Empezó con 30 vacas y hoy su cabaña en Río Negro es una referencia en genética para el circuito patagónico

Pampeano de origen y radicado en Viedma desde 1988, levantó su propia chacra en más de dos décadas y hoy es referencia en genética Angus en la región.

Por Auribel Zuarce

En el corazón productivo de Valle Inferior, la historia de Edgardo Tejeda combina vocación familiar, servicio técnico y una apuesta sostenida por la genética bovina. Técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la zona y titular de la cabaña La Carlota, construyó durante más de dos décadas un rodeo que hoy es referencia para los criadores patagónicos.

«Soy pampeano, vengo de familia ganadera de toda la vida», resumió. La vida lo trajo a Viedma en 1988. Trabajó en el Idevi, luego pasó a la actividad privada y, tras la crisis de comienzos de los 2000, regresó al ámbito público. En paralelo, empezó a gestar su propio proyecto productivo: «Arranqué con 30 vacas Angus muy buenas. Con el tiempo pude comprar una chacra y la fui construyendo de a poco. Me llevó más de 20 años tener algo propio».

Edgardo Tejeda comenzó con 30 vacas y hoy consolida una cabaña que aporta genética a la Patagonia. Foto: Marcelo Ochoa.

Hoy La Carlota cuenta con alrededor de 210 vacas PC (Puro Controlado) y vaquillonas preñadas para criadores de la región y toros Puro Controlado destinados al circuito patagónico.

Además de preparar toros Puro Controlado para el circuito patagónico, La Carlota tiene como objetivo central proveer vaquillonas preñadas a los criadores de la región, aportando genética adaptada al monte rionegrino.


Por qué Angus


La elección de la raza no fue casual. Según explicó Tejeda, en Argentina «cerca del 70% del rodeo es Angus», una raza que —afirma— hoy está reconocida en el mundo por su calidad y eficiencia productiva.

La selección apunta a animales moderados, funcionales y con calidad carnicera, pensados para los sistemas pastoriles del sur. Foto: Marcelo Ochoa.

«La raza tiene todas las características. Está reconocida en el mundo como superior. Son muy buenas madres y tienen muy buena conformación carnicera», señaló el productor, quien además fue director de la Asociación Argentina de Angus representando a la Patagonia durante dos años. «También hay un poco de camiseta», admitió.


Veinte años de genética planificada


Uno de los pilares de la cabaña es el trabajo sistemático en mejoramiento genético. «Hace 20 años que insemino todo el rodeo», señaló. La selección de toros no es azarosa: busca padres pastoriles, de frame moderado, pensados para las condiciones del monte patagónico.

«Vendo toros para criadores de la zona que los llevan al monte, donde muchas veces la oferta forrajera no es la ideal. Por eso necesitamos animales moderados, funcionales y eficientes, que se adapten al sistema», explicó.

En la selección observa varios factores. Primero, la conformación estructural. Luego, la mansedumbre —una característica que años atrás era cuestionada en la raza pero que, asegura, ha mejorado notablemente—. Y, cada vez con mayor peso, los datos productivos objetivos.

Entre ellos, el área de ojo de bife cobra relevancia creciente. «Creo que en poco tiempo la carne se va a pagar definitivamente por calidad, y eso ya está empezando a suceder», sostuvo. En esa línea, el marmoreo —la grasa intramuscular que aporta terneza y sabor— se convierte en un indicador determinante al momento de elegir un reproductor.

El trabajo no termina con la inseminación. «Cuando inseminamos sabemos con qué toro trabajamos», explicó Tejeda. A medida que comienzan los nacimientos —que en plena parición pueden ser diarios o incluso dos veces por día— el control es minucioso.

Mario Quispe acompaña desde el campo el proceso de selección genética que impulsa la cabaña. Foto: Marcelo Ochoa.

Se registra el número de caravana de la vaca, se identifica al ternero y se infiere con precisión su padre. Desde ese momento comienza un seguimiento productivo sistemático, se toma el peso al nacimiento, luego al destete y nuevamente alrededor de los 12 meses, en esa etapa también se realizan ecografías.

Desde este año, además, la cabaña ingresó al ERA (Evaluación de Reproductores Angus), el programa de la Asociación que devuelve datos objetivos más allá de la evaluación fenotípica. «Eso nos permite seleccionar mejor según nuestros objetivos: animales moderados, de rápido crecimiento, bajo peso al nacimiento y buena docilidad».


Toros para el circuito patagónico


Actualmente, La Carlota prepara toros PC hijos de vacas y vaquillonas Puro Controlado y de toros de pedigrí. Algunos de ellos, con 15 meses y alrededor de 500 kilos, están criados a campo, a puro pasto. En la etapa previa a las exposiciones, ingresan a piquetes donde se les incorpora suplementación con maíz picado y silo, con el objetivo de que lleguen en óptimas condiciones y alcancen los 750 kilos.

Todos están destinados al circuito patagónico de exposiciones, que incluye muestras en Río Colorado, la Comarca Viedma-Patagones, General Conesa y el Valle Medio.

Los toros se crían a campo y luego reciben suplementación para su preparación rumbo al circuito regional. Foto: Marcelo Ochoa.

Tejeda no dudó en señalar que el contexto actual es distinto al de décadas anteriores. «Nunca viví esto. Antes llegábamos a fin de año con lo justo para sobrevivir. Hoy creo que se puede invertir«.

Para el productor y técnico, la valorización de la hacienda y la apertura de mercados generaron un escenario de mayor rentabilidad. «En los últimos 30 años la ganadería no creció y cada vez teníamos menos hacienda. Eso pasa cuando no hay rentabilidad. Hoy, con rentabilidad, el potencial que tenemos es enorme».

Con más de 200 madres Puro Controlado, la cabaña La Carlota trabaja en selección genética. Foto: Marcelo Ochoa.

En los valles patagónicos, agrega, el crecimiento es visible. El maíz tuvo un rol clave al permitir mejorar la alimentación invernal, especialmente en planteos de genética donde la nutrición es determinante.

«Cuando vendés genética, vendés sanidad también», enfatizó. Por eso, el planteo sanitario es tan riguroso como la selección genética. En un mercado cada vez más exigente, la calidad no se limita al fenotipo: incluye información, previsibilidad y respaldo técnico.

Una apuesta paciente, construida a lo largo de más de veinte años, que hoy proyecta a la ganadería patagónica hacia un escenario de crecimiento y mayor competitividad.


En el corazón productivo de Valle Inferior, la historia de Edgardo Tejeda combina vocación familiar, servicio técnico y una apuesta sostenida por la genética bovina. Técnico del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la zona y titular de la cabaña La Carlota, construyó durante más de dos décadas un rodeo que hoy es referencia para los criadores patagónicos.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar