La tarde en que Argentina se negó a decir adiós: la Selección logró una remontada histórica ante Egipto y Messi postergó el final de su leyenda

A doce minutos de la eliminación, la Selección resucitó frente a Egipto con una reacción épica. Entre lágrimas, coraje y fútbol, el campeón del mundo escribió otro capítulo inolvidable y dejó claro que el último baile de Lionel Messi todavía puede esperar.

Por Walter Rodriguez

Lionel Messi lanzado al aire por sus compañeros luego de la victoria épica ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026.

Lionel Messi lanzado al aire por sus compañeros luego de la victoria épica ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026.

La sensación de perderlo todo. El alma que se desnuda junto al reloj, impiadoso e imparcial, con la alarma programada sobre un acontecimiento que ninguno de nosotros quiere que suceda: el tiempo del campeón del mundo está a punto de terminar.

La Selección Argentina, aquella que se coronó como la mejor en el desierto qatarí, se hunde en el arenal egipcio y sólo quedan 12 minutos para salir con vida de ahí. Y la pregunta, casi un desafío, aflora por peso propio en el majestuoso Mercedez-Benz Stadium de Atlanta: ¿De qué están hechos estos jugadores? ¿Les queda tiempo para intentarlo una vez más?


El asunto parece cosa juzgada. La Copa del Mundo se escapa como arena entre los dedos pero cuando parecía que ya no hay espacio para nada, el honor extraordinario del equipo comandado por Lionel Messi se hace un lugar en la historia (uno más) y reta al destino: la hora de abdicar aún no ha llegado para esta Selección.

Messi y un festejo en modo maradoniano. Era 2-2 ante Egipto y el milagro tomaba forma. (AP)

Argentina le torció el brazo a esa fuerza providencial que determina los acontecimientos y le avisó al mundo de la pelota que, además de capacidad futbolística y poder de recuperación, a este equipo le sobra corazón. La Selección caía por dos goles ante Egipto, el arco rival era un sarcófago inviolable pero en un puñado de minutos supo encontrar la llave maestra para abrirlo.

No sólo eso, en esa docena de minutos finales de un partido épico, la Argentina pasó por los tres resultados básicos de una competencia sin reparar en la carga emocional que significaba cada gol anotado. Como en una novela de suspenso que define la trama en las últimas dos páginas, la Selección, que ya tenía un pie y medio en el aeropuerto, decidió desarmar la valija y dar vuelta la historia.

A los 79′ el cabezazo del Cuti Romero rompió con el embrujo egipcio; cuatro minutos más tarde, el capitán – que había errado un penal- enderezó la nave con una volea salvadora, en uno de los goles más gritado en la historia de los mundiales por la Argentina. No era para menos. El milagro estaba consumado, era el 2-2, el partido se había roto definitivamente y fue ahí donde empezó a mandar el corazón.

Egipto ya lo había dado todo, pero su faena no fue completa: el campeón quedó con vida y eso le resultó fatal. En ese sube y baja emocional, la Selección tuvo carácter, agallas y determinación para pasar a ganarlo a los 91’ luego de un centro exacto de Lautaro Martínez para Enzo Fernández, que de cabeza concretaba una victoria que será guardada con orgullo en el glorioso cofre albiceleste.

El preciso frentazo de Enzo Fernández luego del centro de Lautaro Martínez, que le dio el triunfo a la Selección ante Egipto por 3-2. (AP Photo/Erik S. Lesser)

Hay partidos donde la táctica queda en la nada…”, declaró entre lágrimas Lionel Scaloni poco después del final. No faltaba a la verdad el DT albiceleste. Quién podría explicar cómo Leandro Paredes, en su mejor partido junto a la Selección, tuvo la intuición de interceptar una asistencia rival con destino de gol, en una contra con inferioridad numérica, con el partido igualado y con olor a alargue que Argentina finalmente termina resolviendo en el tiempo regular.

Scaloni tenía razón: este milagro lo provocaron los futbolistas. Y su llanto post partido, como el de Messi o el Dibu Martínez, es también es el nuestro “porque -como dice la canción del tablón- los jugadores me van a demostrar que salen a ganar, que quieren salir campeón…”. Fue el desahogo de un país, la reafirmación del vínculo entre un equipo que nunca deja de creer en sí mismo y su gente.


En una Copa del Mundo donde muchas estrellas del fútbol planetario destellan por última vez y que ya se despidieron del Mundial como Cristiano Ronaldo, Neymar, Luka Modric o James Rodríguez, Lionel Messi avisó que aún no es tiempo para su ‘Last Dance’.

Antes de llegar al último baile, el capitán argentino tiene algo más para dar. Cuando muchos imaginaron que la historia podía encontrar su cierre en estos octavos de final del Mundial 2026, Messi volvió a desafiar la lógica y dejó en claro que las leyendas no se despiden cuando el calendario lo indica, sino cuando ellos lo deciden.

En una tarde cargada de tensión en Atlanta, la Selección estuvo al borde del golpe fatal. El resultado era adverso, las piernas pesaban y el desgaste físico era evidente. Sin embargo, cuando el escenario parecía empujar el telón hacia el final, apareció esa voluntad para una nueva obra futbolera irrepetible. Messi y sus escuderos eligieron seguir, pelear un partido más, postergar el adiós.


Este equipo ya no tiene nada que demostrar, no hay una obligación que así lo dicte. Lo hace porque todavía sienten que le queda una página en blanco a la historia. El final, tarde o temprano llegará pero estos jugadores decidieron que no sería ante Egipto, en un mediodía soleado en Atlanta. Habrá que esperar un poco más antes de escribir las últimas líneas del libro dorado de esta Selección que quiere un nuevo cara a cara con la gloria.


La sensación de perderlo todo. El alma que se desnuda junto al reloj, impiadoso e imparcial, con la alarma programada sobre un acontecimiento que ninguno de nosotros quiere que suceda: el tiempo del campeón del mundo está a punto de terminar.

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