Crece la guerra cibernética contra Irán
Irán tiene una unidad de guerra nueva, llamada el “Maher”, que es esencialmente un centro de información y tecnología cibernética emplazado en la propia Teherán, desde donde se coordinan los esfuerzos –ofensivos y defensivos– en lo que es una siempre silenciosa, pero abierta y permanente, guerra cibernética contra enemigos sospechados, aunque no declarados. En estas horas se está ocupando de controlar y contrarrestar un nuevo “virus” que habría ya causado daños. Esta vez menores que los de la infección provocada, en su momento, por el virus llamado “Stuxnet” que, en el 2010, infectara el programa de enriquecimiento de uranio iraní en Natanz y lo alterara y demorara sustancialmente. Comparable, quizás, con el daño generado por los virus “Duque” (2011) o “Maggio” (2012). Es difícil saber quién está efectivamente detrás de cada ataque. Pero es fácil especular. Los hay atacantes presumiblemente domésticos, generados por la oposición y por los grupos disidentes duros. También hay otros provenientes del exterior. Quizás de Israel –un sospechoso siempre central– o de los Estados Unidos, o de ambos conjuntamente. Hay, además, dedos acusadores que apuntan hacia Europa como partícipe de un esfuerzo ofensivo combinado. Lo cierto es que hay quienes tratan de parar o demorar el peligroso programa nuclear iraní no sólo con explosiones o con secuestros o asesinatos de científicos. También desde el máximo secreto, con repentinos ataques cibernéticos que, mediante inyecciones de distintos virus, generan toda suerte de infecciones en las computadoras y sistemas iraníes con el propósito de paralizar las tareas en curso del programa nuclear. En esto Irán lleva ya gastados nada menos que unos 1.000 millones de dólares, en cortinas antivirus y otros esfuerzos defensivos, en lo que ciertamente es una forma distinta de guerra. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
GUSTAVO CHOPITEA (*)
Irán tiene una unidad de guerra nueva, llamada el “Maher”, que es esencialmente un centro de información y tecnología cibernética emplazado en la propia Teherán, desde donde se coordinan los esfuerzos –ofensivos y defensivos– en lo que es una siempre silenciosa, pero abierta y permanente, guerra cibernética contra enemigos sospechados, aunque no declarados. En estas horas se está ocupando de controlar y contrarrestar un nuevo “virus” que habría ya causado daños. Esta vez menores que los de la infección provocada, en su momento, por el virus llamado “Stuxnet” que, en el 2010, infectara el programa de enriquecimiento de uranio iraní en Natanz y lo alterara y demorara sustancialmente. Comparable, quizás, con el daño generado por los virus “Duque” (2011) o “Maggio” (2012). Es difícil saber quién está efectivamente detrás de cada ataque. Pero es fácil especular. Los hay atacantes presumiblemente domésticos, generados por la oposición y por los grupos disidentes duros. También hay otros provenientes del exterior. Quizás de Israel –un sospechoso siempre central– o de los Estados Unidos, o de ambos conjuntamente. Hay, además, dedos acusadores que apuntan hacia Europa como partícipe de un esfuerzo ofensivo combinado. Lo cierto es que hay quienes tratan de parar o demorar el peligroso programa nuclear iraní no sólo con explosiones o con secuestros o asesinatos de científicos. También desde el máximo secreto, con repentinos ataques cibernéticos que, mediante inyecciones de distintos virus, generan toda suerte de infecciones en las computadoras y sistemas iraníes con el propósito de paralizar las tareas en curso del programa nuclear. En esto Irán lleva ya gastados nada menos que unos 1.000 millones de dólares, en cortinas antivirus y otros esfuerzos defensivos, en lo que ciertamente es una forma distinta de guerra. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional
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