Agricultura regenerativa en Argentina: presentaron en la Patagonia los avances del plan para potenciar el desarrollo agropecuario

El encuentro anual del proyecto “Transición hacia una agricultura regenerativa” reunió en Río Negro a productores y técnicos del INTA del Alto Valle, Mendoza y Misiones junto a representantes de la Fundación Banco Credicoop para compartir avances en prácticas sustentables aplicadas a peras y manzanas, yerba mate, mandioca, viñedos y horticultura.

Por Mara Diaz

La Estación Experimental del INTA Alto Valle en Guerrico fue sede del encuentro anual de “Transición hacia la Agricultura Regenerativa”, una iniciativa impulsada por la Fundación Banco Credicoop que durante tres días reunió a productores y técnicos de Río Negro, Mendoza y Misiones para compartir avances en prácticas sustentables aplicadas aperas y manzanas, yerba mate, mandioca, viñedos y horticultura.

En diálogo con Diario RÍO NEGRO, Mariana Amorosi, directora del Centro Regional Patagonia Norte del INTA, destacó la importancia del proyecto ya que «acompaña el proceso de transición de los productores hacia prácticas más sustentables». Además, señaló que la iniciativa fortalece la articulación interna entre extensión e investigación, promoviendo la «vinculación con el sector privado».


De la capacitación al territorio: 300 productores lideran el cambio hacia una agricultura más sustentable


Gustavo Marino, responsable de proyectos y asistencia técnica de la Fundación Credicoop, explicó que el programa prevé una duración total de cuatro años. “El objetivo del programa tiene que ver con implementar prácticas de agricultura regenerativa para que los productores puedan reducir la huella de carbono”, señaló. Según indicó, el primer año estuvo enfocado principalmente en capacitación y luego comenzaron las implementaciones concretas en territorio junto a 300 productores distribuidos en las tres regiones.

«La idea es que los productores que participan del proyecto al mismo tiempo sirvan como un ejemplo para sus propios colegas de las cooperativas y de las regiones para que entiendan que es un camino interesante, que se puede lograr y que eso tiene buenos resultados que después se reflejan en el precio final del producto«, detalló Covalán.

Gustavo Marino, responsable de proyectos y asistencia técnica de la Fundación Credicoop. Foto: Alejandro Carnevale.

Además, explicó que el 40% de quienes participan de la producción son jóvenes, mujeres y o productores de bajos recursos. «Queremos que se trabaje regionalmente con jóvenes, sobre todo escuelas técnicas y agrotécnicas, mujeres y personas de bajos recursos en todo lo que tiene que ver con lo que es inclusión financiera y cooperativismo que también lo hacemos directamente de la fundación», indicó.

La fundación ya había trabajado con productores de Mendoza y Misiones pero el Alto Valle fue incorporado recientemente ya que “la producción de peras y manzanas está muy traccionada por la exportación”, lo que obliga a los productores a adaptarse a nuevas certificaciones y estándares ambientales.

El director de la Fundación Banco Credicoop indicó que las certificaciones ambientales empiezan a convertirse en una herramienta comercial para las economías regionales. “Que un productor en Misiones pueda certificar le permite que su yerba esté mejor valuada al momento de la comercialización. Lo mismo pasa acá con peras y manzanas”, señaló.


Agricultura regenerativa: el Alto Valle y la medición de huella de carbono en chacras frutícolas


En Alto Valle, el proyecto se concentra en productores de la Primera Cooperativa Frutícola de Roca. Sergio Romagnoli, técnico de la Agencia de Extensión Rural Cipolletti del INTA, explicó que el trabajo apunta a “determinar la huella de carbono de las producciones” y generar estrategias “para mitigar esa huella y aumentar las remociones de carbono en los suelos y en las cortinas forestales”.

Según detalló, el programa en la región del norte patagónico ya atraviesa el tercer ciclo de medición de huella de carbono y trabaja con 30 productores “faro”, que funcionan como referencia para otros productores “réplica” que luego incorporan parte de las prácticas implementadas. Entre ellas mencionó reducción del uso de tractores, menor consumo de combustible fósil, implantación de cortinas forestales, uso de bioinsumos y manejo más eficiente de aplicaciones fitosanitarias.

Estación Experimental del INTA Alto Valle. Foto: Alejandro Carnevale.

Romagnoli explicó que una de las principales ventajas del proyecto es que permite a los productores comenzar a adaptarse a nuevas exigencias ambientales vinculadas a la exportación de fruta. Según señaló, la medición de huella de carbono y los planes de mitigación empiezan a formar parte de los requisitos de certificaciones internacionales como Global Gap, utilizadas por gran parte de los exportadores del Alto Valle.

Por su parte, el ingeniero ambiental Ariel Lorenzo, contratado por la Fundación Banco Credicoop para coordinar el trabajo entre productores, cooperativa e INTA, aseguró que el indicador de huella de carbono “se ha convertido como una herramienta de gestión a nivel predial”. Según indicó, hoy pueden medir cuánto impacto generan actividades como la sanidad, la fertilización, el manejo del interfilar o la cosecha dentro de una chacra.

Además, destacó que el Alto Valle tiene “un potencial agroclimatológico muy especial” y remarcó que la fruticultura regional “está bastante lejos de lo que podría ser un monocultivo”. “En el interfilar podemos tener una biodiversidad inmensa”, afirmó, al explicar que una de las líneas de trabajo apunta a incorporar coberturas vegetales y prácticas que mejoren el equilibrio biológico de las chacras.

Productores

30
son los fruticultores "faro" que forman parte de la Primera Cooperativa Frutícola de Roca.

Los cambios ya empiezan a verse en algunos establecimientos. Cristian Palermo, productor de General Roca que participa del programa, contó que en su chacra comenzaron a sembrar mijo como cobertura vegetal. “Se nutrió el suelo, yo lo veo como que se esponjó más la tierra”, relató. También explicó que recibió asistencia técnica para calibrar maquinaria y ajustar aplicaciones dentro del monte frutal.

Otro de los productores participantes, Darío Urrutia, señaló que en su chacra orgánica comenzaron a trabajar con control biológico de carpocapsa mediante liberación de Goniozus, una avispa utilizada para atacar la plaga. “Fue una experiencia bastante buena, una herramienta más para nosotros los productores”, afirmó. También destacó el uso de trampas y monitoreos para evitar aplicaciones innecesarias. “Es una metodología más orgánica y no utilizar tantos plaguicidas”, resumió.


Misiones: recuperar los suelos y la productividad de los yerbales


En Misiones, el proyecto trabaja principalmente con productores de yerba mate y mandioca agrupados en 15 cooperativas distribuidas en distintos puntos de la provincia. Laura Barbieri, coordinadora provincial del programa, explicó que actualmente cuentan con 58 productores “faro” de yerba mate y ocho productores de mandioca, además de productores “réplica” que participan de capacitaciones y asistencia técnica.

Según detalló, el principal problema detectado en la provincia está relacionado con el deterioro de los suelos provocado por décadas de manejo convencional. “La mecanización y las prácticas convencionales han ido degradando el suelo”, afirmó.

“La idea es producir de una manera con menor costo, que sea rentable y que además ayude al cuidado del medio ambiente y la biodiversidad»,

Laura Barbieri, coordinadora provincial del programa en Misiones.

Barbieri explicó que muchos yerbales tienen entre 60 y 80 años y continúan en producción, pero con un fuerte desgaste ambiental. Por eso, uno de los principales objetivos del proyecto es “revalorizar todo lo que tenga que ver con el cuidado del suelo” y recuperar materia orgánica para mejorar la productividad y capturar carbono.

Entre las prácticas impulsadas mencionó menor utilización de maquinaria para evitar remoción de suelo, incorporación de cubiertas verdes, disminución de fertilizantes químicos y utilización de insumos orgánicos. Además, señaló que varios productores comenzaron a interesarse en estas propuestas también por la situación económica del sector yerbatero.

“Visualizan esta propuesta como una posibilidad”, afirmó al explicar que muchos buscan reducir costos productivos mediante menor dependencia de fertilizantes y productos químicos. “Lo que queremos lograr es recuperar los suelos y la productividad de esos yerbales”, resumió.


Mendoza y el “viaje regenerativo” en los viñedos


En Mendoza, el proyecto se concentra principalmente en productores vitivinícolas, y en menor escala en hortícolas y frutícolas vinculados a cooperativas. José Portela, de la experimental La Consulta INTA, explicó que el trabajo comenzó a partir de experiencias previas que el organismo ya venía desarrollando sobre agricultura regenerativa en la región.

Actualmente, el núcleo principal de trabajo está integrado por unos 50 productores, de los cuales 39 participan más activamente de las experiencias impulsadas dentro del programa. Portela definió la agricultura regenerativa como “una forma concreta de tener una alternativa de modelo productivo” y aseguró que el enfoque mendocino se apoya especialmente en “suelo, agua y biodiversidad”.

“La agricultura regenerativa es una forma concreta de tener una alternativa de modelo productivo. No hay una sola forma de hacer agricultura que sea solamente depender de insumos externos.”

José Portela, de la experimental La Consulta INTA.

Portela explicó que el equipo mendocino trabaja con una herramienta propia desarrollada por INTA llamada “Guía de Agricultura Regenerativa”, una publicación basada en 10 principios y 21 indicadores que permite a productores evaluar sus sistemas productivos y tomar decisiones sobre suelo, agua, biodiversidad y manejo ambiental. Según detalló, cinco de esos principios están vinculados al suelo, dos a la gestión del agua y tres a biodiversidad, incluyendo especies nativas, vegetación espontánea y fauna asociada a los cultivos.

El técnico aseguró que uno de los principales objetivos es recuperar prácticas de monitoreo y observación dentro de las fincas. “Si no tenemos datos no podemos tomar buenas decisiones”, afirmó. Además, sostuvo que la propuesta busca ayudar a productores a “gestionar un pedacito de naturaleza” y avanzar progresivamente hacia sistemas menos dependientes de insumos externos y más apoyados en procesos ecológicos.

Además, señaló que el modelo busca disminuir dependencia de insumos externos y trabajar con procesos ecológicos propios del ambiente. “La agricultura regenerativa no es algo instantáneo, es un viaje regenerativo”, aseguró.


La Estación Experimental del INTA Alto Valle en Guerrico fue sede del encuentro anual de “Transición hacia la Agricultura Regenerativa”, una iniciativa impulsada por la Fundación Banco Credicoop que durante tres días reunió a productores y técnicos de Río Negro, Mendoza y Misiones para compartir avances en prácticas sustentables aplicadas aperas y manzanas, yerba mate, mandioca, viñedos y horticultura.

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