La economía, a marzo

Precios, puja salarial, paritarias y emisión monetaria, en la agenda del gobierno, empresarios y gremios.

Redacción

Por Redacción

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Marzo será un mes decisivo para el programa económico del gobierno, sacudido por la puja salarial y los aumentos en productos de primera necesidad: por un lado, se exacerbó la tensión en las organizaciones sindicales -las amigas que todavía dialogan y las enemigas que petardean en la calle- y, por el otro, se obligó a los empresarios a congelar los precios en los supermercados hasta el primero de abril. Muy activo, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, trata de disciplinar a los jugadores: tiene un estilo prepotente, hasta ofensivo, pero a la vez asegura a sus interlocutores que a fines del mes próximo comenzará a verse “una luz al final del túnel” de la crisis financiera internacional y entonces la planificación interna mejorará y permitirá relajar las antipáticas medidas de control a las importaciones. Dirigentes obreros y patronales ya han hecho saber su pesimismo por la situación actual de las finanzas. Ignacio De Mendiguren, de la Unión Industrial, incluso agitó el fantasma del “Rodrigazo” y Héctor Daer, de la CGT cobijada por la Rosada, señaló que si bien la voz de esta central es escuchada por las autoridades, no aparecen las soluciones específicas a los planteos. Moreno, por instrucciones superiores, se propone a la vez contener a las entidades nucleadas en la UIA, pero al mismo tiempo llama a pequeños y medianos empresarios a fortalecer la Confederación General Económica (CGE), que cumplió un papel clave durante el último gobierno de Perón, en época de José B. Gelbard. De hecho, la drástica determinación para contener el proceso inflacionario encendió luces anaranjadas. El metalúrgico Antonio Caló se manifestó preocupado por lo que vaya a pasar el día 61: “No soy contrera, lo que digo es que si el acuerdo no se sostiene en el tiempo, no sirve. Deben llamar a todos los actores sociales y defender este modelo de país que a nosotros nos permitió llevar nuestros afiliados de 60 mil a 250 mil”. Antes de anunciar la convocatoria a un plenario de secretarios generales y titulares de obras sociales para el 7 y 20 de marzo, reconoció que la fiscalización de precios demostró ser “un fracaso” en el pasado, aunque confió en que si en esta ocasión “vamos todos juntos”, con la supervisión del Estado, hay posibilidades de “éxito”. Los especialistas no encuadrados en el kirchnerismo subrayan con rojo la emisión de pesos, superior al 30 por ciento anual, y la falta de un paquete integral que abarque impuestos, política monetaria y niveles de ingresos racionales. Miguel Bein, de una consultora que no pronostica con base absoluta de blanco o negro, aventuró que es probable que se trate extender el dominio sobre los precios hasta fines de mayo, como mínimo, y hasta después de los comicios legislativos de octubre, como máximo. Es que si además de las reyertas políticas -avivadas por la determinación de Cristina Fernández de convertir en tratado el memorando firmado con Irán, para tratar de “destrabar” las investigaciones del cruel atentado perpetrado en 1994- se agujerea el bolsillo de los argentinos, víscera sensible si las hay, podrían precipitarse los movimientos para socavar la gestión gubernamental nacional. La oposición no peronista flaquea por donde se la mire y Mauricio Macri, el jefe de gobierno porteño, hasta ahora no ha conseguido un desarrollo armónico y sostenido fuera de los límites de la capital federal, por más ex famosos que va reclutando tipo leva. En los reacomodamientos, hay mucho de internismo pejotista, palabra devaluada. Sucede que tanto los hoy alineados con Cristina (salvo los encuadrados por convicción y los militantes de “La Cámpora”), como aquellos que proclaman la inminencia del fin de su ciclo, van corriéndose hacia el fogón de Daniel Scioli. Sin embargo, el gobernador de Buenos Aires, que exacerba a los seguidores incondicionales de la presidenta con sus fotos y reuniones (la última conocida fue con el ex vicepresidente K Julio Cobos, el del voto “no positivo”), no se aparta de su derrotero abierto en 2003. Pretende que la “lealtad” demostrada a lo largo de una década, tenga un desemboque “natural”, como las aguas del río terminan en el océano. Ese, por ahora, es un capítulo inconcluso. Antes, viene lo urgente que coloca en zona de riesgo la disputa por las obras sociales y mantiene las expectativas abiertas sobre la marcha de las paritarias, las asignaciones familiares y la ayuda escolar. Como la tenida de octubre es una medición de fuerzas que signará el pleito hasta la renovación de 2015, los adversarios más acérrimos deberán esmerarse para visualizarse como alternativa seria y responsable. Hay sectores sindicales combativos, como los que responden a Pablo Micheli, de la CTA disidente, que se movilizarán en marzo, acompañados por el cegetista rebelde Hugo Moyano, quien no oculta sus aspiraciones políticas. Deberá cuidarse Moyano. No sólo rechazó Caló una muy “conversada” unificación a través de trascendidos periodísticos, sino que lo acusó de presionar “violenta y desmedidamente”, a través de bloqueos, a los trabajadores de los supermercados mayoristas “Maxiconsumo”.

Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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