Pérdidas irreparables
Zapala
El periodismo de todo el país le está dando un espacio preponderante a la espantosa tragedia de Villa Gesell. No hay duda de que toda muerte causa un dolor irreparable, y que la de un hijo añade a la tragedia la contradicción con el orden natural de la vida, en el cual fallecemos antes que nuestros hijos. Que ocurra al revés es un dolor incomparablemente más profundo.
Bienvenidas todas las discusiones acerca del alcohol, la violencia y tantos otros rasgos negativos de una sociedad que tantas veces nos espanta por carecer, precisamente, de vínculos sociales. Con eso y todo, sería muy saludable que con el mismo ímpetu y preocupación los medios informativos encararan la pérdida de vida y las incapacidades resultantes de tantos trabajadores que sufren accidentes laborales sin duda también evitables y que los padecen tratando de mantener a sus familias y quizás, brindarles alguna vez esparcimiento. Las tragedias no son más dolorosas unas que otras, ni deben clasificarse. Frente a la muerte somos todos iguales y morimos increíblemente solos, como nos recuerda la inmortal poesía de Discépolo en “Martirio”.
Y así como es posible que aquel debate y aquella mirada sobre la incomprensible pérdida de una vida joven en la plenitud de sus posibilidades permita prevenir y evitar otras, sería bueno poner también el foco sobre los accidentes laborales, en especial de la industria de la construcción, con igual propósito. ¿Qué fue de los accidentados en la obra del aeropuerto de Ezeiza, uno de ellos fallecido? “Las estadísticas emanadas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo demostraron que a fines del año 2000 sobre más de 430.000 empresas aseguradas, alrededor del 80% no cumple totalmente con las normas sobre higiene y seguridad industrial (350.000) En el año 2000 hubo 4 muertes por día (995 por año) y 430.000 accidentes.
Julián A. Alvarez
DNI 7.574.027
Zapala
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