Con los ojos cerrados

A menos que el desprecio por el orden existente sirva para generar una alternativa, será peor que estéril.

Redacción

Por Redacción

Puesto que el ex jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, a diferencia de su rival Facundo Suárez Lastra, es considerado un «opositor» al statu quo, era de prever que triunfaría en la interna radical que se celebró hace poco en la Capital Federal. Sin embargo, de presentarse para las elecciones a senador en aquel distrito antes aliancista la diputada ex radical Elisa Carrió, Terragno podría verse aventajado por un margen muy amplio porque la chaqueña es decididamente más opositora que él, condición a la cual debe su popularidad actual. Es que según las encuestas, la mayoría de los argentinos se siente sumamente decepcionada por el desempeño del presidente Fernando de la Rúa, de su gobierno y de los esfuerzos de los diversos equipos que se han encargado de la política económica.

En el pasado, el clima imperante sería más que suficiente como para garantizarle a la oposición de turno una victoria aplastante en las próximas elecciones, pero ocurre que el colapso de confianza en la Alianza no ha sido acompañado por ningún alza significante de las acciones peronistas porque, como es notorio, el PJ no se ha dotado de nada parecido a un programa de gobierno. Si bien parecería que Eduardo Duhalde se impondrá sin problemas en la provincia de Buenos Aires, el ex gobernador debería su eventual éxito no a sus propios méritos, que son mínimos, sino al escaso atractivo de quien en teoría es su contrincante principal, Raúl Alfonsín, «político de raza» del subgénero radical, que podría verse superado hasta por Luis Farinello, cura que encarna la protesta de manera tan perfecta que hasta ahora no se ha dado el trabajo de formular propuestas concretas.

Dadas las circunstancias, que el grueso de la ciudadanía se sienta disconforme con la evolución del país es comprensible, pero a menos que el deprecio por el orden existente sirva para generar una alternativa, resultará ser peor que estéril al potenciar a las fuerzas constructivas y frustrar todas las iniciativas destinadas a producir mejoras auténticas. En los meses últimos, tanto el deseo de políticos supuestamente oficialistas de figurar como defensores heroicos del pueblo contra los ataques de «los mercados» como las actividades de piqueteros, sindicalistas y jueces que se han propuesto impedir que sea reducido el gasto público -parecería que a su entender la ley de déficit cero fue impulsada por políticos conservadores malignos, no por la falta de dinero- han debilitado enormemente al país. Gracias a esta gente, ha aumentado el riesgo de un «default» y por lo tanto de cortes de una dureza apenas concebible hasta tal punto que un banco internacional, el BNP Paribas, no ha titubeado en advertir que la Argentina podría hundirse en una cuestión de días. Puede que tales vaticinios se hayan inspirado en cálculos especulativos, pero esto no quiere decir que carezcan de importancia.

Tarde o temprano se producirá una reacción frente al negativismo sistemático de buena parte de la clase dirigente, pero cuanto más demore en aparecer, mayor será el peligro de que las «soluciones» planteadas sean autodestructivas. Aunque hasta ahora no hay señales de que esté por irrumpir una versión local del venezolano Hugo Chávez, la incapacidad de los comprometidos con recetas menos rudimentarias para elaborar un programa coherente está brindando a los propensos a entregarse a variantes supuestamente nuevas del populismo latinoamericano autoritario una oportunidad para aglutinarse para entonces formar un movimiento político organizado. Por lo pronto, quienes se sienten alarmados por esta posibilidad se han limitado a aprovecharla para presionar al gobierno de los Estados Unidos, diciéndole, en efecto, que si no nos da mucho dinero la Argentina podría alejarse de la democracia, pero mientras que a lo sumo los norteamericanos se sentirían molestos por la transformación del país en un foco de oposición al «liberalismo» en todas sus manifestaciones, los que tendrían motivos mucho más dolorosos para lamentarlo serían los argentinos mismos, razón por la que es urgente que los comprometidos con la modernización del país dejen de actuar como espectadores de la crisis para convertirse en protagonistas.


Puesto que el ex jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, a diferencia de su rival Facundo Suárez Lastra, es considerado un "opositor" al statu quo, era de prever que triunfaría en la interna radical que se celebró hace poco en la Capital Federal. Sin embargo, de presentarse para las elecciones a senador en aquel distrito antes aliancista la diputada ex radical Elisa Carrió, Terragno podría verse aventajado por un margen muy amplio porque la chaqueña es decididamente más opositora que él, condición a la cual debe su popularidad actual. Es que según las encuestas, la mayoría de los argentinos se siente sumamente decepcionada por el desempeño del presidente Fernando de la Rúa, de su gobierno y de los esfuerzos de los diversos equipos que se han encargado de la política económica.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora