La historia de la pyme neuquina que creció en silencio y que encontró en Vaca Muerta una oportunidad para progresar sin perder su identidad
Con 30 años de trayectoria, SerPi logró posicionarse en el sector ambiental e industrial de Neuquén y acaba de recibir la certificación de identidad local por parte de la Cadena de Valor Neuquina.
Hace 30 años, cuando Vaca Muerta todavía no existía en el imaginario colectivo y Neuquén era una provincia petrolera muy distinta a la actual, dos trabajadores decidieron apostar por un sueño propio. Sin grandes estructuras, sin financiamiento extraordinario y con poco experiencia acumulada en sus empleos anteriores, le dieron vida a una pequeña empresa dedicada a la impermeabilización industrial.
Tres décadas después, aquella pyme nacida “casi de la nada”, acaba de sumar un reconocimiento que sintetiza toda una historia: la certificación oficial por parte de la Cadena de Valor Neuquina, que acredita a SerPi como empresa proveedora de la provincia.
“Es el orgullo de ser típicamente neuquino”, resume Alejandro Tondini, fundador de la firma junto a su socio Víctor D’ambrossio, al presentar la certificación a Diario Río Negro acompañado de Martín Berraondo, responsable del área contable y asesoría externa.

El reconocimiento, impulsado por el Centro PyME de Neuquén, acredita que SerPi forma parte de la cadena de valor local a partir de criterios concretos: capital radicado en la provincia, empleados neuquinos, capacidad técnica instalada en el territorio y una estructura empresarial íntegramente desarrollada en Neuquén.
La empresa cuenta actualmente con una dotación de alrededor de 15 trabajadores, casi todos nacidos en la provincia. También tiene toda su flota, infraestructura y capacidad operativa instalada en territorio neuquino. “No es lo mismo una empresa foránea que una nacida y desarrollada acá”, explican desde la firma.

En tiempos donde el boom de Vaca Muerta atrae compañías de todo el país, el sello representa una ventaja competitiva, pero también una reivindicación de identidad provincial. En otras palabras, distingue a quienes, de manera genuina, forman parte del entramado económico regional. “Todo eso va sumando y terminan definiendo la calidad de la empresa”, explica Berraondo.
Una historia construida desde abajo
La génesis de la empresa se remonta a mediados de los años noventa. Alejandro Tondini y su socio trabajaban en relación de dependencia y mantenían vínculos laborales dentro del mismo rubro. “Un día surgió la pregunta: ¿y por qué no arrancamos algo nosotros?”, recuerda Alejandro. La decisión no estuvo acompañada por grandes certezas ni tampoco por capitales importantes. Pero sí tenían algo fundamental: conocimiento técnico y experiencia práctica en impermeabilización.
En aquel momento, el rubro estaba lejos de tener la relevancia estratégica que posee hoy. El petróleo utilizaba algunas soluciones vinculadas al aislamiento y la contención de residuos, pero las exigencias ambientales todavía eran mucho menores. “En esa época se usaban piletas de efluentes cloacales y algunas aplicaciones puntuales. El control ambiental no era lo que es hoy”, explica Tondini. Sin embargo, con el paso de los años, el escenario cambió radicalmente. Las regulaciones ambientales comenzaron a endurecerse, las exigencias técnicas crecieron y la necesidad de sistemas de impermeabilización seguros se volvió central para múltiples industrias. SerPi estaba preparada.

El crecimiento silencioso de una pyme neuquina
A diferencia de muchas compañías que experimentan expansiones explosivas, SerPi eligió otro camino: el crecimiento gradual. “Siempre fuimos paso a paso”, dice Alejandro. La frase parece resumir la filosofía empresarial que les permitió atravesar tres décadas marcadas por crisis económicas, vaivenes del petróleo y profundas transformaciones del mercado energético argentino.
“A veces nuestra estructura es demasiado chica, pero preferimos mantenernos así y seguir creciendo de manera ordenada”, explica el empresario. “Hoy somos una empresa sin deudas, y eso tiene que ver con cómo nos manejamos.”
En SerPi no existen divisiones rígidas entre jerarquías. Los socios continúan involucrados en todas las tareas cotidianas. “Somos socios, gerentes y empleados comunes al mismo tiempo”, describe Alejandro. “Vamos de arriba para abajo y de abajo para arriba.”

“La industria es un tobogán”, resume Martín. “Hubo muchos subibajas, pero la empresa siempre supo mantenerse sin perder su identidad. Esta es una pyme familiar que fue creciendo con tropiezos en el camino, pero también sabiendo cómo levantarse. Es no menos importante que ya SerPi lleva tres décadas, con posible futuro de cambio de regional a nacional. Es muy bueno que las pymes neuquinas puedan perdurar y mejorar en el tiempo”.
Aunque hoy SerPi trabaja activamente en proyectos vinculados a Vaca Muerta, la empresa nació mucho antes del boom shale. “Hace cuatro o cinco años recién entendimos la verdadera dimensión de lo que se venía”, reconoce Alejandro. “Antes se escuchaba algo, pero muy vagamente”. La explosión de la actividad hidrocarburífera modificó por completo las perspectivas de crecimiento para cientos de empresas neuquinas. Y SerPi encontró allí un espacio estratégico vinculado a una de las áreas más sensibles de la industria: la gestión ambiental.
Actualmente, la firma participa en la impermeabilización de megapiletas destinadas al almacenamiento de agua para fractura hidráulica. “Cuando entregamos una obra, certificamos tanto el material como la instalación”, explica Tondini. “El cliente recibe toda la documentación que garantiza que el sistema está en condiciones de ser utilizado.” Detrás de esas obras existe una cuestión ambiental decisiva. Las geomembranas cumplen la función de evitar filtraciones y prevenir la contaminación de suelos y napas. “Nosotros damos una solución para que los residuos no afecten la tierra ni el entorno”, sostiene el empresario.
La apuesta por la capacitación y la tecnología
En paralelo al desarrollo de servicios, SerPi incorporó en 2001 una nueva unidad de negocios: la distribución oficial de productos SIKA, una reconocida línea de materiales especializados para construcción e infraestructura. Esa incorporación abrió nuevas oportunidades comerciales y técnicas. Hoy la empresa no solo vende materiales, sino que también brinda asesoramiento técnico, capacitación y acompañamiento en obra. “La calificación es inevitable”, sostiene Berraondo. “Todo el clúster de Vaca Muerta va a necesitar cada vez más especialización.”
A los 54 años, Alejandro Tondini observa con orgullo el camino recorrido. Cuando SerPi nació, todavía era soltero. Se casó en 2001 y al año siguiente nació su hijo mayor. “La empresa creció al mismo tiempo que mi familia”, dice. Hoy piensa en el futuro con la misma prudencia que marcó toda su trayectoria. No habla de expansiones desmedidas ni de saltos abruptos. “Hay que tener la cabeza fría”, insiste. “Si uno entra en la vorágine, termina mal”.

En una provincia transformada por el fenómeno energético más importante del país, la empresa eligió sostenerse de una manera distinta “Por algo hace 30 años que seguimos acá. Siempre subiendo, pero tranquilos. Creo que ahí está el secreto”.
SerPi será una de las empresas protagonistas de las 13° jornadas de Energía de Diario Río Negro, el próximo 20 de mayo en Neuquén.
Hace 30 años, cuando Vaca Muerta todavía no existía en el imaginario colectivo y Neuquén era una provincia petrolera muy distinta a la actual, dos trabajadores decidieron apostar por un sueño propio. Sin grandes estructuras, sin financiamiento extraordinario y con poco experiencia acumulada en sus empleos anteriores, le dieron vida a una pequeña empresa dedicada a la impermeabilización industrial.
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