Discriminación a ‘nanas’ abre debate
SANTIAGO (AFP).- Un nuevo caso de discriminación contra empleadas domésticas ha desatado la indignación en Chile tras las polémicas declaraciones de una vecina de un barrio de clase alta de Santiago, en una muestra más del despertar social contra la desigualdad que está viviendo el país en los últimos tiempos. Inés Pérez Rocha, de la exclusiva urbanización Algarrobal II, en el barrio de Chicureo, fue consultada sobre una norma establecida en su residencia: las empleadas domésticas – popularmente llamadas “nanas” en Chile – y los trabajadores del lugar no pueden acceder a pie a las instalaciones de ese barrio. “¿Te imaginas acá en el condominio a todas las ‘nanas’ caminando afuera, todos los obreros caminando por la calle y tus hijos ahí en bicicleta?”, dijo Pérez Rocha. Aunque después matizó sus declaraciones, la vecina se convirtió en horas en “trending topic”, el tema más citado en Twitter en Chile, cientos de personas repudiaron los dichos en otras redes sociales . Otro vecino de la misma urbanización, Bruce Taylor, recibió quejas de su empleada Felicita Pinto, quien denunció que había sido maltratada y humillada por entrar y salir caminando del recinto, en lugar de tomar un bus que dispone la administración. Como protesta, Taylor decidió entregar en comodato parte del terreno de su casa a la empleada, que pasó de ser la nana a ser copropietaria. El caso no es nuevo: semanas atrás, otro grupo de empleadas denunció ante la justicia que en un club de golf no les era permitido entrar a la piscina -reservada sólo a socios, familiares e invitados- y que debían vestir un uniforme que las identificara como ‘nanas’. Según la presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, Ruth Olate, casos así son habituales en un país que califica de “discriminador, racista y clasista”. “Sucede muy a menudo, tanto en las casas como en los lugares públicos, como clubs o piscinas. La mayoría de empleadas no lo denuncian por temor a perder el empleo”, explica. Para Claudio Reyes, de Flacso, este caso “es sólo la punta del iceberg de la estructura social chilena, cuya base es la desigualdad en la distribución del ingreso”.
SANTIAGO (AFP).- Un nuevo caso de discriminación contra empleadas domésticas ha desatado la indignación en Chile tras las polémicas declaraciones de una vecina de un barrio de clase alta de Santiago, en una muestra más del despertar social contra la desigualdad que está viviendo el país en los últimos tiempos. Inés Pérez Rocha, de la exclusiva urbanización Algarrobal II, en el barrio de Chicureo, fue consultada sobre una norma establecida en su residencia: las empleadas domésticas - popularmente llamadas “nanas” en Chile - y los trabajadores del lugar no pueden acceder a pie a las instalaciones de ese barrio. “¿Te imaginas acá en el condominio a todas las ‘nanas’ caminando afuera, todos los obreros caminando por la calle y tus hijos ahí en bicicleta?”, dijo Pérez Rocha. Aunque después matizó sus declaraciones, la vecina se convirtió en horas en “trending topic”, el tema más citado en Twitter en Chile, cientos de personas repudiaron los dichos en otras redes sociales . Otro vecino de la misma urbanización, Bruce Taylor, recibió quejas de su empleada Felicita Pinto, quien denunció que había sido maltratada y humillada por entrar y salir caminando del recinto, en lugar de tomar un bus que dispone la administración. Como protesta, Taylor decidió entregar en comodato parte del terreno de su casa a la empleada, que pasó de ser la nana a ser copropietaria. El caso no es nuevo: semanas atrás, otro grupo de empleadas denunció ante la justicia que en un club de golf no les era permitido entrar a la piscina -reservada sólo a socios, familiares e invitados- y que debían vestir un uniforme que las identificara como ‘nanas’. Según la presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, Ruth Olate, casos así son habituales en un país que califica de “discriminador, racista y clasista”. “Sucede muy a menudo, tanto en las casas como en los lugares públicos, como clubs o piscinas. La mayoría de empleadas no lo denuncian por temor a perder el empleo”, explica. Para Claudio Reyes, de Flacso, este caso “es sólo la punta del iceberg de la estructura social chilena, cuya base es la desigualdad en la distribución del ingreso”.
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