Solidaridad total
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
Es una fenomenal muestra de solidaridad, que para una parte del país pasa inadvertida, pero que convoca a miles y miles que llegan desde los pueblos y ciudades que podamos imaginar. Todos van por lo mismo, porque es la oportunidad de ver a los mejores, porque de paso ayudan, porque probablemente se instale en cada uno como una experiencia inolvidable. Eso es el Trichaco, un festival enorme de grande en un lugar chiquito, hecho con el esfuerzo de todos, donde los famosos no cobran, donde la gente de la zona no paga, donde los turistas llegan en caravanas para instalarse allí por tres o cuatro días. No hay hoteles ni hospedajes, el que va sabe que se las tendrá que arreglar. Por eso llevan casillas rodantes, colchones en los techos, parrillas, bolsas de dormir, camiones con enormes carpas. Todo vale para crear el alojamiento propio. El festival del Trichaco cumplió su décimo aniversario y no para de crecer. Una vez al año las rutas que conducen a Santa Victoria Este, en la provincia de Salta, se llenan de turistas para viajar con el mismo destino. Ese punto es el lugar simbólico, pero casi es el escenario de la otra triple frontera de Argentina, Paraguay y Bolivia. Por eso el festival solidario convoca a visitantes de los tres países, que van con el mismo objetivo y vuelven plenos de música. La iniciativa nació del Chaqueño Palavecino, hombre que año a año se encarga de sumar solidarios, de conseguir aportes, de engrosar la iniciativa cuyo fin es ayudar a 42 escuelas, donde más del 80% de sus alumnos tienen necesidades básicas insatisfechas. Sólo el poder de convocatoria del Chaqueño puede lograr esto. Santa Victoria Este no tiene servicios prácticamente, sus calles son de tierra, no es una ciudad y no reúne casi ninguna de las condiciones que uno podría imaginar debería tener para que allí se realice un festival enorme, con tantos o más famosos que el propio Cosquín o Jesús María. Santa Victoria Este está a 260 kilómetros de Tartagal, la ciudad grande más cercana y a casi 500 kilómetros de Salta capital. Está lejos de todo, pero cerca de la gente, porque a pesar de todos los pesares cada día es una fiesta para ese pueblo ubicado en el corazón del Chaco Salteño, donde confluyen miles y miles de solidarios que pagan entrada, que aportan alimentos, que ayudan. El pueblo está a un costado del río Pilcomayo, tiene pocos, muy pocos habitantes, pero año a año se plantea el desafío de salir adelante, de cambiar la historia. Y el Chaqueño les da ese empujón que esperan desde siempre. Todo lo que se recauda es para ayudar, de allí nadie se lleva un peso y todo lo que se consigue es donado. Claro, la fundación del Chaqueño se hace cargo de muchas cosas, organiza y eso tiene un enorme costo, pero lo que se ve en el escenario, lo que se dona, lo que se consigue, es aporte solidario y desinteresado. Sería difícil detallar quién o quiénes no estuvieron, porque repasé la lista una y otra vez y no faltó nadie de los famosos en ese escenario, donde la música reina de noche y de día. Nadie se mueve de allí aunque esté el sol afuera, porque sale el sol y la música sigue sonando. Es solidaridad pura con un agregado. El Chaqueño, local en esa zona, como lo es Jorge Rojas, presentó a varios de los personajes que se mencionan en sus temas, habló de don Amancio, aquel del tema “toque don Amancio”, hizo subir al escenario al “Mataco Díaz”, lo hizo bailar y lo presentó en sociedad, no tanto para los locales que lo conocen desde siempre, sino para tres países que escucharon su nombre por años y no lo conocían. Sentí la sensación de que la gente de la zona tiene tres días de regalos a los que probablemente jamás podrían acceder, sentí que la gente se olvidó de sus carencias por ese tiempo.
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