Las voces silenciadas tienen un libro
En el texto convergen el estilo literario con el dolor de las víctimas abusadas.
Alfredo Leiva
Sebastián Di Silvestro se inclina sobre su cuerpo y, café de por medio, recita un poema. Es una bella y cálida pieza de poesía campera. Un objeto brillante y pequeño que uno puede (debe) llevar guardado en un papel para momentos muy diversos. O incluso, como una joya exótica alrededor de la muñeca. Inventor al que sus propias creaciones le quedan chicas, Di Silvestro es también escritor, editor y el director de la revista cultural de la cadena “Todo”. Tiene el aspecto de un pibe que acaba de salir de quién sabe qué ensueños. Su mirada es honesta, abre ventanas. Ayer en la sala de prensa del Centro Cívico, presentó el libro “La cacería del ángel”, de contenido estremecedor, donde reúne voces, testimonios y miradas sobre el delicado tema de los abusos. Es una obra que no pasará indiferente donde quienes han sido heridos profundamente por la violencia del otro encuentran una voz, la suya propia y la voz literaria de un escritor sobresaliente. Esta escena de película, en la cual Di Silvestro recita un verso que acaba de terminar, para días más tarde presentar un libro como “La cacería del ángel”, representa una parte sustancial de las piezas que perfilan o dibujan la vida del intelectual. Inquieto, buscador de horizontes extraños, Di Silvestro es, por ejemplo, el hombre detrás del libro del Chino Leiva, “4 de junio – 16:30 / Cenizas de la Patagonia”, un verdadero trofeo editorial. Y hay más, siempre hay más con Di Silvestro. Palabras como relatos, por ejemplo. –Rodrigo Fresán decía algo así como: usar la ficción para llegar a la verdad. ¿“La cacería del ángel” es una ficción verdadera? ¿O una verdad escrita en el cuerpo de una ficción? –Puesto en términos de ficción vs. realidad diría que “La cacería del ángel” es el resultado de un tratamiento literario intencionado dado a una serie de entrevistas en las que personas de carne y hueso cuentan experiencias vividas. En ningún caso tergiversé los dichos, yo ordené, concentré e intenté que fluyera la oralidad de un texto que viene a denunciar delitos que trascienden los límites del Estado de derecho, abusos sobre la debilidad, la inocencia, el imaginario y sobre todo el alma. Delitos no tipificados en la normativa del imperio tan romano como sus reproductores en ámbitos cerrados, de atmósferas enviciadas, donde existen relaciones asimétricas de poder y donde no hay una mirada adulta sana cuidando a los pibes. La literatura en este caso es realidad, está hecha de tripas corazón. –Estás utilizando la literatura como una forma de denuncia. Te metes en un tema espinoso, duro y sobre el que se mantiene en un círculo de silencio. –La víctima puesta en el banquillo de los acusados es la respuesta social conservadora más naturalizada. Qué dirán. Por algo habrá sido. Y por supuesto el silencio. Su imposición está en el centro de esta historia, la sintetiza una metáfora a la que apelan reiteradamente los abusadores en ámbitos confesionales: abusar de los inocentes es llevar la cruz. Obviamente en silencio. –¿Por qué te acercás al tema de los abusos sexuales? –No se trata de abusos sexuales, el libro se llama “La cacería del ángel”. Narra experiencias sufridas por seres humanos, pero no sólo en el cuerpo físico, sino también y sobre todo en el cuerpo emocional, el psíquico, el energético y el espiritual, improntas en el alma, traumas mucho más difíciles de sanar que aquellos que son evidentes. Y por lo mismo quedan impunes dentro del orden jurídico los victimarios que los causaron, porque sus acciones son improbables, como lo fueron para la madre de un hombre que me escribió a raíz de la publicación del libro: tiene 60 años y fue abusado de chico por un cura, cuando llegó a la casa y le contó a la vieja, la doña le lavó la boca con querosén y a la noche el padre lo fajó bien fajado, “gracias”, me escribió, y de esos agradecimientos he recibido varios. Pero el agradecido soy yo, de poder hacer algo con las palabras. –También, o sobre todo, haces poesía todo el tiempo. Sos poeta. Dices poesía hasta en un café. De memoria. ¿Qué es la poesía en vos? –La poesía en mí es oportunidad, canto, vibración, a veces evocación de una intensidad experimentada, otras veces videncia o vivencia del camino que viene al encuentro. Y siempre arraigo para mi alma, manera del amor, terruño. –Como dice Spinetta ¿Quién resistirá cuando el arte ataque? –Yo no asocio la expresión artística con la acción de atacar, sino más bien con la de ofrecer, abrir, liberar. De todos modos, si tengo que responder textualmente diría que al arte se resisten aquellos que se benefician o se ven obligados por órdenes impuestos: mandatos, estructuras, jerarquías, que articulan una sociedad confundida respecto a los valores inherentes a la vida, la salud de nuestra madre la tierra, nuestra propia salud como parte de un único organismo, natural espiritual y social. El arte, al igual que el dolor humano, es de todos, no podemos mantenernos ajenos, su poder lo asocio directamente con la vibración del amor, creadora, sanadora, vital, receptiva. Y el Flaco me parece que también.
El autor y su libro, un texto estremecedor que reúne voces, testimonios y miradas sobre el abuso.
Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar
Alfredo Leiva
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