El ejemplo ciudadano de Bariloche
En un año marcado por un programado calendario electoral en nuestro país –que consolida felizmente treinta años de continuidad de vida democrática– la ciudad lacustre afrontará en unos días una elección a intendente impensable de augurar apenas un año atrás. Resulta interesante analizar los diversos sucesos que se fueron dando en Bariloche durante el presente año, que desembocarán en la jornada cívica del 1 de septiembre, relacionados con la participación ciudadana y con el mejoramiento de los mecanismos democráticos electorales, porque seguramente constituyen un caso único en el país al darse todos a la vez en un mismo municipio y en tan corto lapso. Haber activado un plebiscito para ratificar o revocar al intendente electo cristaliza la puesta en práctica de un mecanismo privilegiado para el control ciudadano de sus gobernantes, el cual, si bien aparece en la letra escrita de varias cartas magnas de nuestros Estados, rara vez se lleva la práctica. Este ejercicio de ciudadanía –tal como lo conceptualiza el cientista político argentino Guillermo O’Donnell– nos acerca más a lo que debe ser una “democracia representativa” , donde las instituciones y los distintos poderes democráticos deben garantizar que quien sea elegido (el mandatario) gobierne representando el bien común de quienes lo eligieron (los mandantes), evitando el peligro de caer en una “democracia delegativa”, donde quien es elegido se arroga el derecho de hacer lo que se le ocurra durante su gestión, aún desviándose del mandato de la ciudadanía. La capacidad del Concejo Municipal de Bariloche de reaccionar rápidamente ante la crisis terminal que desnudó el fracaso del Ejecutivo, y de activar esta institución democrática encuadrada en su Carta Orgánica, fue ampliamente avalada por la ciudadanía a la hora de las urnas. El segundo hecho auspicioso lo constituye el hecho de haber instrumentado la boleta única para las próximas elecciones, sistema que apenas se ha implementado hasta ahora en nuestro país en Santa Fe y Córdoba, con un balance alentador. Este mecanismo disminuye los riesgos de que se produzcan diversos artilugios de fraude en la elección, algunos de ellos conocidos como el “voto cadena”, la falsificación, destrucción y robo de boletas, etc. Garantiza igualdad de oportunidades y transparencia para todos los partidos que compiten y mejora, además, el control de la votación y de los votos emitidos, ya que el diseño, la impresión y distribución de las boletas están a cargo del Estado y se entregan a cada elector en su respectiva mesa al momento de votar, lo que garantiza además que el ciudadano ejerza su derecho a votar en el cuarto oscuro. El tercer hecho –en el que General Roca es pionero en nuestra provincia–, el cual curiosamente también figura en la Carta Orgánica de Bariloche pero nunca fue llevado a la práctica hasta este momento, es la votación circuital, posibilitando que los ciudadanos cumplan con este deber cívico en un edificio público cercano a su domicilio. Este mecanismo facilitará ampliamente la participación –cuestión no menor en una ciudad de geografía escabrosa y de clima riguroso como es Bariloche–, disminuyendo los efectos del cuestionado “acarreo electoral ”, con todas las prácticas relacionadas al clientelismo político que esto puede implicar. Seguramente la nueva modalidad traerá como consecuencia que los resultados de la elección tarden más en definir una proyección, ya que no podrá estar marcada la tendencia con las primeras mesas –sean de la zona que fueren–, como sucedía en el sistema anterior. Agregará también, para el análisis político, las preferencias electorales de los distintos barrios y sectores sociales. Si bien todos estos aspectos sólo tienen que ver con la “democracia formal”, la cual debe ser necesariamente completada con la “democracia real”, que es aquella que genera las oportunidades para que se concrete una vida digna para todas y todos los ciudadanos, garantizando el acceso y la vigencia plena de los derechos humanos, la posibilidad de haber instrumentado todas estas medidas genera mejores y mayores condiciones para que la “democracia real” tenga más chances de profundizarse en nuestra sociedad. Considerando la grave crisis institucional que vivió esta localidad hacia fines del año pasado, es más que auspicioso como fortalecimiento del sistema democrático que en apenas unos pocos meses se pudieran concretar tantos avances en la calidad institucional de la vida cívica de la ciudad más grande de la provincia de Río Negro. Bienvenido sea entonces este buen ejemplo de Bariloche para nuestra provincia y, por qué no, también para el resto del país. (*) Exministro de Desarrollo Social de Río Negro
JORGE LUIS VALLAZZA (*)
En un año marcado por un programado calendario electoral en nuestro país –que consolida felizmente treinta años de continuidad de vida democrática– la ciudad lacustre afrontará en unos días una elección a intendente impensable de augurar apenas un año atrás. Resulta interesante analizar los diversos sucesos que se fueron dando en Bariloche durante el presente año, que desembocarán en la jornada cívica del 1 de septiembre, relacionados con la participación ciudadana y con el mejoramiento de los mecanismos democráticos electorales, porque seguramente constituyen un caso único en el país al darse todos a la vez en un mismo municipio y en tan corto lapso. Haber activado un plebiscito para ratificar o revocar al intendente electo cristaliza la puesta en práctica de un mecanismo privilegiado para el control ciudadano de sus gobernantes, el cual, si bien aparece en la letra escrita de varias cartas magnas de nuestros Estados, rara vez se lleva la práctica. Este ejercicio de ciudadanía –tal como lo conceptualiza el cientista político argentino Guillermo O’Donnell– nos acerca más a lo que debe ser una “democracia representativa” , donde las instituciones y los distintos poderes democráticos deben garantizar que quien sea elegido (el mandatario) gobierne representando el bien común de quienes lo eligieron (los mandantes), evitando el peligro de caer en una “democracia delegativa”, donde quien es elegido se arroga el derecho de hacer lo que se le ocurra durante su gestión, aún desviándose del mandato de la ciudadanía. La capacidad del Concejo Municipal de Bariloche de reaccionar rápidamente ante la crisis terminal que desnudó el fracaso del Ejecutivo, y de activar esta institución democrática encuadrada en su Carta Orgánica, fue ampliamente avalada por la ciudadanía a la hora de las urnas. El segundo hecho auspicioso lo constituye el hecho de haber instrumentado la boleta única para las próximas elecciones, sistema que apenas se ha implementado hasta ahora en nuestro país en Santa Fe y Córdoba, con un balance alentador. Este mecanismo disminuye los riesgos de que se produzcan diversos artilugios de fraude en la elección, algunos de ellos conocidos como el “voto cadena”, la falsificación, destrucción y robo de boletas, etc. Garantiza igualdad de oportunidades y transparencia para todos los partidos que compiten y mejora, además, el control de la votación y de los votos emitidos, ya que el diseño, la impresión y distribución de las boletas están a cargo del Estado y se entregan a cada elector en su respectiva mesa al momento de votar, lo que garantiza además que el ciudadano ejerza su derecho a votar en el cuarto oscuro. El tercer hecho –en el que General Roca es pionero en nuestra provincia–, el cual curiosamente también figura en la Carta Orgánica de Bariloche pero nunca fue llevado a la práctica hasta este momento, es la votación circuital, posibilitando que los ciudadanos cumplan con este deber cívico en un edificio público cercano a su domicilio. Este mecanismo facilitará ampliamente la participación –cuestión no menor en una ciudad de geografía escabrosa y de clima riguroso como es Bariloche–, disminuyendo los efectos del cuestionado “acarreo electoral ”, con todas las prácticas relacionadas al clientelismo político que esto puede implicar. Seguramente la nueva modalidad traerá como consecuencia que los resultados de la elección tarden más en definir una proyección, ya que no podrá estar marcada la tendencia con las primeras mesas –sean de la zona que fueren–, como sucedía en el sistema anterior. Agregará también, para el análisis político, las preferencias electorales de los distintos barrios y sectores sociales. Si bien todos estos aspectos sólo tienen que ver con la “democracia formal”, la cual debe ser necesariamente completada con la “democracia real”, que es aquella que genera las oportunidades para que se concrete una vida digna para todas y todos los ciudadanos, garantizando el acceso y la vigencia plena de los derechos humanos, la posibilidad de haber instrumentado todas estas medidas genera mejores y mayores condiciones para que la “democracia real” tenga más chances de profundizarse en nuestra sociedad. Considerando la grave crisis institucional que vivió esta localidad hacia fines del año pasado, es más que auspicioso como fortalecimiento del sistema democrático que en apenas unos pocos meses se pudieran concretar tantos avances en la calidad institucional de la vida cívica de la ciudad más grande de la provincia de Río Negro. Bienvenido sea entonces este buen ejemplo de Bariloche para nuestra provincia y, por qué no, también para el resto del país. (*) Exministro de Desarrollo Social de Río Negro
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