Detrás del contenido: La Chusma y Belu Misson cuentan cómo es trabajar de influencer en Neuquén

Detrás de las fotos perfectas y los videos virales hay horas de planificación, edición, negociación con marcas y análisis de métricas. Ser creador de contenido implica mucho más que publicar en redes sociales. En esta nota la experiencia de dos neuquinas que tienen miles de seguidores en sus cuentas de Instagram.

Por Emiliana Cortona

“Nunca estuvo en mis planes ser influencer”, dice la mujer detrás de @lachusma_nqn la cuenta de Instagram que es todo un éxito en Neuquén. Con 69,5 mil seguidores Belu Coyopae hoy es famosa por recomendar restaurantes y cafés en Neuquén.

Es miércoles 3 de febrero a las 13:40 y su celular le muestra que estuvo la mitad del día frente a la pantalla. “Y eso que es temporada baja”, dice. Es que con el celular filma, edita, postea, revisa métricas y hasta lo usa para mandar mensajes y recibir llamadas. “En diciembre, en temporada alta, lo uso 12, 13 horas como mínimo”.

Su cuenta arrancó en pandemia, con un fin altruista:  ayudar a emprendedores.  Subía, por ejemplo, quién ofrecía budines caseros, quienes cosían barbijos, etc. Ella estudiaba para contadora y nada sabia sobre redes sociales, pero su cuenta empezó a crecer. A su buzón personal empezaron a llegar miles de mensajes que querían que recomiende sus productos. “En un momento tenía explotada la casilla. Tuve que organizarme. Dije: voy a subir diez historias por día, entonces les empecé a avisar a los emprendedores cuando iba a subir su contenido”. Y la cuenta creció. Y creció.

Después empezó a recomendar cafés y restaurantes. “La parte gastronómica es la que más me gusta”. Y empezó a recibir más mensajes: “Che Chusma ¿Me recomedás un lugar para ir a merendar con mi mamá? O ¿Sabes dónde puedo conseguir tal cosa?” De a poco, se convirtió en una referencia. Le llegaron regalos y ofertas para que haga contenido. Tantas que hasta los shoppings de Neuquén la contrataron. “Ahí caí. Ahhh soy influencer me dije”.  

@lachusma_nqn tiene 69.5 mil seguidores en Instagram. Foto: Gentileza

Belu Misson – @belumissona principios de 2021 subió un reel. Uno muy pavo. Haciendo lip-syncing, la técnica de hacer coincidir los movimientos de la boca de una persona con la voz de otra. Lo hizo para sus mil seguidores, amigos, conocidos y familiares. Y sin buscarlo, se viralizó. A la semana ya tenía 20 mil seguidores. El segundo video, en tres días llegó a tres millones de reproducciones. En menos de un año, ya tenía 100.000 seguidores. Y sus videos no bajaban de 300.000 mil reproducciones.

Belu Misson es actriz, cantante y bailarina y eso le favorece. “Yo juego mucho con la cara y con los gestos. Subo videos graciosos y gusta mucho. Fui una de las primeras en subir reels y eso me ayudó mucho”. En aquel momento trabajaba para una plataforma de stream de Colombia en la que cantaba canciones de Disney. Ahí conseguía su sueldo. También hacia shows y actuaba. Pero, sus videos cosechaban millones y millones de reproducciones. Entonces empezó con canjes. “Pero, no me podía alimentar de uñas, pestañas y productos que publicitaba. Por eso, empecé a cobrar”.  

A fines del 2022 sintió que podía vivir de eso. El traje de ser influencer le empezó a quedar cómodo. Tanto que hasta logró festejar sus 29 con salón, bebidas, decoración, maquillaje, ropa, torta, todo de canje. Pero, esa misma noche saboreó los pros y los contras de ser influencer. “Ahí dije: no lo hago nunca más. Me la pasé grabando videos toda la noche”. En marzo del 2023 se coronó: ganó un Martín Fierro como “Mejor Influencer del Alto Valle”.

Pero, lo que parece espontáneo tiene detrás muchas horas de trabajo. Y de estrés. Hoy su cuenta tiene 301 mil seguidores, o sea la población que tenía Neuquén capital en 2022. Lo que parece en pantalla es el resultado de un trabajo sostenido que combina creatividad, exposición y presión constante por mantenerse visible.

Ambas son su propio equipo. Piensan la idea, buscan referencias, investigan de lo que van a hablar, guionan, filman, editan, suben a sus redes sociales. Ellas y su celular funcionan como una productora.  

Beu Misson además de ser influencer es actriz y cantante. Foto: Cecilia Maletti

“Son muchas más horas de trabajo de lo que se cree. No es solamente ir a grabar y subir”, cuenta La Chusma, “yo soy mamá de dos nenes y la vida fuera de las redes sigue. Yo estoy editando, por ejemplo, y ellos saltan de un lado para el otro. Me dicen: “Mamá, vení para acá”, “Mamá, hagamos esto” y yo con el celu editando”.

Todos quieren ser influencer porque lo ven fácil, pero no lo es”, sigue Belu Misson, “si me contrata una marca, tengo que cranear que lo que subo no parezca una publicidad, porque si no Instagram no lo muestra. Siempre hay un trabajo bastante duro atrás de lo que subo”.  

Ambas están poniendo una pausa a su celular. Saben que es lo que las potencia, pero también lo que las asquea. Hay que planificar, hay que saber cuántos videos subir por día. No hay que excederse ni tampoco limitarse. Saber por qué Instagram te puede castigar o por qué premiar.

Belu Coyopae es la mujer detrás de La Chusma en Instagram. Foto: Gentileza

“Cuando subís un contenido, estás todo el tiempo mirando el celular. Viendo cómo le fue”, explica Belu Misson, “hace un tiempo, subía un contenido a la noche, y a la mañana el celular era lo primero que agarraba. Revisaba cuánta gente lo había visto, cuántos comentarios tenía. Tenía una enfermedad que no se la recomiendo a nadie”.

Es que en 2025 Belu Misson vivió al 100% de sus redes sociales. Pero también tuvo que afrontar las consecuencias. “Estaba pendiente de cuántas historias tenía que subir, de cuándo sí, de cuándo no, de cómo le va a lo subido. La gente no sabe que existe esta presión que se genera cuando te pagan por una historia”. Tanta presión que la afectó: “Llegué al punto de que mi humor dependía de cómo me iba en un video. Si en los primeros cinco minutos el video no tenía más de 10.000 reproducciones, me sentía fatal. Lo quería borrar, me daba vergüenza. Me empezaba a deprimir”.

Belu dijo basta. “No puedo estar así, me estoy enfermando”.

A La Chusma le pasó algo similar: tuvo que entender el comportamiento del algoritmo, saber que algunos videos funcionan, otros no. “Hay que saber que las métricas van a fluctuar. Por eso, dije: calma, lo que importa es mi comunidad, mi gente, la que esta del otro lado. Trato de no focalizarme tanto en los números”.

Ser influencer es también no tener días de licencia por enfermedad, ni ART, ni vacaciones pagas, y en el mejor de los casos ser monotributista. “Yo he hecho videos con fiebre, mega contra triste. Pero, los hice porque era mi trabajo”, dice Belu. “El lado “B” de ser independiente es que hay meses que son pum para arriba y otros que son más flojos, y hay que saber administrarse”, suma La Chusma.

Es que cobrar por contenido tampoco es tan estándar ni es que hay un nomenclador. Lo que el influencer se lleva por subir una historia, un posteo, o un reel depende de muchos factores: de la cantidad de sus seguidores, del rendimiento del video, del alcance, de las interacciones, de la comunidad que tenga, de si la marca es grande o pequeña. Pero, para poner un ejemplo, a una pyme, un posteo estándar, puede costarle entre 200 y 250 mil pesos. Y eso también depende de si el o la influencer trabajar sola o en equipo.

Ambas coinciden algo: ser influencer no es para cualquiera. Muchos llegan por carisma, otros por suerte. Pero, por lo que sea hay que sostenerlo. “Si o si es con estudios”, dice Belu Misson, “la suerte es muy limitada y no es para todos”. “Ser influencia te abre un montón de puertas”, suma La Chusma, “pero también estudiar y formarse”.

Belu Misson aun no desayunó y sabe que al hacerlo va a grabar unas ideas para subir videos por la tarde. La Chusma aún no ha publicado nada en el día. Sabe que le espera una tarde de pensar qué subir. “Algo”, cierra, “se me va a ocurrir”.


“Nunca estuvo en mis planes ser influencer”, dice la mujer detrás de @lachusma_nqn la cuenta de Instagram que es todo un éxito en Neuquén. Con 69,5 mil seguidores Belu Coyopae hoy es famosa por recomendar restaurantes y cafés en Neuquén.

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