Desayunar y cenar temprano: por qué el horario de las comidas influye en la salud del corazón
Estudios científicos indican que adelantar la primera y la última comida del día se asocia con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, y que retrasarlas puede elevar dichos riesgos.
La alimentación cumple un rol central en el cuidado cardiovascular, pero no solo importa qué se come, sino también a qué hora. En los últimos años, distintas investigaciones pusieron el foco en los horarios de las comidas y su impacto sobre el metabolismo, el peso corporal y el riesgo de enfermedades cardíacas.
El desayuno suele considerarse la comida que marca el inicio del día. Ayuda a reactivar el metabolismo, mejora la concentración y favorece el rendimiento físico y mental, siempre que incluya nutrientes clave como proteínas, fibra y grasas saludables. Este tipo de combinación contribuye además a mantener estables los niveles de glucosa y prolongar la sensación de saciedad.

Sin embargo, más allá de la calidad nutricional, el momento en que se realiza la primera comida del día puede tener efectos directos sobre la salud del corazón. Comer demasiado tarde por la mañana se asocia a un mayor riesgo cardiovascular, un riesgo que aumenta de forma progresiva cuanto más se retrasa el desayuno.
Algo similar ocurre con la cena. Cenar entrada la noche se vincula con un mayor riesgo de eventos cerebrovasculares, en comparación con quienes adelantan esa comida y la realizan a horarios más tempranos. El organismo, hacia el final del día, procesa los alimentos de manera diferente y con menor eficiencia metabólica.
El rol del reloj biológico

Un estudio realizado en 2023 y publicado por Nature revela que uno de los factores clave detrás de esta relación es el ritmo circadiano, el reloj interno que regula funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo. Este sistema también influye en la sensibilidad a la insulina, es decir, en la capacidad del cuerpo para utilizar el azúcar proveniente de los alimentos.
Por la mañana, el organismo es naturalmente más sensible a la insulina, lo que facilita un mejor aprovechamiento de la glucosa. A medida que avanza el día, esa sensibilidad disminuye. Por eso, retrasar el desayuno o concentrar gran parte de la ingesta en horarios nocturnos puede generar desajustes metabólicos.
Cuando las comidas se realizan tarde, el cuerpo tiende a procesar peor las grasas y los azúcares, lo que puede favorecer el aumento de peso y elevar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares a largo plazo.
Adelantar horarios, un hábito simple con impacto
Adoptar el hábito de desayunar más temprano y adelantar la cena aparece como una estrategia sencilla, pero efectiva, para acompañar una alimentación saludable. No se trata de restricciones extremas, sino de alinear los horarios de comida con el funcionamiento natural del organismo.
En ese sentido, mantener rutinas regulares, evitar cenas muy tardías y respetar los tiempos biológicos puede convertirse en un aliado silencioso para cuidar el corazón, mejorar el metabolismo y promover un bienestar integral sostenido en el tiempo.
La alimentación cumple un rol central en el cuidado cardiovascular, pero no solo importa qué se come, sino también a qué hora. En los últimos años, distintas investigaciones pusieron el foco en los horarios de las comidas y su impacto sobre el metabolismo, el peso corporal y el riesgo de enfermedades cardíacas.
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