100 años sin justicia

Por Redacción

GENOCIDIO ARMENIO

Dentro del desarrollo de la Primera Guerra Mundial, se produjo en abril del 2015 lo que podemos llamar el primer genocidio del siglo XX: el del pueblo armenio. En un plan sistemático de aniquilación por parte del Estado turco, fueron deportados y asesinados más de 1,5 millones de armenios.

Tal afirmación se puede corroborar con la documentación brindada por la historiadora Nélida Boulgourdjian Toufeksian: de los “2.100.000 armenios que vivían en el Imperio Otomano en 1912, según las estadísticas del patriarca armenio de Estambul sólo 77.435 quedaban en 1927”.

Finalizada la Primera Guerra, hubo muchos diplomáticos como por ejemplo Henry Morgenthau, embajador de Estados Unidos, y el Barón Wagenheim de Alemania que alertaron sobre el plan turco y la declaración conjunta de Francia, Gran Bretaña y Rusia, que pedían que se juzgara a los turcos que habían llevado a cabo esas atrocidades que afectaban no sólo al pueblo armenio sino a toda la humanidad.

El gobierno de Turquía reconoció los crímenes, pero no la dimensión internacional de sus efectos. Por ende, llevó a cabo sólo algunos procedimientos con algunas condenas que rápidamente fueron amnistiadas en 1923 por el Tratado de Lausana.

Posterior a estos actos, no se constituyó ningún tribunal ad hoc.

Así como era política la aniquilación, también era y es política el olvido a través del negacionismo.

Es así que en 1921, en Berlín, Soghomón Tehlirian asesinó a Talaat Pasha, exministro del Interior de Turquía, quien en 1915 había dirigido las matanzas de más de un millón de armenios.

Tehlirian no fue condenado sino declarado inocente “por locura temporal”. Él realizó lo que no hizo el mundo: justicia. Con su acto muestra la impunidad y la falta de castigo para los perpetradores que violentaron a la humanidad.

Con la influencia de este caso, Rafael Lemkin, jurista polaco, comenzó a elaborar el documento que es un legado para el mundo, esto es: que se castigue a todo aquel que intente destruir naciones, razas y grupos religiosos. Y le da nombre a esos crímenes: genocidio.

Esencialmente describe al genocidio como un proceso de dos fases: “La primera tiende a destruir los patrones de nacionalidad del grupo oprimido; la segunda, la imposición de los modelos nacionales propios del opresor”. “El genocidio puede destruir en forma instantánea una cultura que ha llevado siglos y a veces milenios en su creación”.

Cuando se aprobó la Convención del Genocidio en 1948, se habló de la necesidad de justicia de este crimen.

Cuando Hitler planeó la aniquilación del pueblo judío fundamentó su posición diciendo que, si nadie se acordaba de la matanza de los armenios, menos se iban a preocupar por los judíos.

Finalizada la Segunda Guerra, se organizaron los Tribunales de Nüremberg y de Tokio para juzgar a Hitler y a sus coautores, que habían perpetrado otro genocidio conocido como Holocausto, en el cual más de seis millones de judíos fueron aniquilados.

Sin embargo no se planteó un tribunal para los turcos.

La diáspora Armenia comenzó una campaña de reconocimiento del genocidio cometido por el Imperio Otomano.

Dentro de la comunidad internacional, numerosos países y organismos supranacionales se han expresado por la necesidad del reconocimiento de Turquía del genocidio armenio.

Este 15 de abril, el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que se “rinde homenaje, en la víspera del Centenario, a la memoria del millón y medio de víctimas armenias inocentes que perecieron en el Imperio Otomano” y a la vez, “se une a la conmemoración del centenario del Genocidio Armenio en un espíritu de fraternidad europea, solidaridad y justicia”.

También desde el Vaticano el pontífice sostuvo que “no existe una familia armenia que no haya perdido a un ser querido durante el ‘Gran Mal’”. Se refirió a ese genocidio como “un verdadero martirio para su pueblo, en el cual muchos inocentes murieron como confesores y mártires en el nombre de Cristo”.

Argentina es uno de los países cuyo gobierno en su totalidad se ha comprometido con la causa armenia a través de la sanción de la ley 26199 que declara el 24 de abril de todos los años como el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos. Desde la Justicia también se ha dictado sentencia a favor del pueblo armenio.

Por ello, al cumplirse 100 años de aquel crimen, en ese momento sin nombre, la necesidad de justicia, búsqueda de la verdad, preservación de la memoria y reparación integral de las víctimas del primer genocidio del siglo XX son responsabilidad de toda la comunidad internacional, no sólo del pueblo armenio.

Silvia Contrafatto

Coordinadora cátedra Unesco en Derechos Humanos de la Universidad Nacional del Comahue

Silvia Contrafatto