Callejón sin salida
Gracias a ciertos "dirigentes", algunos inversores en potencia entenderán que no les convendría aproximarse a Zapala.
¿En qué consiste la diferencia entre una extorsión y un reclamo atendible? Parecería que a juicio de muchos es sólo una cuestión semántica. Si mediante amenazas varios centenares de personas tratan de obligar a otras a entregarles dinero, ningún juez vacilaría en enviarlas a la cárcel, pero si toman la precaución de redactar sus exigencias en términos políticos, tendrán cierta posibilidad de salirse con la suya. Se trata de una forma bastante primitiva de pensar que se ha difundido mucho en los años últimos, de ahí la proliferación de «piqueteros» en todo el país.
Lo que está ocurriendo en Zapala es un síntoma más de la resistencia de muchos, acaso de la mayoría, a aceptar que ya se han ido los días en que el Estado nacional o provincial creían disponer de los recursos materiales y administrativos para asegurar un buen pasar a cualquier comunidad o sector que contara con el poder político suficiente. Por ahora cuando menos, ni el gobierno de Fernando de la Rúa ni el de Jorge Sobisch están en condiciones de subsidiar a nadie aunque estuvieran convencidos de que un grupo determinado sí merecía una «reparación histórica». Además, puesto que no hay ciudad o pueblo alguno en el país que no pudiera formular un reclamo idéntico, los triunfos anotados por una movilización siempre sirven para alentar otras. Una razón por la que ya hay tantos piqueteros es que la experiencia ha mostrado que suele producir resultados. Otra es que muchos políticos y sindicalistas se las han arreglado para legitimar este método por creer que su «solidaridad» les permitiría llevar agua a sus propios molinos.
Huelga decir que los vecinos de Zapala, lo mismo que sus equivalentes de miles de otros municipios depauperados a lo ancho y lo largo del país, merecen la simpatía de los demás. Asimismo, nadie discute que es deber de las autoridades tratar de «aportar soluciones» a sus muchos problemas. Sin embargo, también es fundamental que los primeros respeten la ley y que tanto las autoridades como los aspirantes a reemplazarlas reconozcan que existen límites bien concretos a lo que pueden hacer. Por atractivos que a algunos les parezcan los planteos sociales, ideológicos o incluso religiosos que suelen emplearse con miras a justificar las violaciones de la ley, la anarquía resultante -o sea, la ley del más fuerte- no devolverá la prosperidad a ninguna zona sino que, por el contrario, destruirá aquellas perspectivas que todavía tiene de recuperarse. En cuanto a los políticos que dan a entender que su mera presencia en el poder serviría para poner fin a las penurias de «la gente» desencadenando una suerte de transformación existencial generalizada, debería ser evidente que siempre han estado mintiendo de manera desvergonzada.
¿Tienen «solución» Zapala y tantas otras municipalidades, incluyendo a aquellas que por motivos geográficos no pueden mostrar sus llagas por no estar cercanas a una ruta nacional o provincial bloqueable? Claro que sí. Siempre y cuando logren persuadir a sí mismas y a los demás que constituyen lugares excelentes en qué invertir, virtualmente cualquiera podría generar o atraer los recursos necesarios para que el desarrollo sea algo más que un lema sin sentido real. Aunque se dan algunos asentamientos que no tienen futuro y que, como a menudo ha sucedido a través de la historia en el mundo entero, terminarán como pueblos fantasma, sólo existe una razón para sospechar que Zapala podría resultar uno de ellos: la actitud de aquellos «dirigentes», estimulados por políticos y sindicalistas que privilegian sus propios intereses, que confunden a una sociedad local agobiada económicamente y que han convencido a tantos de que sólo el gobierno neuquino posee los medios para «solucionar» sus problemas. Gracias a ellos, algunos inversores en potencia ya entenderán que no les convendría en absoluto aproximarse a Zapala, una localidad al parecer dominada por revoltosos. Si bien es imposible prever los costos globales de sus hazañas, no cabe duda de que andando el tiempo resultarán ser muy grandes y que quienes los pagarán serán los vecinos mismos.
¿En qué consiste la diferencia entre una extorsión y un reclamo atendible? Parecería que a juicio de muchos es sólo una cuestión semántica. Si mediante amenazas varios centenares de personas tratan de obligar a otras a entregarles dinero, ningún juez vacilaría en enviarlas a la cárcel, pero si toman la precaución de redactar sus exigencias en términos políticos, tendrán cierta posibilidad de salirse con la suya. Se trata de una forma bastante primitiva de pensar que se ha difundido mucho en los años últimos, de ahí la proliferación de "piqueteros" en todo el país.
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