Rescatan leyendas y misterios del norte neuquino

Celmira, su historia de amor y desamor y la joven de la laguna.

Redacción

Por Redacción

NEUQUEN (AN).- Cuenta Carlos Bello que andando por el norte neuquino, un arriero le aconsejó que se llevara una piedrita a la boca. Admite que le pareció gracioso, que miró sin entender y que -al cabo- no le hizo caso. Siguieron una legua más y el arriero lo encaró con firmeza para que cumpla con la solicitud. Al fin, un pedacito de piedra volcánica terminó por conformar al paisano mientras Bello mantenía la boca cerrada y los ojos como el dos de oro.

«Es para que la tierra no lo desconozca», le revelaron el misterio luego al músico neuquino.

«Para ellos ésa es una forma de conseguir que el visitante esté protegido, que pueda protegerse de los peligros congraciándose con la naturaleza», le cuenta Bello a «Río Negro».

Casi 25 años andando, escuchando y entendiendo el mágico norte neuquino, un escenario particular donde las leyendas y las costumbres suelen hacer piquetes.

«Las cantoras son quizás el símbolo más evidente de su cultura pero la idiosincrasia de la gente de esta parte del interior, la forma de interpretar la vida, con sus tiempos y su generosidad, es muy especial y distinto a todo», indicó el músico.

Al cabo del camino, Bello termina de volcar parte de sus vivencias en un CD que hermana música y leyendas, otro que muestras imágenes de su recorrida y un tercero interactivo. Allí se cuentan con música de fondo las leyendas de la selva triste, la del pehuén y la de Los Bolillos.

«La idea de este trabajo es mostrarlo, ofrecerlo en conjunto con productos de exportación que tienen la provincia y la región. Se trata de una síntesis y un homenaje que explica un poco de lo mucho que ignoramos del norte y de su gente», agregó.

Entre las leyendas hay una partida a partir de una historia de amor y dolor pero sin olvidos, la de Celmira Yañez, una mujer de la zona de Huinganco desaparecida cuando tenía 20 años. De ella sobrevive un cuaderno con poemas y canciones que se repiten entre las muchas cantoras que alimentan el culto a un particular estilo musical.

Celmira nació en 1947 y cuando apenas tenía un año su mamá la abandonó aunque e poco tiempo encontró cobijo en una familia de puesteros de la zona. El caso es que la felicidad familiar de Celmira se opacó una vez más cuando tenía siete años y un accidente en una tormenta (un rayo tal vez) se llevó a sus padres.

Así, la pequeña quedó huérfana por segunda vez hasta que otra familia le dio un techo y cariño sin curar la herida por las demás ausencias. Allí aprendió a leer y escribir. Y vaya que escribió: versos y más versos que se cantan en tonadas.

Cuando Celmira cumplió los 20, el amor por un hombre fulminó negros y grises y la joven se iluminó. El caso es que otra mujer terminó por robarle ese amor que ha de haber sido el último. Es que Celmira desapareció para siempre en 1967 ¿se tiró al río Neuquén? ¿Partió a Chile?

No hay certezas, nunca se encontró rastro alguno. Sólo dejó su cuaderno y sus canciones que son leyenda. Hasta hace unos años, el padrón electoral aún la registraba.

«En la identidad de los campesinados, tanto de raíz indígena como criolla, no sólo se puede encontrar el folclore en su música, también está impreso en sus creencias que nos muestran su forma de mirar y sentir el mundo», sintetiza Bello.

La leyenda de Los Bolillos, que refugió a los bandoleros de apellido Pincheira, quienes cometieron toda clase de atropellos diciendo que respondían al rey de España. Dicen que el fantasma de una quinceañera peina su cabellera en las cercanías de esas figuras, muy cerca de una laguna.


NEUQUEN (AN).- Cuenta Carlos Bello que andando por el norte neuquino, un arriero le aconsejó que se llevara una piedrita a la boca. Admite que le pareció gracioso, que miró sin entender y que -al cabo- no le hizo caso. Siguieron una legua más y el arriero lo encaró con firmeza para que cumpla con la solicitud. Al fin, un pedacito de piedra volcánica terminó por conformar al paisano mientras Bello mantenía la boca cerrada y los ojos como el dos de oro.

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