Un «enemigo invisible»: descubren microplásticos en las playas de Puerto Madryn y el Golfo Nuevo
Investigadores del CONICET mapearon por primera vez la costa del Golfo Nuevo y confirman la presencia de estos contaminantes plásticos, imperceptibles a simple vista, en niveles "bajos a moderados". El estudio advierte sobre su dispersión y la necesidad de tomar conciencia para proteger el mar de la Patagonia.
El mar de la Patagonia alberga paisajes deslumbrantes, animales gigantescos como las ballenas de Puerto Madryn, playas extensas y, también, microplásticos. Un reciente estudio del Centro Nacional Patagónico (Centap) dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) analizó las costas del Golfo Nuevo, donde descubrieron «niveles bajos a moderados» de partículas. Instan a la población a reducir el consumo de plásticos y a los gobiernos a pensar iniciativas para mitigar la situación.
El trabajo, liderado por la investigadora Ayelén Costa junto a Rodrigo Hernández Moresino, implicó el muestreo de 12 estaciones durante la primavera, tras la pandemia. El objetivo: evaluar la abundancia, fuentes y destino de estas partículas. «La idea que tuvimos era ver un panorama general. Se nos ocurrió hacer un estudio costero, tratar de abarcar la mayor cantidad de puntos posibles dentro del Golfo», señaló Costa sobre la génesis del proyecto.
Los resultados arrojan una distinción clave entre lo que ocurre en el agua y lo que sucede en la arena. El agua funciona como una fotografía instantánea. Allí, las concentraciones más altas aparecen cerca de Puerto Madryn, bajo la influencia directa de la actividad urbana. «Lo que vemos en el agua es un instante, una foto del momento», detalló la científica.
Sin embargo, los sedimentos cuentan otra parte, la arena actúa como un archivo histórico. «En el sedimento se vio una distribución más pareja de estas partículas a lo largo de la costas», comentó. Explicó que, una vez en el mar, las corrientes y los vientos fuertes redistribuyen los desechos hacia playas alejadas y aparentemente vírgenes. Factores como la pendiente de la playa y el tipo de grano de arena influyen en esta acumulación silenciosa.
¿Qué encontraron en la costa del Golfo Nuevo?
El equipo identificó principalmente fibras y fragmentos de plásticos secundarios, aquellos que surgen de la ruptura de objetos mayores como botellas o envases. Un dato positivo es la ausencia casi total de pellets industriales o microesferas primarias. «Casi todos son microplásticos secundarios, que derivan de la fragmentación de plásticos más grandes», aclaró la experta. Esto sugiere que la fuente principal es el desgaste de productos de consumo y no vertidos industriales directos.
Si bien las concentraciones halladas se consideran de «bajas a moderadas» en comparación con puntos críticos globales como el Mediterráneo o el Sudeste Asiático, la situación exige vigilancia. «Era fundamental tener una línea de base para saber cómo estábamos», remarcó Costa.
Este primer diagnóstico permite detectar cambios futuros y pensar estrategias. «Si el día de mañana de repente aparecemos en nuestras playas con varios microplásticos primarios que antes no teníamos, ahí podemos preguntarnos qué pasó», reflexionó.

La investigadora definió a estos contaminantes como un «enemigo invisible». Su tamaño diminuto dificulta la percepción a simple vista, pero su persistencia es innegable. «No es que desaparecen, el plástico perdura en el tiempo», sentenció.
Además de la contaminación estética, existe la preocupación latente por el ingreso de estos materiales a la cadena trófica. Costa, quien actualmente cursa su doctorado, avanza ahora sobre esta incógnita: «Estoy analizando la ingesta de basura y estas micropartículas en diferentes especies de peces marinos».
El origen de estos residuos es mixto. Una parte proviene de la tierra —desechos urbanos, turismo, lavarropas que liberan fibras textiles— y otra de la actividad marítima. Ante este escenario, la solución comienza en tierra firme.
Costa apeló a la conciencia individual y la reducción de plásticos de un solo uso. «Hay que empezar por cambiar hábitos. El tema también de poder separar la basura, de darle otra vida», propuso como medida de mitigación inmediata.
El contexto actual de la ciencia argentina añade un desafío extra a la continuidad de estos monitoreos. La investigadora expresó su deseo de sostener el trabajo en el tiempo, a pesar de las incertidumbre. Sostuvo que mantener esta vigilancia resulta crucial para proteger un ecosistema único, hogar de ballenas y lobos marinos, ante una marea de microplásticos que avanza lento, pero sin pausa.

El mar de la Patagonia alberga paisajes deslumbrantes, animales gigantescos como las ballenas de Puerto Madryn, playas extensas y, también, microplásticos. Un reciente estudio del Centro Nacional Patagónico (Centap) dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) analizó las costas del Golfo Nuevo, donde descubrieron "niveles bajos a moderados" de partículas. Instan a la población a reducir el consumo de plásticos y a los gobiernos a pensar iniciativas para mitigar la situación.
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