Fracaso trágico
Aquí, el grueso de la clase dirigente ha abdicado de sus responsabilidades para asumir el papel grato y nada exigente del opositor.
Según el INDEC, en el curso de un solo año casi medio millón de personas en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires se hundieron en la pobreza que, conforme al organismo, supone pertenecer a una familia tipo que gana menos de 470 pesos mensuales o, de tratarse de un adulto soltero, menos de 155 pesos. Esto quiere decir que en la zona más avanzada del país hay aproximadamente cuatro millones de pobres, o sea, la tercera parte de la población. Puesto que la crisis económica no ha dejado de agravarse en los meses últimos, es de suponer que la cantidad de personas que apenas perciben lo suficiente como para subsistir ya es todavía mayor de lo que era cuando se concretó el sondeo y que en el mejor de los casos, antes de producirse la tan esperada «recuperación» la mitad de los porteños y sus vecinos del conurbano bonaerense será oficialmente calificada de pobre, mientras que en el resto del país la cifra será todavía mayor.
¿A qué se debe la tragedia así supuesta? Muchos -la mayoría- parecen no tener ninguna duda sobre la respuesta. Todos los días, políticos radicales, peronistas y frepasistas, intelectuales y clérigos la atribuyen al «modelo neoliberal» que a su entender impera en el país. Sin embargo, a pesar de este consenso ninguno se ha dado el trabajo de proponer cambios concretos, acaso por saber muy bien que ni el Estado nacional ni los provinciales están en condiciones de manejar cualquier programa destinado a atenuar las consecuencias de la prolongada crisis económica. Gracias a la incapacidad de los contrarios al «modelo» para plantear «alternativas» o incluso mejoras limitadas dignas de ser tomadas en cuenta, la Argentina se encuentra en el peor de los mundos: es, en teoría por lo menos, «capitalista», pero puesto que el debate político está dominado por los enemigos declarados del sistema, no puede operarlo con un mínimo de éxito. Se trata de una situación que no sólo es aberrante sino que también es cruel. Aquí, el grueso de la clase dirigente ha abdicado de sus responsabilidades para asumir el papel grato y nada exigente del opositor.
Se dan dificultades económicas en todos los países del mundo, sin excluir a los Estados Unidos, el Japón y los miembros de la Unión Europea, pero entre los considerados occidentales no hay ninguno cuyo desempeño ha sido más lamentable que aquél de la Argentina. ¿Será porque la Argentina es el único que ha optado por un «modelo neoliberal»? Claro que no. La diferencia es que mientras que en el resto del mundo la mayoría de los dirigentes profesionales, acompañada por casi toda la prensa, está resuelta a hacer lo posible por atraer a los inversores y aumentar la productividad y por lo tanto la competitividad, en nuestro país son demasiados los que por distintos motivos prefieren dedicarse a frustrar todos los intentos de llevar a cabo las reformas necesarias para que el conjunto pueda avanzar.
Hasta ahora, los esfuerzos de los decididos a salvar a la Argentina de los horrores del capitalismo -o sea, del orden económico que, lejos de fabricar miseria, ha permitido que centenares de millones de personas disfruten de niveles de comodidad superiores a los experimentados por las elites más opulentas del pasado- han resultado ser extraordinariamente exitosos. Pero si bien se las han arreglado para demorar la transformación del país de un ejemplar destartalado del populismo corporativo propio de los años treinta en una sociedad capitalista típica del inicio del siglo XXI, aún no han podido concebir para él un destino distinto, razón por la cual su discurso consiste casi exclusivamente en denuncias estridentes. He aquí el motivo principal por el que el país está cayendo en un vacío sin que una dirigencia, que en su mayoría está comprometida emotivamente -y también económicamente- con proyectos que no resultaron viables, haya procurado atenuar las consecuencias. Para colmo, es de prever que, con la lógica retorcida y la fatuidad que son sus características más notables, la clase política nacional tome la depauperación de otro medio millón de personas no por evidencia de su propio fracaso, sino por confirmación de que siempre ha tenido razón.
Según el INDEC, en el curso de un solo año casi medio millón de personas en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires se hundieron en la pobreza que, conforme al organismo, supone pertenecer a una familia tipo que gana menos de 470 pesos mensuales o, de tratarse de un adulto soltero, menos de 155 pesos. Esto quiere decir que en la zona más avanzada del país hay aproximadamente cuatro millones de pobres, o sea, la tercera parte de la población. Puesto que la crisis económica no ha dejado de agravarse en los meses últimos, es de suponer que la cantidad de personas que apenas perciben lo suficiente como para subsistir ya es todavía mayor de lo que era cuando se concretó el sondeo y que en el mejor de los casos, antes de producirse la tan esperada "recuperación" la mitad de los porteños y sus vecinos del conurbano bonaerense será oficialmente calificada de pobre, mientras que en el resto del país la cifra será todavía mayor.
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