Voy + Travesía en kayak, partes tres

Lago conquistado: último tramo de la travesía en kayak por el Nahuel Huapi

Último tramo del viaje de Jimena y Andrés para descubrir los secretos del lago. En el cierre de su gran aventura, el viento y las olas los ponen a prueba en la salvaje belleza de los brazos Blest y Tristeza.

24 dic 2016 - 00:00
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Por Jimena Sánchez

lavidadeviaje@gmail.com

La margen oeste del lago es la más agreste. El coihue, la lenga, el ñire y el arrayán son los dueños de estas tierras. Sin embargo todavía se pueden ver las casas de aquellos primeros pobladores que viven desde mucho antes de la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi. Hogares humildes con techos y paredes de madera nativa, gallinas en corrales y algún que otro molino de viento que quedó relegado en el tiempo.

Chequeamos el pronóstico y es poco alentador: en tres días se llueve y se vuela todo. Pero ese mal clima no va a durar solo un día sino seis. Conclusión: debemos llegar a Bahía López lo más pronto posible porque no tenemos suficiente comida para paradas de emergencia.

La exploración continúa hacia el brazo Blest, la ramificación del Nahuel que es navegada por miles de personas al año y que conecta Argentina con Chile. Sin embargo, para nosotros más que un brazo es una garganta profunda de 15 kilómetros.

Hacemos una parada en la isla Centinela para recargar energías con un segundo desayuno.

En este islote descansan los restos de Pascasio Moreno, el explorador y geógrafo más importante de la generación del 80 en Argentina.

Desde acá vemos el lago agitado, pero decidimos salir igual porque el pronóstico nos corre.

Nos despedimos del reparo de la isla Centinela. Empezamos a remar con fuerza para no perder el ritmo, pero el viento no nos tiene piedad. Avanzamos como podemos, a paso de babosa, frenando en pequeñas bahías para aflojar los músculos y los nervios, pero la tensión tiene sabor a lago helado de la Patagonia.

No te pierdas la primera parte: Maravillas del Nahuel Huapi: crónica de una expedición en kayak

El catamarán

No sabemos con qué nos vamos a encontrar a medida que nos internamos en este brazo kilométrico. ¿Paredones? ¿Playas? ¿Piedras? ¿Podremos parar? ¿Cómo pegarán las olas? Nuestra concentración se desconcentra con algo que no estaba en los planes: dos km eternos de paredones de piedra y el catamarán que navega el brazo Blest del lado de enfrente. Ahora, además de las olas en contra, también nos mueven las olas que rebotan sobre el paredón y las olas que levanta el catamarán. Tres olas de diferente altura, intensidad y dirección. Nuestras proas suben y rebotan en el agua. A veces no nos alcanzamos a ver, tampoco nos escuchamos. Tenemos miedo, pero a algún lado tenemos que llegar.

De la nada aparece una playa a la derecha. Llegamos como podemos. Cuando pisamos la tierra sentimos que nos tiembla todo el esqueleto.

Nos tiramos en la costa a descansar esperando que el caos se calme de una vez. Sabemos que no fue una buena decisión salir de la isla Centinela con un día así, pero ya no podemos volver a atrás.

Dos horas después el lago se plancha y volvemos a salir. El sol nos calma el pulso, dos prefectos arriba de un gomón nos preguntan si estamos bien, vemos la cascada del arroyo Blanco y sentimos que todo el esfuerzo del día valió la pena.

Llegamos a Puerto Blest, un pequeño embarcadero anclado en una bahía de arena volcánica. Es un paraíso en el corazón de la Cordillera de los Andes y uno de los lugares más lluviosos de Argentina. Vemos coihues y alerces gigantes, arbustos bajos y verdes, lianas y enredaderas, y aunque nos encantaría quedarnos un rato más, debemos irnos: bien al fondo vemos una ráfaga entrando del este que seguro se convertirá en viento en contra en poco tiempo.

Ni bien salimos del Blest, el lago nos guiña el ojo y se aquieta. Con su mano derecha entramos en el brazo Tristeza, última ramificación de esta larga aventura.

Son 14 km tallados por la naturaleza. Es angosto, prístino y salvaje y está enmarcado por los cerros López y Capilla. Remamos entre paladas de pensamientos: no queremos que la travesía se termine, pero el reloj anuncia que en 24 horas vamos a llegar al km 0 de esta travesía.

No te pierdas la segunda parte: A explorar los secretos del Nahuel Huapi

Una prueba más

A la mañana siguiente ordenamos por última vez el equipo, tomamos el último mate sobre la costa, apoyamos por última vez las manos sobre el agua, remamos por última vez las aguas del Nahuel Huapi. Pero nadie dijo que la salida iba a ser fácil. Falta una prueba más.

La entrada y salida de este brazo en días de viento es complicada: se juntan los vientos de tres grandes regiones del lago y se suma la pared del cerro López, donde rebotan. Viniendo del sudoeste, los últimos mil metros pueden convertirse en un enemigo porque lo único que hay son paredes de roca.

Remamos con viento a favor y con olas en la popa, lo que vuelve muy difícil mantener la dirección del kayak. De un minuto a otro las olas se vuelven enormes y el rebote del agua en el paredón es abismal. No nos da ni la velocidad de los brazos ni los movimientos del pie sobre los pedales del timón para lograr que los kayaks queden derechos al menos un segundo.

Debemos llegar a la punta del brazo, doblar a la derecha y entrar en bahía López. Pero esa punta parece no llegar más, el paredón se hace eterno y el pulso cardíaco se acelera por la ansiedad de llegar.

Pero llegamos. Y gritamos de alegría porque lo hicimos y lo hicimos bien. Y los ojos empiezan a brillar, las lágrimas se entremezclan con el agua y es en ese instante donde lo natural y lo humano se hermanan.

Después de 360 km y 16 días logramos conquistar nuestros límites. Conquistamos el inmenso lago Nahuel Huapi.

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De la Ruta 40 en bici a remar en los lagos
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Jimena Sánchez y Andrés Calla se definen como escritores y fotógrafos de viaje.
Desde hace cuatro años recorren la Argentina en bicicleta.
Desde el 2016 reman los lagos de la Patagonia.
Cuentan sus experiencias en el blog lavidadeviaje.com.
El recorrido
104 km
remaron aproximadamente desde el brazo Machete hasta Bahía López en la tercera etapa de la travesía.
En las entregas anteriores, Jimena y Andrés narraron las primeras dos etapas: 117 km de Bahía López a Piedras Blancas y, de ahí, 141 km a brazo Machete.
A tener en cuenta
Travesía: definirla según el nivel técnico y la experiencia con la que se cuenta.
Planificación: chequear las condiciones climáticas antes de definir el día de la salida.
Agua: no siempre el agua que se rema se puede tomar. En el caso de que no sea potable, llevar pastillas potabilizadoras o filtros.
Distribución del peso: cargar lo más liviano en los extremos del kayak y lo más pesado cerca del copickt. Si bien los tambuchos de los kayaks de travesía son estancos, les puede entrar un poco de agua. Guardar todo en bolsas secas para proteger el equipo.
No dejar nada suelto dentro del copickt del kayak. Ajustar todo con sunchos o elásticos.
Dos alternativas
para salir a remar
Patagonia Infinita organiza travesías en kayak por el Parque Nacional Nahuel Huapi en cualquier época del año. Las salidas son de medio día o de día completo. Incluye guía y equipamiento técnico de seguridad. Más información en www.patagoniainfinita.com.
Senzalimiti Adventures: ofrecen dos opciones para conocer el brazo Tristeza: salida de día completo o expedición de dos días. Incluye guías de kayak, logística, comidas, equipo de camping y cocina. Más información en: www.slimiti.com.

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