Su primera casa maravilla en la Venecia de Entre Ríos: fue elegida entre las mejores del 2025
Villa Paranacito, en el delta entrerriano, es el escenario del primer proyecto integral de Martina Lew, de 24 años, estudiante avanzada de Arquitectura en la UBA. Con tres años de experiencia profesional en el estudio del arquitecto de la Patagonia Andrés Remy, inició después su propio camino. Así es la casa que fue elegida por Arch Daily entre las 100 mejores de América Latina del 2025: el concepto, los materiales y el valor del m2.

Comenzó a diseñar esta maravilla a los 22 años, cuando cursaba el tercer año de la carrera de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y ese refugio soñado en Villa Paranacito, en el delta de Entre Ríos, estuvo listo en el 2025, cuando tenía 24 y ya era estudiante avanzada en la facultad. Fue su primer proyecto integral. Y sería elegido entre los mejores cien del año, nada menos que por Arch Daily.
Martina Lew cuenta con tres años de experiencia en Remy Arquitectos, que transitó entre Buenos Aires y destinos del exterior como integrante de uno de los estudios más prestigiosos del país. Lo lidera Andrés Remy, el talentoso profesional nacido en General Conesa, en el Valle Inferior de Río Negro, que vivió en Neuquén y se recibió de arquitecto también en la UBA, en el año 2000.
“En el estudio trabajé en proyectos residenciales tanto a nivel nacional como internacional, en lugares como Abu Dhabi y Miami, lo que me permitió explorar y comprender distintas maneras de concebir y diseñar los espacios, una etapa que me aportó la experiencia necesaria para poder emprender un proyecto propio”, cuenta Martina.
Y si de proyectos propios se trata, nada mejor que empezar con uno que fue seleccionado entre los 100 mejores del 2025 en América Latina por una influyente plataforma especializada consultada por arquitectos, estudiantes y por la audiencia interesada en conocer las obras más atractivas.



¿Cómo le impactó integrar ese ranking de Arch Daily? “Es un honor formar parte de una selección de arquitectos a los que admiro profundamente y resulta muy gratificante que un proyecto tan personal haya podido resonar con otros”, dice Martina.
El proyecto
Como explica a Diario Río Negro, se emplaza en Villa Paranacito, Entre Ríos, inmerso en el ecosistema del Delta entrerriano, a orillas de un canal secundario derivado del Arroyo Martínez.

El entorno se caracteriza por un paisaje de islas bajas e inundables, definido por albardones naturales, vegetación ribereña y una trama de cursos de agua que conforman un sistema fluvial dinámico y cambiante.

La vivienda se implanta sobre una elevación natural del terreno, condición que asegura un mejor asentamiento y un resguardo adecuado frente a eventuales crecidas.
Desde el inicio, las decisiones proyectuales se tomaron en estrecha relación con el paisaje, entendiendo al sitio no solo como soporte físico, sino como parte activa del habitar
La estructura
La casa busca capturar y enmarcar las visuales en ambas direcciones: hacia el canal y hacia el campo abierto que se despliega en el frente opuesto.
Para responder a esta doble orientación, se proyectó una estructura lineal de madera, de 4 metros de ancho por 22 metros de largo, que se posa con sutileza sobre el terreno y acompaña la horizontalidad del paisaje.

Una galería longitudinal funciona como espacio de transición y articulación, organizando la vivienda en dos sectores principales, explica la autora del proyecto en la memoria descriptiva.
Por un lado, el núcleo doméstico, compuesto por cocina, comedor y estar integrados junto a una habitación en suite. Por el otro, un dormitorio en suite con las mismas características que el del sector principal, otorgando privacidad entre ambas secciones.


Gracias a su implantación lineal y a su apertura hacia ambos frentes, la vivienda construye escenas cuidadosamente dirigidas tanto hacia el curso de agua como hacia el campo.
Esta estrategia no solo habilita distintas formas de habitar el entorno, sino que también pone en valor el paisaje, incorporándolo como parte esencial de la experiencia espacial.
El doble ventanal (ventanales que miran al campo y al curso de agua) explica la orientación de la obra que mira al noreste en la cara enfrentada al campo, que permite disfrutar la intensidad solar de la mañana. La cara que mira al canal, permite contemplar los bellos atardeceres sobre el agua.
El diseño rectangular de la obra, facilita la ventilación cruzada en todos los puntos cardinales, disminuyendo el consumo energético general de la vivienda
Sistema constructivo
En cuanto a la materialidad, se optó por un sistema constructivo de wood frame. Está basado en una construcción en seco compuesto de una estructura portante de entramado de madera que conforma muros y cubierta, sobre la cual se disponen capas de cerramiento y aislación. Estos paneles se apoyan sobre una platea de hormigón armado, elevando la construcción y protegiéndola de la humedad propia del terreno.

El revestimiento exterior se resolvió con madera de pino Paraná tratada mediante la técnica tradicional japonesa de quemado, conocida como shou sugi ban, que mejora la durabilidad del material, su resistencia frente a la humedad, los insectos y el fuego, y le otorga al conjunto una presencia material sobria y expresiva, explica Martina.

En contraste, en el interior se utilizó madera de pino Paraná con un acabado más claro que su tonalidad natural, generando una atmósfera cálida y luminosa. Este drástico contraste entre la rusticidad del exterior y la calidez del interior genera una atmósfera que marca el ritmo entre el afuera y el adentro.
Un proyecto con historia
“El sitio ya me era familiar, ya que se trata de una porción de tierra que pertenece a mi familia desde hace quince años, aunque hasta el año 2023 no se había tomado la decisión de construir. Desde niña, he acompañado a mi padre a visitar el campo, a disfrutar de ese espacio natural. Mi proyecto de convertirme en arquitecta dio el paso definitivo que estimuló a mi padre a concretar la obra; esa convergencia de tiempos y ciclos vitales individuales garantizó esta inigualable realidad”, continúa la autora del proyecto.
Cuenta también que la relación con el cliente -en este caso, su padre- se desarrolló de manera natural, basada en la confianza, el diálogo permanente y una mirada compartida sobre la forma de habitar el territorio.


“La primera noche que nos quedamos a pernoctar marcó el momento en que la casa dejó de ser obra y pasó a ser hogar”, dice.
Para Martina, el proyecto nace de la fascinación por el ecosistema del Delta entrerriano y se consolida como una búsqueda por convivir con el paisaje en lugar de imponerse sobre él. Su implantación, orientación y forma expresan un gesto simple y respetuoso, profundamente enraizado en la lógica del lugar, explica. Y agrega: “Se trató de un proyecto largamente soñado, que requirió tiempo, dedicación y una reflexión constante sobre las particularidades y desafíos del sitio”
Ficha técnica
- Casa en Villa Paranacito
- Diseño y documentación: Martina Lew
- Construcción y dirección: Delta construcciones
- Ubicación: Villa Paranacito, Departamento de Islas del Ibicuy
- Superficie: 90 m2
- Lote: 33.300 m2
- Año: 2025
- Fotografía: Alex Freixá Kalwill
Minibío
Martina Lew es estudiante avanzada de la carrera de Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires.

El proyecto comenzó a gestarse durante su tercer año de la carrera, a los 22 años y lo dio por finalizado a sus 24 años. Cuenta con tres años de experiencia profesional en el estudio Remy Architects (en proyectos locales e internacionales) y actualmente desarrolla su actividad de manera independiente, realizando trabajos de reformas y como renderista freelance (en proyectos locales e internacionales).
Contacto: @martinalew__ martinalew01@gmail.com

Comenzó a diseñar esta maravilla a los 22 años, cuando cursaba el tercer año de la carrera de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y ese refugio soñado en Villa Paranacito, en el delta de Entre Ríos, estuvo listo en el 2025, cuando tenía 24 y ya era estudiante avanzada en la facultad. Fue su primer proyecto integral. Y sería elegido entre los mejores cien del año, nada menos que por Arch Daily.
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