A los 57 años cambió el frío de Argentina por Búzios: viajó sola a Brasil en un Fiat Palio 2005

Con 57 años y ningún miedo, Patricia Mesaros migró "como las golondrinas" buscando el sol: "voy solita, la vida es una y no le tengo miedo a nada". En el camino, encontró una comunidad de mujeres que hacen lo mismo.

Por Greta Ocaña

De Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires), hasta Búzios (Brasil) son 3,286 km. Foto: gentileza.

De Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires), hasta Búzios (Brasil) son 3,286 km. Foto: gentileza.

Patricia Mesaros tiene 57 años y desde el día que conoció Búzios, en Brasil, junto a su hijo, hubo un pensamiento que no se le despegó de la cabeza: «voy a volver«. Es de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, y el deseo de buscar el sol, el calor y la playa se convirtió rápidamente en una decisión. «No me gusta el frío de mi ciudad, en invierno me encanta Búzios», dice, y con esa frase resume todo lo que vino después.

Lo único que la frenaba era no tener compañía en su travesía. Al no poder convencer a su hijo para que fuera su copiloto, tomó una decisión que no admitía vuelta atrás: «voy solita, total, he visto tantas chicas que van solas. La vida es una, siempre me animo a todo, no tengo miedo a nada«.

Un 24 de junio, un gélido día en Tres Arroyos, hizo lo que había dicho que iba a hacer: «me despedí, familia, cena, todo, y salí a la ruta». Y así, al volante de su Fiat Palio Adventure 2005, emprendió camino hacia su destino y, con él, hacia su propia aventura.

«Mi auto no es nuevo, así que algunos percances tuve. Ya en Paso de los Libres se rompió una cosita, bueno, se pudo arreglar. Cuando ya había hecho como 600, 700 km, pasé Porto Alegre», cuenta. Según explica, emprender este camino en un auto de más de veinte años es, en sí mismo, un desafío.

A bordo de un Fiat Palio 2005, convirtió un sueño pendiente en una aventura por las rutas de Brasil. Foto: gentileza.

«Mujeres rodanteras» y la experiencia de viajar sola para encontrar compañía en el camino


«Llegué a Sombrío y ahí anunciaron alerta meteorológica en las partes que yo quería pasar, que eran unos cañones de Santa Catarina, El Indio y los lugares desde donde salen los globos aerostáticos, así que me quedé ahí en Sombrío esperando, en una estación de servicio, a que parara de llover», narró.

Fue en ese punto donde la comunidad de Mujeres Rodanteras empezó a tener un papel importante en su viaje. Se trata de una creciente comunidad de viajeras independientes que recorren rutas en casas rodantes, motorhomes o vehículos camperizados, y que se organizan y se acompañan a la distancia a través de grupos en redes sociales.

Patricia relató que, como si la estuviera guionado, una de las integrantes del grupo -Kely- venía escoltándola durante todo el camino sin que ninguna de las dos lo supiera: «yo no sabía, pero venía casi atrás mío, y también su destino era ir a un lugar de calor, porque ella llegaba desde un lugar con mucho frío, desde Ushuaia».

La ruta la llevó a descubrir playas, pueblos históricos y nuevas amistades de viaje. Foto: gentileza.

Según recordó, Kely en el camino tuvo un problema, y por eso decidió esperarla: «la esperé y continuamos la ruta juntas». Así fue como ambas se convirtieron en cómplices de ruta y, con esa camaradería recién estrenada, exploraron juntas buena parte del litoral brasileño.


Un camino de playas y tranquilidad


Por la Ruta Nacinal 101 se pueden ver varias ciudades y paisajes verdes. «Llegamos a Pedra Branca, hicimos camping, Ubatuba y muchos más destinos», resume Patricia, que describe el tramo como preciosos pero exigente, lleno de subidas, bajadas, curvas y contracurvas.

Uno de los sueños pendientes de Patricia era conocer Paraty. Cuando llegó a esta joya colonial de la Costa Verde brasileña, no pudo contener la emoción: «eso fue un sueño para mí porque fue uno de los lugares que yo siempre googleaba y decía que tenía que ir a conocer. Es un lugar con mucha historia, en el casco antiguo de la ciudad. Es hermoso, y también el mar que desemboca sobre una iglesia, eso hizo que quede muy anonadada y emocionada».

Sobre su experiencia sintetiza: «vos llegas acá y tenés 10 años menos, se te cambia la cara, los problemas, tu mente está blanco. En Argentina, yo que trabajo atención al público, siento que mucha gente está está mal por cosas del país, y la política«, dice y todo hace ver que allí esta como en un paréntesis de problemas.

Entre playas y caminos, Patricia encontró una nueva forma de vivir sus inviernos. Foto: gentileza.

Así es organizar un viaje de más de 3.000 km


Con el tiempo, su auto se convirtió en una versión reducida de su casa. Su hijo Nicolás le ayudó a construir una cama a medida. Lleva un colchón de espuma de alta densidad, una frazada que le regaló su hermana Edith, garrafa, olla, pava y todo lo necesario para cocinar. «Es como que llevas partecitas de tu casa, lo básico para poder vivir».

También compró un inodoro portátil «porque a nuestra edad, ¿viste? Por ahí hay apuritos que no llegás a la estación de servicio», aunque admite entre risas que casi no lo usó. Para dormir, recurre a estaciones de servicio abiertas las 24 horas, previamente ubicadas por internet: «parás temprano, cuatro o cinco de la tarde, y recién salís a las siete u ocho de la mañana. Ahí es donde podés bañarte, comer o cocinar algo».

Patricia sabe que nunca tuvo miedo, y esa seguridad se la da ella misma: «tengo precaución de viajar de día, de googlear en qué puesto o estación de servicio se puede estar las 24 horas, donde la gente duerme«, aclara.

La Costa Verde brasileña regaló paisajes que hicieron del camino parte de la experiencia.

Detrás de la ruta hay, además, una historia de una persona trabajadora. «Mi vida antes siempre fue trabajar, la he luchado”, resume. Se define como una persona humilde, que tiene lo básico (su casa, su auto, su trabajo) y que ahorra durante las temporadas de atención al público en una verdulería para poder viajar después.

«A esta edad que tengo resto de vida, no sumo», dice, y ahí aparece la idea que atraviesa todo el relato: «es el momento mío para pensar en mí y salir de viaje, como me gusta». Sus cuatro hijos (Nicolás, Augusto, Gastón y Benjamín) la acompañaron desde el primer momento, entre otras cosas porque saben que el frío no le hace bien a su artritis. «Andá, mamá, al calorcito, que te va a hacer bien«, le dijeron.

Estilo de vida nómade: «los inviernos me voy a ir, voy a migrar como las golondrinas»


«Vivo en un mundo en el que todo está todo bien. Mientras que uno sea buena persona, está todo bien«, afirma casi para ella misma. «Me autoconvenzo que la vida es una sola y hay que vivirla lo mejor que uno puede», confiesa.

Alguna que otra vez le dijeron que estaba «re loca» por viajar sola, recuerda, y sobre esos comentarios responde sin necesidad de justificarse: «no necesito un hombre a mi lado para viajar, yo me animo a todo».

La comunidad de Mujeres Rodanteras, terminó siendo «una gran compañía», describe. «No viajás sola nunca, porque tenés este grupo«, y agrega que muchas de esas mujeres coincidían en que viajar las había ayudado a salir de algún momento difícil.

Después de 18 días de ruta, llegó a Búzios para reencontrarse con el mar y el calor. Foto: gentileza.

Llegó a Búzios el 12 de julio, después de dieciocho días de ruta, y ahí se reencontró con su amiga Gilda, que llegó en avión para compartir un departamento hasta el 6 de agosto. Después, Patricia seguirá camino sola o con Kely, con la idea de conocer Rawson y otros destinos en Argentina.

Calcula volver a Tres Arroyos en septiembre, a tiempo para la primavera. Y ya empieza a pensar en el año que viene. «Mientras se pueda y tenga salud, voy a seguir haciéndolo», dice. «Los inviernos me voy a ir, voy a migrar como las golondrinas».


Patricia Mesaros tiene 57 años y desde el día que conoció Búzios, en Brasil, junto a su hijo, hubo un pensamiento que no se le despegó de la cabeza: "voy a volver". Es de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, y el deseo de buscar el sol, el calor y la playa se convirtió rápidamente en una decisión. "No me gusta el frío de mi ciudad, en invierno me encanta Búzios", dice, y con esa frase resume todo lo que vino después.

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