin cartelería ni numeración y por lo general deshabitadas- están en Cutral Co, pero hay bases de acopio en Plaza Huincul, Rincón de los Sauces, Centenario, Añelo y Catriel.

La firma tuvo el privilegio de contar con disposiciones del gobierno neuquino hechas a medida y que la convirtieron en un cuasi-monopolio de ese (paradojalmente) servicio ambiental. Tales normas obligaron a todas las empresas petroleras a usar las mantas y olvidarse de las bandejas contenedoras de derrame que venían utilizando.

Se trata de la sociedad a la que se le atribuyen apretados vínculos con el jefe gremial petrolero Guillermo “El Caballo” Pereyra. El senador negó que los responsables de la firma sean sus testaferros, pero hay varios indicios que apuntan a la paternidad del sindicalista sobre estos millonarios negocios.

Lo absurdo, además, fue que la YPF de la era Galluccio (y que tenía a Pereyra como integrante de su directorio, nada menos) le proporcionó a esta empresa uno de los contratos más privilegiados sin estar, en absoluto, convencida de que el sistema y los servicios que les prestaba eran eficientes. Un informe interno de la compañía fue durísimo en relación a la utilidad de esas mantas y los peligros ambientales implícitos.

“Río Negro” pudo conocer, desde niveles jerarquizados de la propia petrolera estatal, que desde 2011 hasta 2015 incluido, el nivel de facturación de YPF a Real Work subió más del 1.000%.

Las asignaciones más generosas ocurrieron en 2014 y 2015. Cada uno de esos años la firma recibió más de 50 millones de dólares. En cinco años, logró la friolera de 130 millones de dólares, es decir 2.080 millones de pesos a valores de hoy. Y estamos contabilizando sólo el vínculo con YPF, que representaba un 70%. El 30% restante eran contrataciones de otras petroleras que, como todas en Neuquén, estaban obligadas a usar el sistema.

Más aún, dos arrepentidos (uno del gremio y otro de la empresa) que pidieron preservar su identidad coincidieron en describir ante este medio que “funcionó un sistema de triangulación de sobornos, que incluyó a un abogado en el papel de valijero”.

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Los dineros habrían tenido como destino a dos altos referentes gremiales. De acuerdo a estas revelaciones, incomprobables aún, “había coimas a razón de 2,5 dólares por metro cuadrado de manta”. Para dar idea de la magnitud, se llegó a comercializar mensualmente 200.000 metros y un mínimo de 80.000. El metro cuadrado se cobraba unos 40 dólares. En base a esos cálculos, el retorno habría oscilado en medio millón de dólares mensuales, en los mejores momentos.

Real Work no es el único proveedor de mantas oleofílicas en nuestra región. Está también Environmental Services SRL, de Neuquén. Sin embargo sólo la primera accedió al Olimpo del negocio petrolero de YPF con la tracción de Guillermo Pereyra, como veremos. La segunda, a fuerza de insistencia, consiguió una porción minúscula de la torta: contratos por 6.700.000 dólares (1.800% menos que su competidora), pese a que Pereyra le dijo a “Río Negro” que el trato era igualitario y, más aún, “a Environmental le fue mucho mejor”.

De todos modos, se sabe que las mantas no las fabrica Real Work sino un emprendimiento vinculado a familiares de su dueño: “Adsorb-oil”, ubicado en Pilar, Buenos Aires.

¿De dónde sale Real Work?

Las dos primeras partes de la presente investigación de “Río Negro”, revelaron el entramado de empresas de familiares directos (ex esposa, hijos y cuñados) y de dos empleados de Guillermo Pereyra. Éstas fueron creadas para hacer negocios con el Sindicato de Petróleo y Gas Privado y con la actividad petrolera en general, en los nichos más diversos (transporte de crudo, salud, gestión de cobranzas, construcción, servicios ambientales, verificación técnica, servicios informáticos, publicidad, etcétera).

La investigación incluyó a Real Work SRL, una sociedad que -a diferencia de las demás- no es comandada por familiares del senador. No obstante, fue el propio Pereyra el que ha dejado marcas que lo emparentan con la firma estrella en un filón millonario.

Veamos primero quiénes figuran como inversores de una industria que hoy da servicios a unos 80 equipos y empleo a 170 personas, pero que habría llegado a ocupar a cerca de 260.

El generador del negocio de las mantas es Jorge Luis Cárdenas Negro, cuyo único antecedente inmediato conocido es el de empleado de la Municipalidad de Cutral Co.

Cárdenas le había comprado gran parte de las cuotas sociales de la firma a su original dueño, el expresidente del BPN, Carlos Chiappori (quien a su vez la había obtenido de Norman Angli).

Sin que se sepa de dónde obtuvo el dinero, Cárdenas Negro inauguró la planta de mantas en Rincón de los Sauces, en un acto donde el propio Pereyra y el exministro Guillermo Coco (hoy asesor rentado de Pereyra) cortaron las cintas.

El millonario negocio de las mantas empetroladas “de Pereyra”
Invitado especial: Pereyra en la inauguración de Real Work.

Dos exfuncionarios recordaron ante “Río Negro” que, en coincidencia con la inauguración de la planta (fines de 2009), el gremio de Pereyra consiguió presionar con éxito a la Subsecretaría de Medio Ambiente que dirigía un pariente de Coco, Ricardo Esquivel, para que dejara en claro en una resolución que las mantas las tenían que usar todas las empresas, tal como decía la directiva hecha en 2006, empujada por el mismo sindicato. Es que, tras una espesa controversia sobre la eficacia de ese recurso absorbente, el área había resuelto que tal sistema no era la única solución. “Al gremio le pareció inadmisible esa corrección y prácticamente le ordenó volver a la norma anterior”, explicaron. Eso pasó meses después de que se inaugurara la planta de Rincón de los Sauces. Y para más coincidencias, en 2010 salió la ley 2666 -empujada por los “diputados petroleros” (del gremio)- que prohíbe el uso de contenedores a cielo abierto, las famosas bandejas que todas las perforadoras usaban. Es la única ley de este tipo en el país.

Cárdenas Negro hoy vive en Pilar, donde se vinculó desde los afectos a la familia Ciancaglini, cuya sociedad fabrica las mantas.

Por la misma época apareció en escena un socio minoritario de Real Work: Jorge Alberto Rubio, quien venía de dirigir dos proyectos vinculados al salvataje de pymes petroleras en problemas. Una de esas iniciativas venía patrocinada por Skanska y duró hasta que la empresa sueca quedara involucrada en un escándalo de sobornos. Skanska había sido precursor de la distribución de mantas en la región, pero la falta de respaldo gremial desalentó su desarrollo.

Rubio es amigo del vicegobernador Rolando Figueroa, simpatizante de Pereyra y fue aportante de su campaña a senador en 2013. Hoy es el gerente de mayor peso de Real Work.

Tanto Cárdenas Negro como Rubio integraron otras sociedades vinculadas a la actividad petrolera. El primero lo hizo en una proveedora de arenas de fracturación hidráulica (Sand Frac SRL) y en una constructora (Ingeco SRL). El segundo en una firma tratadora de pasivos ambientales (Ragua SA). Los Ciancaglini han participado invariablemente de estos negocios.

Las Mantas oleofílicas
¿Es Pereyra el dueño?

Todo indica que Pereyra no sólo ha sido un “invitado especial” a la inauguración de la planta en Rincón, que luego se trasladó a Huincul-Cutral Co donde incomodó a pobladores y concejales que veían cómo se quemaban ilegalmente las mantas usadas a cielo abierto y sufrían el hedor de las plumas de pollo cuando se descomponían con las lluvias.

El mismo día del acto, el gremialista levantó sospechas cuando su sindicato promocionó a la empresa de las mantas en un comunicado, un gesto impensable para un gremio desapacible como el petrolero.

Dentro del área de Medio Ambiente (que conducía Esquivel) conocían perfectamente que la empresa “era de Pereyra”. Un funcionario clave dio a entender ante testigos que el gremialista era más que un espectador. Durante los días en que hubo que cambiar la resolución que relativizaba la obligatoriedad de las mantas, se le escuchó decir: “No sirven para nada... pero tuvimos que dar marcha atrás porque nos apretó Pereyra”.

Tampoco había dudas entre los ocupantes de los más supremos sillones de YPF. Cuenta un integrante de las segundas líneas de la petrolera que una mañana, el propio Pereyra le confesó a un gerente: “La empresa es mía”.

Es más: otro día presentó a su hijo Martín (al que ahora promueve como diputado) como “encargado de las cuestiones de Real Work. Era precisamente Martín el que llamaba cuando los pagos a la empresa de las mantas se demoraban más de la cuenta”.

¿Qué duda podía haber entre los popes de YPF si emitían pagos tan millonarios que cualquier firma del ramo envidiaría?

También las petroleras que operaban en Neuquén intuían qué podría ocurrirles si prescindían de las mantas de Real Work. Un hombre del riñón de Pereyra lo decía sin vueltas: “Si no tienen las mantas, paramos los equipos”. Se sabe que la perforadora DLS sufrió en carne propia el matonismo del sindicato por no colocar esos “pañales” de pluma.

Pereyra opta por una respuesta comodín cuando se le insinúa que Real Work le pertenece: “Mi único interés es ayudar a empresas locales a generar trabajo”.

Sea como fuere, el vínculo estrecho de Pereyra con Real Work comenzó el día que Jorge Cárdenas Negro se plantó ante el senador y un puñado de delegados gremiales en un restorán porteño, según relató a este diario uno de los testigos. Le imploró al jefe petrolero que lo bendijera en sus negocios y le abriera caminos. Le prometió lealtad y afiliaciones de sus empleados.

Automáticamente, la suerte de Cárdenas cambió. Pasó de limpiar tanques petroleros a distribuir mantas por miles de millones de pesos.

“Los retornos se calculaban a razón de 2,5 dólares el metro cuadrado de manta. Se comercializó un máximo de 200.000 metros mensuales”, relataron dos testigos arrepentidos ante “Río Negro”.
Hecha la ley...

Son sugestivas las coincidencias entre las normas neuquinas, las acciones del sindicato de Pereyra y la aparición en escena de Real Work con sus brincos en los negocios. Una secuencia indicativa de que las reglamentaciones habrían sido hechas a medida de la empresa que se le atribuye a Pereyra.

En 2006, la Subsecretaría de Medio Ambiente de la provincia emitió la disposición SSMA 218/06 que obligaba a las operadoras al uso de mantas oleofílicas como medio de absorción de pérdidas y goteos hidrocarburíferos. En setiembre de ese año, Real Work modificó su objeto social y le agregó: “recolección, transporte y decantación de residuos líquidos y sólidos”, entre otros servicios de saneamiento petrolero.
En 2009, tras controversias, la resolución SSMA 704/09 derogó la anterior al admitirse que las mantas no son la única solución y que hay otras aplicaciones que pueden resultar más eficientes. No tardó en surgir la presión de Pereyra y su gremio, que surtió efecto, como se ve a continuación:
Para hacer más firme la dependencia de las mantas, la Legislatura neuquina sancionó la ley 2666, que en su artículo 13 prohíbe los contenedores a cielo abierto, es decir las bandejas que siempre usaron las empresas extractoras. A sólo 40 días de esta sanción, Real Work inauguró la fábrica de mantas en Rincón de los Sauces, con Pereyra en el corte de cintas. También en 2010, ingresó Jorge Rubio a la sociedad de la firma. Y ese mismo año Medio Ambiente dictó las resoluciones 111/10 y 127/10, exigiendo nuevamente el uso de mantas en las operaciones de workover, pulling y perforación.
A partir de 2011 comenzaron a usarse las mantas en las operaciones con equipos de torre. Y a partir de ese mismo año Real Work pegó un impresionante salto en la facturación con YPF.
En 2014, la Resolución 506/14 amplió el uso de las mantas a las actividades no convencionales y apoyo al pozo. Desde ese mismo año, el salto en la facturación de YPF se triplicó y llegó al nivel de 50 millones de dólares anuales.
En 2015 Medio Ambiente hizo una concesión, mediante Resolución 561/15: exceptuó de la aplicación de las mantas a operaciones de algunos equipos y bajo ciertas condiciones. La era Galluccio llegaba a su fin, y la facturación comenzaba a decrecer.


Las graves alertas de la propia contratista: YPF

¿Cómo se explica que YPF haya accedido a pagar 130 millones de dólares por mantas oleofílicas que cuestionaba con énfasis? Aquí, probablemente, esté la clave de una contratación dirigida a una empresa en particular, por razones que escapan a la necesidad y la utilidad.

En realidad, aun cuando las normas no dejaban otra alternativa al uso de las mantas, la petrolera podía haber optado por una variante disponible en el mercado: las de turba vegetal, elegidas por las comunidades mapuches de Loma la Lata (Kaxipayñ y Campo Maripe) ante la certeza de que son más ecológicas. Pero contrató las de pluma de pollo.

Un informe interno de YPF, que estuvo en conocimiento de funcionarios del gobierno neuquino y al que accedió “Río Negro”, describe en detalle las perniciosas consecuencias para la salud, la seguridad y el medio ambiente de la mantas de pluma de ave, que la misma petrolera aceptó comprar con servicio de traslado incluido hacia una disposición final que resultó otro desatino, como veremos más adelante. Aquí las principales advertencias del trabajo:

“Las mantas generan un gran volumen de residuos sólidos peligrosos (...) La gestión integral de los residuos peligrosos generados por su uso es más compleja y produce mayor impacto en el ambiente, en comparación con la disposición final de hidrocarburos líquidos residuales colectados en bandejas”.
“Es imposible la recuperación del fluido derramado, tras ser absorbido por las mantas”.
“Aumentan las emisiones a la atmósfera, debido al transporte de este material y a la incineración como residuo peligroso”.
“Las mantas tienen limitaciones de reutilización una vez que se encuentren saturadas”.
“No son aptas para usos con condiciones de viento o lluvia”.
“No son perfectamente estancas”.
“No son efectivas para contener todos los derrames: absorben el petróleo pero no el agua de formación asociada al mismo”.
“Hay riesgo de incendio: aumenta la carga de fuego en zonas críticas de equipos de perforación”.
“Se alteran las condiciones del ambiente laboral (malestar en los trabajadores por generación de olores nauseabundos por descomposición de sus elementos orgánicos)”.
“Hay riesgos de accidentes personales (por aprisionamiento, atrapamiento y enganches)”.

Asimismo, el trabajo refiere que los ensayos de inflamabilidad realizados por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) determinaron que “las mantas no son ignífugas”, incluso cuando “no están impregnadas”. Los experimentos determinaron que “el material entra en ignición y la llama se propaga. El material desprende gotas y/o partes que siguen encendidas en el piso de la cabina al menos tres segundos”.

Las conclusiones finales son todavía más preocupantes: tras modificaciones en las normas oficiales del año 2014, “se triplicó la cantidad de mantas utilizadas y, como consecuencia, la cantidad de residuos peligrosos generados”.

El cálculo impresiona: el volumen de residuos de mantas oleofílicas durante 2015 ascendería a 88.000 metros cúbicos, unas 7,7 veces el promedio anual de 2012. Imagine el lector 176 tanques de agua estándar (500 m3) llenos de escoria negra, viscosa, pestilente y peligrosa, generadas en sólo un año.

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Gritos en el desierto

Desde hace más de cuatro años se viene denunciando en Huincul y Cutral Co que las mantas de Real Work impregnadas de petróleo contaminan sin control.

Los reclamos de vecinos, un intendente, concejales y diputados referidos a olores nauseabundos y quemas a cielo abierto siempre caían, por lo general, en saco roto. Estos planteos pusieron al desnudo que las mantas (o buena parte de ellas) no iban a una disposición final de tratadoras con hornos especiales, como era una exigencia legal, sino a un predio que tenía la empresa, cerca de la Ruta 17, a pocos kilómetros de Huincul, camino a Picún Leufú. Por si fuera poco, se trataba de tierras fiscales.

En sus inicios, Real Work cumplía con una adecuada disposición final de sus mantas, cuyos servicios eran prestados por Comarsa e Indarsa, pero cuando éstas se vieron saturadas de trabajo empezaron las quemas de toneladas del producto.

“Rio Negro” pudo acceder a registros gráficos que muestran montañas de “pañales” que ardieron a cielo abierto en otro predio cercano, hasta hace unos meses. Al evitar traslados a hornos más lejanos, la empresa se ahorraba millones pesos. No obstante, la consigna era reutilizar las mantas, para lo cual se pedía encarecidamente a las empresas cuidarlas en su manipulación. Naturalmente, la reutilización de cada manta significaba la oportunidad de redoblar ganancias.

Quienes más enfáticamente buscaron explicaciones al drama ambiental generado por Real Work fueron el diputado y ex intendente Ramón Rioseco, sus hermanos José y Miryam, y los concejales huinculenses Carlos Matzquin (Libres del Sur) y Bruno Camprubi (NCN), entre otros. Se dio la insólita situación de que los propios ediles fueron impedidos de ingresar a la planta para observar la situación, con el argumento de que se atentaba contra la fuente laboral.

Hubo pronunciamientos del Concejo Deliberante, reclamos a Medio Ambiente de la provincia, una denuncia en fiscalía de una vecina afectada y acciones desde la Legislatura en relación a las lamentables condiciones de acopio de las mantas en Huincul y de las quemas realizadas. No se comprendía por qué ocurría todo esto si la empresa estaba inscripta en el “Registro provincial de generadores, tratadores, transportistas u operadores de residuos peligrosos o especiales”.

Desde 2012 hasta fines del año pasado, por lo menos, se han denunciado derrames en piletas de la empresa, quemas de mantas en horas nocturnas y olores insoportables -sobre todo en verano- provenientes de la descomposición de mantas de pluma ante la lluvia y falta de oxigenación. Por si fuera poco, Real Work sufrió a inicios de 2014 un incendio sospechado de intencional en sus instalaciones (y tres intentos previos), con pérdidas cuantiosas.

En noviembre de 2015, el socio de Real Work Jorge Rubio prometió al Concejo de Huincul que el material sería removido ese mismo mes del sitio cuestionado y llevado a un área de “acopio transitorio de transferencia” para ser procesado y sometido “a tratamiento y disposición final”. No obstante, los reclamos por parte de los ediles continuaron tiempo más tarde. En la misma nota, Rubio admite que la empresa no tiene equipos para el tratamiento del residuo (pese a que se había registrado como tratadora) y que la inversión demandaría mucho dinero.

Díficiles de hallar

“Río Negro” peregrinó por mails y celulares en busca de los directivos de Real Work. No se halló página web de la empresa. Además, los periodistas fueron a las oficinas de Cutral Co el lunes 5: estaban cerradas. Diez días después, Jorge Cardenas escribió expresándose interesado en responder inquietudes y anunció que se comunicaría, cosa que no ocurrió.

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