El día después, la ciudad intentó dejar atrás la tragedia
Silencio y dolor en Madrid, en un día muy lluvioso.
Madrid despertó ayer gris, lluvioso. Con un cielo turbio como el ánimo de la mayoría de sus ciudadanos, que un día después de los atentados contra cuatro trenes en pleno corazón de la capital española sigue llorando a sus casi 200 muertos y más de 1.400 heridos. Una ciudad habitualmente bulliciosa a cualquier hora del día permanecía ayer en silencio, grave.
En la céntrica Puerta del Sol se levantaba la concentración de voluntarios que durante 24 horas velaron a las víctimas de los atentados. «Que el fuego por tu muerte sea luz para la paz», rezaba uno de los carteles colocados junto a las velas. «Todos vamos en el mismo tren. Paz y libertad para todos», decía otro. Las manifestaciones de solidaridad e ira eran visibles por toda la ciudad. En algunas calles se podían hoy ver carteles, pegados en cabinas de teléfono, paradas de autobús o paredes, con textos como «terroristas cobardes», colgados por algún indignado ciudadano anónimo. La estación de Atocha, escenario de uno de los atentados, permanecía en un silencio sólo interrumpido por los avisos de llegadas y salidas de trenes de megafonía. Ramos de flores y velas en el suelo recordaban la tragedia del día anterior. Mucha gente no podía evitar romper a llorar al ver el tren siniestrado, que permanece en la vía donde estallaron los artefactos explosivos. Los trenes llevaban crespones negros en los laterales de las locomotoras, en señal de luto por las víctimas, que ya llegan a 198 muertos. Pero la vida debe continuar y a mucha gente no le queda más remedio que usar los trenes de cercanías para llegar a su trabajo. El ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, visitaba la estación y revelaba que el uso de estas líneas de tren alcanza el 70 por ciento, manifestando su deseo de que pronto se «recupere la intensidad normal de ocupación».
Personas concentradas en los alrededores de Santa Eugenia, como los alumnos del colegio «Ciudad de Valencia», empezaron a estampa palmas de manos manchadas de blanco sobre unos lienzos negros colocados en unas vallas próximas al lugar del siniestro.
Todavía hay cadáveres por identificar. Cientos de familiares, amigos o compañeros de personas que no habían regresado por la tarde a sus casas aguardaban la lenta identificación de los cadáveres, acosados por la incertidumbre de muchos que no sabían si sus allegados es
taban allí o en algún hospital, una «tortura» más de un día aciago. Pero, una vez más, afloraba la solidaridad. Numerosos taxistas acudieron al «tanatorio» de manera voluntaria, para trasladar de manera gratuita a los familiares de las víctimas hasta su casa. (AP)
El mayor 'depósito de cadáveres' de Europa
Los vehículos con cadáveres llegaron al recinto ferial de Madrid en una caravana aparentemente interminable. En el pabellón de exposiciones número 6 se encuentran almacenados provisionalmente los cadáveres de las víctimas de los terribles atentados terroristas de la capital española. El «mayor depósito de cadáveres» de Europa se encuentra ahora en el lugar en el que empresas de informática o automóviles suelen presentar sus productos, en el recinto ferial Juan Carlos I. En la parte derecha se guardan los muertos, cuya identidad no ha podido ser esclarecida hasta el momento. Están cubiertos con sábanas blancas. Cuando se identifica a una de las víctimas, se lleva al sector de la izquierda y se la tapa con una sábana negra. «Vengo a buscar a mi prometido», dice una joven con lágrimas en los ojos. «Iba en un tren en el trayecto en el que explotaron las bombas. No contesta al teléfono y no lo encuentro por ningún lado». Otro joven busca a su hermana, un matrimonio a su hijo que iba camino del colegio cuando los terroristas provocaron el baño de sangre. El que llega al pabellón 6 tiene tras de sí una amarga peregrinación por los diferentes hospitales. Si un desaparecido no se encuentra entre los heridos, a los familiares sólo les queda la posibilidad de ir al palacio ferial.
En un gesto de solidaridad, los taxistas llevan a los familiares gratis hasta el recinto a las afueras de Madrid. En el lugar, son recibidos por psicólogos, que trabajan en turnos durante todo el día. Se les pregunta por la apariencia del desaparecido y la ropa que llevaba. Cada tanto, personas rompen en llanto
cuando se confirma la muerte de alguno de sus familiares. Mientras, en una esquina del pabellón, una mujer salta de alegría al recibir en el celular una llamada de su hijo, al que creía entre los muertos. (AFP)
El doloroso recorrido en busca de una esperanza
«Dios mío, Dios mío, no puede ser, me voy a enterrar en mi país», grita desesperada una mujer latinoamericana que sale corriendo del sanatorio improvisado en el recinto ferial Juan Carlos I de Madrid, arropada por voluntarios de la Cruz Roja y perseguida por algunos fotógrafos. Escenas tan desgarradoras como ésta se repitieron a lo largo de toda la mañana del viernes, al día siguiente de los sangriento atentados.
El goteo de familiares y amigos de las víctimas, la mayoría gente humilde, inmigrantes y trabajadores, fue incesante. Algunos de los que iban llegando conocían ya la terrible noticia de la pérdida de un ser querido, otros seguían buscando desconsoladamente a sus parientes, como el ecuatoriano José Flores. La cuñada de su hermano, Liliana Acero, de 26 años y afincada desde hace uno y medio en España, subió a uno de los 'trenes de la muerte' el jueves por la mañana en El Pozo para ir a la casa en la que trabajaba como empleada doméstica en el centro de Madrid. Desde entonces la familia ha recorrido todos los hospitales y no supo de ella. Los familiares entran bastante enteros, pero muchos salen destrozados, como una joven que iba llorando aferrada a su teléfono móvil y a la que tenían que sostener porque no se aguantaba de pie. Decenas de psicólogos, voluntarios de la Cruz Roja y de otras organizaciones trabajan sin descanso en las salas habilitadas para los familiares durante el largo proceso de identificación de los cadáveres. «Es un trabajo complejo y pensamos que quedan por identificar unos cincuenta y pico cadáveres», agrega Estrella Rodríguez, quien precisó que la tarea de los voluntarios es «acompañar a los familiares para que no se sientan solos y tengan información durante
las horas de espera». «Lo más duro no es el dolor, sino el silencio, es un silencio desgarrador, que se puede cortar casi con cuchillo», explica el sacerdote Jesús Chavarría, uno de los religiosos que intentan reconfortar a los familiares. (AFP)
Nota asociada: TERROR EN MADRID: Millones de españoles desafiaron la lluvia y el miedo para rechazar el terror
Nota asociada: TERROR EN MADRID: Millones de españoles desafiaron la lluvia y el miedo para rechazar el terror
Madrid despertó ayer gris, lluvioso. Con un cielo turbio como el ánimo de la mayoría de sus ciudadanos, que un día después de los atentados contra cuatro trenes en pleno corazón de la capital española sigue llorando a sus casi 200 muertos y más de 1.400 heridos. Una ciudad habitualmente bulliciosa a cualquier hora del día permanecía ayer en silencio, grave.
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