Pachano abre el fuego en Bariloche

Aníbal Pachano está en Bariloche. Vino a la región a presentar junto a Flor de la V, la comedia “Cirugía para dos”. Pero antes habló con “DeBariloche” de la realidad nacional y de sus peleas.

Redacción

Por Redacción

ENTREVISTA

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar

Pachano siempre será Pachano. Una representación de sí mismo extendida, sin ataduras. Una figura endemoniada capaz de girar alrededor del fuego de las palabras, poseído por el ritmo, por la posibilidad elástica que estas representan. En la vida como en la pantalla chica, en el cuerpo de baile como en el discurso televisivo, Aníbal Pachano, es un general a sus anchas. Un provocador de pe a pá. Este bailarín, coreógrafo, arquitecto y polémico jurado y panelista de exitosos programas de televisión tiene un bocadillo colgando de la boca. Sólo hace falta tirarle la lengua.

Pachano se presentará hoy en Bariloche a las 21 y las 23 en el teatro La Baita acompañando a Florencia de la V en la comedia “Cirugía para dos”, pero antes de eso conversó con “DeBariloche” acerca de cómo ve el país, en la década “ganada” por los K.

-¿No era a las cuatro y media?, pregunta uno de los recepcionistas del Hotel Panamericano quién inquiere a sus compañeros por la ausencia de Aníbal Pachano a su cita con la prensa regional. Nadie sabe. Una joven que trabaja en una pequeña oficina del área de recursos humanos y auditoría del hotel hace llamados nerviosos, pide explicaciones y busca infructuosamente a la estrella. Por fin, aparece. La anécdota dirá que había llegado impuntual, pero antes, y que nadie estaba para entrevistarlo o recibirlo o extenderle los brazos en señal de bienvenida. Entonces se fue con rumbo desconocido.

Es un hombre pequeño, apretado, escueto. Viste una llamativas botas que uno sabría decir si son “botas largas” o sencillamente le quedan largas a él. Tiene 58 años y luce en forma. Fibroso. Dueño de su cuerpo y de sus gestos. Dice lo que quiere y hace lo que quiere. Aunque usted no quiera. Esa es básicamente la razón de su vida. Sentado en un amplio sillón del Panamericano, su humanidad sufre un retroceso temporal al hundirse en el mueble mullido. De pronto, impulsado por energías secretas, operísticas tal vez, recupera la compostura, su aire de diva eterna, de estrella de cine mudo siempre presta para enfocar a la cámara con ojos inquietos. Mirada de acero, mirada de “Zoolander”. Parece decir: “todos ustedes son unos grasas, vos, y vos, y vos, y vos también”. Un momento, la verdad es que lo ha dicho. Este es Aníbal Pachano de cuerpo entero. ¿Es o se hace?

“Soy yo. Soy alguien comprometido, no tengo doble discurso. Prefiero ser sincero que un hipócrita. Un personaje real que a la derecha tiene a (Charles) Chaplin y a la izquierda a Buster Keaton. Un payaso fashion. Me amas o me odias y si me odias es porque estoy diciendo la verdad”, se presenta Pachano sin medias tintas.

-¿Por qué ese histrionismo, esa furia en la pantalla viniendo de un profesional de la danza?

-¡Es que me cansa la taradez mental!. Este ambiente de brutas con siliconas, de minas siliconadas que no saben hacer nada. De minas como Charlotte Caniggia. Si yo no digo que esto está mal no veo a nadie más que lo diga.

Pachano es una (otra de tantas) mutación televisiva. Entre principios de los 80 y principio de los 90 estuvo al frente de una de las más interesantes compañías de baile contemporáneo que ha dado este país, “Botton Tap”. Su recorrido a lo largo de diez años estuvo caracterizado por las buenas ideas de las puestas y la calidad interpretativa de sus bailarines. Pero Pachano, con su enojo seco de maestro riguroso, llegó al medio televisivo y estalló como un bola de fuego lanzada contra una cortina de nafta super. Fue jurado, fue panelista, fue testigo del arte de los otros y no le gustó lo que le mostraron. No le gustaron sus compañeros de armas, ni la iconografía brutal que define al pulso mediático. Entonces, los reproches, los latigazos, los dardos, las palabras como escupitajos, los insultos cruzados, el desquicio, el papelón compartido de cada tarde. No por eso retrocedió. Pero ellas, las divas del plástico, tampoco lo hicieron.

“Esta mujeres siliconadas tapan algo en la realidad argentina. Nélida Lobato se levanta de su tumba y se muere si las ve. Durante los años del menemismo era pizza y champagne ¿y ahora qué es? La manipulación ya estaba en los 90. Pero ¿es diferente hoy? Creo que es lo mismo. Este gobierno tiene un discurso autoritario, menos diplomático que con Néstor Kirchner pero apunta con el dedo. Yo recuerdo que actúe en espectáculos donde estaba Menem pero hoy si no te sientas frente a la Rosada sos la nada misma. Ahora la cultura también está en un segundo plano”, asevera el bailarín.

-¿Entonces cómo ves al país hoy, cómo lo explicas?

-Es el grasa que descubrió Puerto Madero. El grasa con cartera Louis Vuitton. El que agarró a dos empresarios que tenían oficinas en Puerto Madero y los contrató para que le manejen los negocios.

-¿Te refieres a alguien en especial, apuntas al empresariado o al gobierno?

-Hablo de lo grasa desde lo mental.

-Este gobierno.

-Está todo como raro, es el discurso lo raro. El relato que hacen de los desaparecidos y asociar a Hebe de Bonafini con Sergio Schoklender, a la Madre de Plaza de Mayo con el asesino. Este gobierno se apropió del discurso de los desaparecidos. Lo repiten todo el tiempo.

-¿Que opinión tienes de los intelectuales que apoyan estos años K como José Pablo Feimann, por ejemplo?

-Feinmann es un payaso. Pero un payaso inofensivo, rico y un populista de derecha. La realidad de este país no la provoca un multimedio o (Jorge) Lanata, si el gobierno dice que la culpa la tiene Clarín es porque hay algo más. Yo no tengo un problema con Clarín, como no tengo la culpa de los desaparecidos que el gobierno recuerda permanentemente. A mi me sobra la memoria y me acuerdo de todo, en cada momento patético de la Argentina hubo arte. A Menem lo vieron venir, venía con dos patillas y dos rubias atrás.

-¿Y cual es tu opinión de Cristina Kirchner?

-Yo a la presidenta la veo muy autoritaria, está confundida, hay mucho reto y eso es mostrar la hilacha y desautorizar a tu propia gente.

-Y volviendo a las siliconas, cada época tuvo sus “siliconadas”, el libro de Claudio Uriarte, “Almirante 0”, recuerda la figura y la conducta de Graciela Alfano durante la dictadura.

-Lindas chicas e idiotas existieron siempre. Estas mujeres lo único que tienen es el cuerpo, pero eso se acaba cuando se les acaba el cuerpo y los años pasan y no hay cosa peor que una vieja ridícula. Al menos Charlotte Caniggia no me dice “sidoso hijo de puta”. Pero mirá cómo está ella (Alfano) y cómo estoy yo. Yo estoy con mi familia y trabajando.

Por un momento, Pachano se queda en silencio. Colgado del aire. Toma con premura su café y deja el agua mineral intacta que un mozo le ha traído. No se negó pero tampoco quiso hablar de su trabajo como artista, ni de la obra que lo trae al sur. Cada conversación en estas horas ha sido un buen pretexto para hablar de política. ¿Se viene “Pachano senador”? Nadie lo desmiente. Ofrece su mano cálida como despedida. Se saca fotografías con una nena que anda dando vueltas y empieza su retiro. Triunfal como es debido.

“No se olviden de ´Cirugía para dos”, recuerda. Pero ya es tarde. Pachano no ha podido hacer otra cosa que contar su propia historia. La más apasionante de todas. La que conoce al dedillo.

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