Lerner y el tiempo de los anhelos cumplidos

El sábado, Alejandro Lerner se presentará en la Fiesta Nacional de la Actividad Física que se realiza en Cipolletti; y el 10, estará en Villa Regina, con su show “30 años de éxitos”.

Redacción

Por Redacción

Además de continuar con la gira por sus “30 años de éxitos” desde que editara “Todo a pulmón”, Alejandro volvió como jurado del programa “Soñando por cantar”, rol que cumplió junto a Valeria Lynch, Patricia Sosa, y Oscar Mediavilla, en la temporada 2012. Ahora, este sábado cerrará la noche de la primera Fiesta Nacional de la Actividad Física, que se realiza en el predio de Rivadavia y Pacheco, en Cipolletti, y el 10 estará en Regina con su show “30 años de éxito”. “El último disco, “Enojado”, es absolutamente autorreferente, resultado de una época mía con deseos de volcar todas mis necesidades creativas y ganas de romper con ciertas estructuras comerciales. Lo pude hacer en una forma más artesanal, independiente, pero con un altísimo nivel artístico”, dice. La charla con “Río Negro” comenzó tratando de desentrañar el modo, la intensidad con que Lerner expone su propia vida, sus estados interiores, sus dolores, sus búsquedas, a través de su prolongada tarea compositiva. –¿La madurez te ha vuelto más cauto en la manera de mostrar tus emociones? –No creo. Por ejemplo, después del último compacto, algo cambió profundamente mi vida: ser papá… Todo lo que ha llevado esta nueva etapa de haber formado una familia, está documentado en las canciones, también. Pero, claro, no es lo mismo un tema que pasan todos los días en una telenovela y en horario central, que otro emergente de un tramo nuevo por completo y fresco, desde una visión independiente. Nadie es todo el tiempo su obra, pero tampoco puede escapar a que ésta sea el lenguaje de quien es. Es muy difícil que alguien sea muy distinto a lo que escribe, compone, crea. O quizás, su modo de equilibrar lo que le falta, es a través de la obra. No se puede generalizar. Hay artistas que pueden reflejarse realmente en lo que hacen y otros que son más esquizofrénicos. –La composición es una suerte de válvula de escape, expresiva, de angustias, momentos bellos, soledades… –Sí, eso sí. A lo largo de la vida, antes de que esto se convierta en una profesión, era una necesidad más bien de plasmar un estado de ánimo. Ahora, hay una mezcla de eso con la continuidad de casi cuarenta años de hacer canciones. Desde que era adolescente hasta hoy, he pasado por todas esas etapas creativas, por momentos donde documenté una situación personal hasta encuentros creativos con personas con las que compartí algo no mío, como escribir la música de una película, un proyecto estético particular, no autorreferente. A veces, es bueno que así sea. El tema que le compuse a la panza de mi mujer (Marcela García Ibánez) cuando estaba embarazada de Luna, emerge de momentos tan únicos e incomparables, como estar esperando a nuestra primera hija (Luna)… Sucede que últimamente he podido encontrar el valor a la cotidianeidad familiar, en contraste a toda una vida de rocanrol, giras y dedicación plena a la carrera… –Dedicás más tiempo a la familia… –Es algo que me genera un estado de ánimo y una felicidad que puedo apreciar con mucha intensidad. Los momentitos familiares… Jugando con mi hija o cuando mi familia me acompaña durante las giras. Las ocasiones que puedo compartir con los míos, se convirtieron en algo nuevo que me refresca. Es un gran contraste, insisto, con épocas mucho más juveniles, roqueras y alocadas. Hoy le encuentro mucho más sentido a eso. Cuando se comparten ese tipo de instantes únicos, de descubrimiento, irrepetibles, el ego del artista se corre muchísimo. Aparte, puedo tener una dimensión del amor más relacionada con un camino espiritual que con la búsqueda de éxito profesional. Esto último ya tiene una inercia que viene de muchos años de empujar y crear, de seguir tirando para adelante. Estoy tratando de reafirmar, de hacer las cosas que me gustan, cuándo, cómo me gustan. Hablamos mucho con Marcela sobre la energía del “tengo que” y “quiero que”… Estamos con la madurez de poder darle un gran espacio a lo que queremos que… Quiero pasar un día con la familia, quiero trabajar, quiero componer, quiero estudiar, meditar o estar con mi madre, mi hermana, mis sobrinas, la familia de Marce que es enorme. Y yo poder vivirlo… Pensá que a los dieciséis años ya estaba grabando en el disco de León Gieco y no paré más. Con todo tipo de subidas y bajadas y hoy, con cincuenta y cuatro pirulos, ya no soy un pendejo y puedo manejar los tiempos… Estoy plasmando, no te digo exactamente porque no tengo esa omnipotencia, pero sí muchos de los anhelos que van saliendo.

El músico y jurado de “Soñando por cantar” tendrá una doble presentación en el Alto Valle.

Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com


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