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Mainqué, la tierra de antiguos galpones, tomatera y cooperativas

Una procesadora de tomates, bodegas y galpones de empaque dieron durante años una vida económica en constante crecimiento al pueblo. Surgieron por iniciativa de colonos.

02 dic 2016 - 00:00
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El tiempo de cosecha del tomate marcó el ritmo de la vida de Mainqué hace seis décadas atrás. El movimiento era constante y la ocupación plena. Hoy su vida está ligada a la fruticultura, sujeta a los vaivenes que sufre la principal economía del Alto Valle rionegrino.

Comai (Cooperativa Mainqué) fue el motor para la economía local. Surgió como iniciativa de un centenar de colonos que se organizaron para poner en marcha una procesadora de tomates que se producían en las chacras de esta localidad; pero que a su vez dio vida a otras industrias como la Cooperativa Vitivinícola CerMaHue (Cervantes, Mainqué y Huergo) y la Frutícola Mainqué.

Hoy esas industrias desaparecieron. La ex fábrica Comai se transformó en cámaras frigoríficas. La cooperativa vitivinícola es una procesadora de jugos y el empaque se mantiene, aunque con otros dueños.

La colonización de Mainqué se remonta a 1912, aunque recién en 1921 comenzó a tomar forma el proyecto de transformar las tierras desérticas. Sin embargo su fecha de fundación es el 28 de octubre de 1928. Se realizó la primera asamblea popular de esta pequeña localidad, a mitad de camino entre Roca y Regina.

Los primeros años no fueron fáciles para los pobladores que realizaban distintos cultivos para generar ingresos. Una de las principales plantaciones fue la vid para la elaboración de vinos.

La mayor dificultad era el traslado con carretones tirados por caballos hasta las bodegas establecidas en Huergo y Cervantes. Esto llevó a mitad de la década del ´50 a que un centenar de colonos probaran suerte con plantaciones de tomates y una industria para procesar lo cosechado.

“Yo era chica y recuerdo que mi papá decía en casa que cada uno de los socios iba a poner 500 pesos para iniciar la construcción de la fábrica” rememoró Cristina “Chela” Díaz, junto a Jorge “Coco” Moretti, ambos de 75 años, todos vividos en Mainqué.

“La gente pensaba: ¿para qué plantar tomate? Pero surgió la idea de la fábrica y luego, durante muchos años, fue lo que le dio vida a nuestra localidad” dijo Coco.

Alrededor de procesadora de tomate se formó el barrio San Martín, para dar albergue a los trabajadores.

Coco apuntó que “en la fábrica había 700 personas trabajando, y todos los chacareros tenían su porción de tierras con cultivos de tomates. En cada cosecha era un movimiento incesante. No había tractores y todo se trasladaba en chatas tiradas por caballo que llegaban a esperar dos días haciendo cola para poder ingresar con los kilos que traían”.

“El movimiento que generaba era intenso. Los fines de semana la gente salía a comprar y los negocios estaban todos llenos. Además, la Comai también tenía una cooperativa de consumo, donde se podía comprar desde un tractor o implementos agrícolas o semillas, hasta ropa, heladeras o comida” comentó Chela.

Sin embargo el esplendor y empuje económico que dio la Comai al pueblo terminó cuando por distintos factores económicos la fábrica tuvo que cerrar sus puertas a mediados de la década del 80. Y aunque hubo propuestas para reactivarla, el destino final fue el remate de las instalaciones en los primeros años de este siglo. Luego se fue transformando en cámaras frigoríficas.

“En Mainqué, en los años buenos hubo viviendo más de cinco mil personas, había mucho trabajo en las distintas industrias, mucha gente que se ocupaba en las tareas rurales, había construcción; pero de golpe nos quedamos paralizados” agregó Coco Moretti, un histórico productor de la localidad.

“En los años buenos había mucho trabajo en las industrias, tareas rurales, construcción. Es como si de golpe todo se paralizara”,
indicó el productor Coco Moretti, que dio testimonio junto a Chela Díaz.
Tomates, vinos y frutas
Mainqué, la tierra de antiguos galpones, tomatera y cooperativas
El canal y la estación. 4.000 habitantes tiene hoy Mainqué.
El primer proyecto que impulsaron los colonos para generar valor agregado a su producción fue la industria de conserva de tomates, que luego fue creciendo para producir mermeladas y jaleas, conservas de zapallo, aluvias, duraznos entre otros productos.
El impulso llegó a tal punto que incluso se embalaban tomates frescos y se enviaban por tren a Buenos Aires. Durante la cosecha la fábrica trabajara las 24 horas los siete días de la semana. En invierno se continuaba con la producción de otro tipo de productos.
El éxito que lograron los asociados los llevó más tarde a establecer la bodega CerMaHue, una cooperativa vitivinícola que nucleaba a productores de Cervantes, Mainqué y Huergo.
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