10 lugares para volver
Recorrido fotográfico por los paisajes que marcaron nuestro viaje en bici por el Litoral y el centro del país.
Suple VOY
Jimena Sánchez lavidadeviaje@gmail.com
1. Paraje La Argentina y la calma. El Paraje La Argentina en Entre Ríos es un lugar que se mueve al ritmo de los pescadores. Llegamos después de pedalear por los caminos secundarios de una provincia hasta ese entonces desconocida. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar aunque la costa del río anunciaba una parada obligada: el camping Marito y el pasto verde donde descansar. 2. El Palmar y los sonidos. El Parque Nacional El Palmar es un parque para jugar. Nuestros sentidos nunca estuvieron tan alertas como los días que estuvimos andando por sus senderos. La naturaleza, en este rincón protegido de Entre Ríos, habla, ruge y se enciende en mil sonidos. 3. Córdoba y los Gigantes. Llegar a los 2.000 metros de altura es todo un desafío, pero alcanzar la meta y encontrar un río con costa de arena después de pedalear 25 km de tierra en subida por el camino de Los Gigantes, es el mejor premio al esfuerzo que cualquier viajero puede tener. A medida que íbamos ascendiendo el paisaje comenzaba a teñirse con los colores amarillos y ocres de la Patagonia. 4. Las Cataratas y los arcoíris. Nunca nos hubiésemos imaginado ver arcoíris tan perfectos en las Cataratas de Iguazú. Son semicírculos que se repiten allá y acá durante varios minutos gracias a la fuerza arrolladora del agua que los hace nacer y morir según su capricho. 5. Córdoba y sus rulos. Córdoba tiene de todo: curvas y contracurvas con piletones de agua escondidos, rulos entre montañas y bajadas de montaña rusa. Los paisajes de esta provincia son tan extremos como diferentes, y haber llegado a tocar el cielo una, diez, cien veces, fue como sentir que en lugar de bicicletas tuvimos alas. Alas que seguirán volando otra vez por Argentina en unos pocos meses. 6. Miramar y la laguna-mar. La laguna de Mar Chiquita en Miramar de Ansenuza es un paraíso que pocos conocen. Si viajásemos otra vez, nos volveríamos a sentar en el mismo lugar: en el muelle de Punta Encanto. Lo único que se alcanza a ver desde esa ventana es un horizonte infinito y flamencos volando de un lado a otro. Una vista cordobesa que no esperábamos encontrar. 7. Misiones y la tierra colorada. Misiones atrapa por sus rutas de selva y su tierra color ladrillo. Uno de los caminos que más nos gustó pedalear fue la Ruta 101 que cruza el Parque Nacional Iguazú de oeste a este. Entre árboles y plantas se escuchan los pasos sigilosos de tigres y jabalíes, como también el rumor de las Cataratas de Iguazú a lo lejos 8. Ongamira y la tristeza. Neruda lo dijo: “Es el lugar más triste del mundo”. Las Cuevas de Ongamira en el norte de Córdoba son grutas naturales increíbles, pero que encierran la cruel historia de los pueblos originarios. Aquí los aborígenes se suicidaron en masa para evitar ser conquistados por los españoles. 9. Triple frontera y el silencio. Remar las aguas de la triple frontera en Misiones no se puede comparar con ningún otro paseo en tierra. Nos dejamos llevar por los ríos Iguazú y Paraná para tocar las aristas de tres países: Argentina, Brasil y Paraguay. Sobre el agua vimos el atardecer más sublime de todo el viaje. 10. Esteros del Iberá y lo salvaje. La colonia Carlos Pellegrini encierra magia en sus callecitas de arena: es uno de los portales de los Esteros del Iberá, el humedal de agua dulce más grande de Argentina. Se trata de un universo de animales salvajes y de aguas brillantes que nos enamoraron los ojos. Acampar en el Camping Municipal de Pellegrini fue una aventura en sí misma: convivimos con carpinchos, remamos en la laguna Iberá y vimos yacarés a un dedo de distancia.
2. El Palmar y los sonidos. El Parque Nacional El Palmar es un parque para jugar. Nuestros sentidos nunca estuvieron tan alertas como los días que estuvimos andando por sus senderos. La naturaleza, en este rincón protegido de Entre Ríos, habla, ruge y se enciende en mil sonidos.
3. Córdoba y los Gigantes. Llegar a los 2.000 metros de altura es todo un desafío, pero alcanzar la meta y encontrar un río con costa de arena después de pedalear 25 km de tierra en subida por el camino de Los Gigantes, es el mejor premio al esfuerzo que cualquier viajero puede tener. A medida que íbamos ascendiendo el paisaje comenzaba a teñirse con los colores amarillos y ocres de la Patagonia.
4. Las Cataratas y los arcoíris. Nunca nos hubiésemos imaginado ver arcoíris tan perfectos en las Cataratas de Iguazú. Son semicírculos que se repiten allá y acá durante varios minutos gracias a la fuerza arrolladora del agua que los hace nacer y morir según su capricho.
5. Córdoba y sus rulos. Córdoba tiene de todo: curvas y contracurvas con piletones de agua escondidos, rulos entre montañas y bajadas de montaña rusa. Los paisajes de esta provincia son tan extremos como diferentes, y haber llegado a tocar el cielo una, diez, cien veces, fue como sentir que en lugar de bicicletas tuvimos alas. Alas que seguirán volando otra vez por Argentina en unos pocos meses.
6. Miramar y la laguna-mar. La laguna de Mar Chiquita en Miramar de Ansenuza es un paraíso que pocos conocen. Si viajásemos otra vez, nos volveríamos a sentar en el mismo lugar: en el muelle de Punta Encanto. Lo único que se alcanza a ver desde esa ventana es un horizonte infinito y flamencos volando de un lado a otro. Una vista cordobesa que no esperábamos encontrar.
7. Misiones y la tierra colorada. Misiones atrapa por sus rutas de selva y su tierra color ladrillo. Uno de los caminos que más nos gustó pedalear fue la Ruta 101 que cruza el Parque Nacional Iguazú de oeste a este. Entre árboles y plantas se escuchan los pasos sigilosos de tigres y jabalíes, como también el rumor de las Cataratas de Iguazú a lo lejos
8. Ongamira y la tristeza. Neruda lo dijo: “Es el lugar más triste del mundo”. Las Cuevas de Ongamira en el norte de Córdoba son grutas naturales increíbles, pero que encierran la cruel historia de los pueblos originarios. Aquí los aborígenes se suicidaron en masa para evitar ser conquistados por los españoles.
9. Triple frontera y el silencio. Remar las aguas de la triple frontera en Misiones no se puede comparar con ningún otro paseo en tierra. Nos dejamos llevar por los ríos Iguazú y Paraná para tocar las aristas de tres países: Argentina, Brasil y Paraguay. Sobre el agua vimos el atardecer más sublime de todo el viaje.
10. Esteros del Iberá y lo salvaje. La colonia Carlos Pellegrini encierra magia en sus callecitas de arena: es uno de los portales de los Esteros del Iberá, el humedal de agua dulce más grande de Argentina. Se trata de un universo de animales salvajes y de aguas brillantes que nos enamoraron los ojos. Acampar en el Camping Municipal de Pellegrini fue una aventura en sí misma: convivimos con carpinchos, remamos en la laguna Iberá y vimos yacarés a un dedo de distancia.
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