La cachetada
Merced en buena medida a la ubicuidad de medios audiovisuales que difunden en seguida por el planeta entero imágenes de cualquier incidente fuera de lo común, hoy en día un mero desliz verbal que antes hubiera pasado desapercibido puede ser más que suficiente como para arruinar una carrera prometedora, de suerte que fue inevitable que a partir del miércoles pasado Graciela Camaño fuera recordada más por la bofetada sonora que asestó al kirchnerista Carlos Kunkel que por la forma eficaz en la que se ha desempeñado como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados. Casi instantáneamente, imágenes del encontronazo comenzaron a ser repetidas no sólo en los canales televisivos del país sino también en otros del resto del mundo y en la internet. Mal que le pese a la diputada, lo ocurrido el miércoles pasado podría considerarse la culminación de su trayectoria pública. Por cierto, si bien cuenta con el respaldo de la mayoría de los diputados, no le será del todo fácil continuar encabezando una comisión parlamentaria clave. Aunque muchos coinciden en que Kunkel, un provocador serial que es un auténtico especialista en el arte de denigrar a quienes no comulgan con el gobierno kirchnerista, se había esforzado durante meses en hacerle perder los estribos aludiendo a las extravagancias de su esposo, el sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, y que por lo tanto la reacción de Camaño fue “humanamente” comprensible, no cabe duda de que el oficialismo se vio beneficiado por el episodio ya que, entre otras cosas, sirvió para desprestigiar todavía más a la oposición y al Congreso. Puesto que, desde hace más de un año, los estrategas del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner están procurando limitar el papel del Poder Legislativo, tratándolo como una “máquina de impedir” manejada por irresponsables que no le dejan más opción que la de gobernar mediante decretazos, el escándalo ocasionado por la pelea entre Camaño y Kunkel le ha venido de perlas, opacando el motivado por el affaire de las presuntas coimas y presiones que, a su vez, desvió la atención de la ciudadanía de los problemas planteados por un proyecto de presupuesto que a juicio de muchos está lleno de defectos. El arco opositor, pues, acaba de experimentar un nuevo revés al caer una dirigente muy respetada en la trampa que le fue tendida por un personaje que es célebre por su carácter pendenciero. Para muchos, la conducta de Camaño fue sintomática, ya que dista de ser el único legislador opositor al que le ha resultado difícil conservar la calma frente a los ataques personales constantes de los que son blancos por parte de Kunkel y otros representantes del gobierno nacional. Con todo, si bien es natural que a menudo los integrantes de los diversos bloques parlamentarios se hayan sentido sumamente exasperados por su incapacidad para aprovechar los triunfos electorales que consiguieron hace más de un año, deberían entender que no les conviene en absoluto permitir que su frustración se manifieste a través de actos de violencia física, brindando así a kirchneristas como el diputado Agustín Rossi una oportunidad para burlarse de “la desesperación de un sector político que, en la impotencia de no poder imponer sus puntos de vista, apela al escándalo de las falsas denuncias y hasta de la violencia fascista”. En la batalla por la opinión pública, las impresiones primarias suelen importar más que los análisis ecuánimes. Mientras que los kirchneristas están tratando de hacer pensar que lo único que quiere la oposición es “poner palos en la rueda” con la esperanza de aprovechar la crisis socioeconómica que está procurando provocar, sus adversarios buscan brindar la impresión de estar resueltos a defender las instituciones básicas del país contra los intentos de avasallarlas de un gobierno corrupto y autoritario. Hasta ahora cuando menos, parecería que “el relato” kirchnerista ha resultado ser más convincente que el preferido por la oposición. Además de ser fortalecida políticamente por la muerte súbita de su marido, la presidenta se ha visto beneficiada por la confusión imperante en las filas opositoras donde tanto el impacto del fallecimiento de Néstor Kirchner como los enfrentamientos internos incesantes han contribuido a sembrar el desconcierto.
Merced en buena medida a la ubicuidad de medios audiovisuales que difunden en seguida por el planeta entero imágenes de cualquier incidente fuera de lo común, hoy en día un mero desliz verbal que antes hubiera pasado desapercibido puede ser más que suficiente como para arruinar una carrera prometedora, de suerte que fue inevitable que a partir del miércoles pasado Graciela Camaño fuera recordada más por la bofetada sonora que asestó al kirchnerista Carlos Kunkel que por la forma eficaz en la que se ha desempeñado como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados. Casi instantáneamente, imágenes del encontronazo comenzaron a ser repetidas no sólo en los canales televisivos del país sino también en otros del resto del mundo y en la internet. Mal que le pese a la diputada, lo ocurrido el miércoles pasado podría considerarse la culminación de su trayectoria pública. Por cierto, si bien cuenta con el respaldo de la mayoría de los diputados, no le será del todo fácil continuar encabezando una comisión parlamentaria clave. Aunque muchos coinciden en que Kunkel, un provocador serial que es un auténtico especialista en el arte de denigrar a quienes no comulgan con el gobierno kirchnerista, se había esforzado durante meses en hacerle perder los estribos aludiendo a las extravagancias de su esposo, el sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, y que por lo tanto la reacción de Camaño fue “humanamente” comprensible, no cabe duda de que el oficialismo se vio beneficiado por el episodio ya que, entre otras cosas, sirvió para desprestigiar todavía más a la oposición y al Congreso. Puesto que, desde hace más de un año, los estrategas del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner están procurando limitar el papel del Poder Legislativo, tratándolo como una “máquina de impedir” manejada por irresponsables que no le dejan más opción que la de gobernar mediante decretazos, el escándalo ocasionado por la pelea entre Camaño y Kunkel le ha venido de perlas, opacando el motivado por el affaire de las presuntas coimas y presiones que, a su vez, desvió la atención de la ciudadanía de los problemas planteados por un proyecto de presupuesto que a juicio de muchos está lleno de defectos. El arco opositor, pues, acaba de experimentar un nuevo revés al caer una dirigente muy respetada en la trampa que le fue tendida por un personaje que es célebre por su carácter pendenciero. Para muchos, la conducta de Camaño fue sintomática, ya que dista de ser el único legislador opositor al que le ha resultado difícil conservar la calma frente a los ataques personales constantes de los que son blancos por parte de Kunkel y otros representantes del gobierno nacional. Con todo, si bien es natural que a menudo los integrantes de los diversos bloques parlamentarios se hayan sentido sumamente exasperados por su incapacidad para aprovechar los triunfos electorales que consiguieron hace más de un año, deberían entender que no les conviene en absoluto permitir que su frustración se manifieste a través de actos de violencia física, brindando así a kirchneristas como el diputado Agustín Rossi una oportunidad para burlarse de “la desesperación de un sector político que, en la impotencia de no poder imponer sus puntos de vista, apela al escándalo de las falsas denuncias y hasta de la violencia fascista”. En la batalla por la opinión pública, las impresiones primarias suelen importar más que los análisis ecuánimes. Mientras que los kirchneristas están tratando de hacer pensar que lo único que quiere la oposición es “poner palos en la rueda” con la esperanza de aprovechar la crisis socioeconómica que está procurando provocar, sus adversarios buscan brindar la impresión de estar resueltos a defender las instituciones básicas del país contra los intentos de avasallarlas de un gobierno corrupto y autoritario. Hasta ahora cuando menos, parecería que “el relato” kirchnerista ha resultado ser más convincente que el preferido por la oposición. Además de ser fortalecida políticamente por la muerte súbita de su marido, la presidenta se ha visto beneficiada por la confusión imperante en las filas opositoras donde tanto el impacto del fallecimiento de Néstor Kirchner como los enfrentamientos internos incesantes han contribuido a sembrar el desconcierto.
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