“Los socios de un comerciante”
En un negocio tipo, integrado por una familia o dos socios, sabemos con certeza que el tercer socio invisible son el Estado nacional, provincial y municipal (no necesariamente en ese orden, depende de la actividad), lo que deja para cada integrante un glorioso 33% de las ganancias. El sector más golpeado por esta ecuación es el de comercios familiares, pequeños y pymes (me refiero a las verdaderas pymes y no a las grandes empresas que se encubren bajo esta apariencia o las que utilizan el disfraz de cooperativas). Pasando en limpio lo dicho, me refiero a los comercios denominados “chicos”, que tienen que tratar de luchar de igual a igual con las grandes cadenas francesas, chilenas, americanas, La Salada, Saladita y los gigantes con pie de arena en ascenso que son los sitios de ventas on-line, sitios de mercado y de avisos gratis y compraventas. Estos verdaderos imperios extranjeros, que juegan día a día a la ruleta rusa de la legalidad impositiva, y los cibernéticos sin control alguno gozan de todos los beneficios fiscales habidos o por crear que nuestra densa, compleja y generosa legislación impositiva protege desde siempre, convirtiendo casi en realidad el mito urbano (inexistente por cierto, ya que no quiero pecar de xenófobo, Dios no lo permita) de que es mejor ser extranjero que nativo en estas tierras. Pero estas no son las peores pesadillas que un trabajador debe soportar cada día al levantar la persiana. Existe un cuarto socio que es más invisible e inevitable que los anteriores y además es nativo de esta querida tierra y se llama alquiler. Con este nuevo miembro en la pequeña sociedad debemos recalcular la ecuación en 33% (Estado), 17% (socio A), 17% (socio B), 33% (alquiler). Con esta igualdad matemática podemos decir que el verdadero formador de precios de la región es el alquiler, cuyos valores altísimos y totalmente fuera de la razón corren (corrieron y correrán) de la mano de la quimera petrolera. Y no me refiero sólo a los comerciantes; los particulares, los habitantes (ó rebautizados “vecinos” en días de campaña), tenemos que pagar alquileres cotizados en petróleo cuando los sueldos y los márgenes de ganancia se cotizan muy bajo en la cera de los oídos sordos de empresarios, gremios, cámaras y políticos (no necesariamente en ese orden). El espejismo de la cuenca petrolera está arrastrando al pueblo que vive una realidad cotidiana diferente a un pozo, que no es justamente de ese hidrocarburo. El cuarto socio es el más sigiloso porque generalmente se encuentra muy cerca del poder: no es ninguna novedad que apellidos de ricos y famosos/as de la alta sociedad neuquina, y sus nuevos ricos emergentes, estén emparentados, directa o indirectamente, con los negocios inmobiliarios de esta ciudad y tengan un porcentaje importante de locales ofrecidos en alquiler. No nos tiene que tomar por sorpresa que nunca tuvieron quórum ni estado parlamentario las iniciativas para crear un ente regulador de alquileres. No nos debe sorprender tampoco que toda sospecha de entrega de tierras siempre recorre un largo camino que pasa por varias oficinas gubernamentales y que la Justicia se encarga de que encuentre la puerta de salida y se pierda en las bastas mesetas patagónicas. Alguien que piense con el cerebro, y no sólo con el bolsillo y los lobbies, debe hacer algo para que los trabajadores del comercio, del día a día, no queden en el camino y nos ayuden pagar precios lógicos, no atados al petróleo ni atados a los monopolios silenciosos de los que se reparten la tierra y la torta. Eduardo Antonio Banchero DNI 11.703.392 Neuquén
Eduardo Antonio Banchero DNI 11.703.392 – Neuquén
En un negocio tipo, integrado por una familia o dos socios, sabemos con certeza que el tercer socio invisible son el Estado nacional, provincial y municipal (no necesariamente en ese orden, depende de la actividad), lo que deja para cada integrante un glorioso 33% de las ganancias. El sector más golpeado por esta ecuación es el de comercios familiares, pequeños y pymes (me refiero a las verdaderas pymes y no a las grandes empresas que se encubren bajo esta apariencia o las que utilizan el disfraz de cooperativas). Pasando en limpio lo dicho, me refiero a los comercios denominados “chicos”, que tienen que tratar de luchar de igual a igual con las grandes cadenas francesas, chilenas, americanas, La Salada, Saladita y los gigantes con pie de arena en ascenso que son los sitios de ventas on-line, sitios de mercado y de avisos gratis y compraventas. Estos verdaderos imperios extranjeros, que juegan día a día a la ruleta rusa de la legalidad impositiva, y los cibernéticos sin control alguno gozan de todos los beneficios fiscales habidos o por crear que nuestra densa, compleja y generosa legislación impositiva protege desde siempre, convirtiendo casi en realidad el mito urbano (inexistente por cierto, ya que no quiero pecar de xenófobo, Dios no lo permita) de que es mejor ser extranjero que nativo en estas tierras. Pero estas no son las peores pesadillas que un trabajador debe soportar cada día al levantar la persiana. Existe un cuarto socio que es más invisible e inevitable que los anteriores y además es nativo de esta querida tierra y se llama alquiler. Con este nuevo miembro en la pequeña sociedad debemos recalcular la ecuación en 33% (Estado), 17% (socio A), 17% (socio B), 33% (alquiler). Con esta igualdad matemática podemos decir que el verdadero formador de precios de la región es el alquiler, cuyos valores altísimos y totalmente fuera de la razón corren (corrieron y correrán) de la mano de la quimera petrolera. Y no me refiero sólo a los comerciantes; los particulares, los habitantes (ó rebautizados “vecinos” en días de campaña), tenemos que pagar alquileres cotizados en petróleo cuando los sueldos y los márgenes de ganancia se cotizan muy bajo en la cera de los oídos sordos de empresarios, gremios, cámaras y políticos (no necesariamente en ese orden). El espejismo de la cuenca petrolera está arrastrando al pueblo que vive una realidad cotidiana diferente a un pozo, que no es justamente de ese hidrocarburo. El cuarto socio es el más sigiloso porque generalmente se encuentra muy cerca del poder: no es ninguna novedad que apellidos de ricos y famosos/as de la alta sociedad neuquina, y sus nuevos ricos emergentes, estén emparentados, directa o indirectamente, con los negocios inmobiliarios de esta ciudad y tengan un porcentaje importante de locales ofrecidos en alquiler. No nos tiene que tomar por sorpresa que nunca tuvieron quórum ni estado parlamentario las iniciativas para crear un ente regulador de alquileres. No nos debe sorprender tampoco que toda sospecha de entrega de tierras siempre recorre un largo camino que pasa por varias oficinas gubernamentales y que la Justicia se encarga de que encuentre la puerta de salida y se pierda en las bastas mesetas patagónicas. Alguien que piense con el cerebro, y no sólo con el bolsillo y los lobbies, debe hacer algo para que los trabajadores del comercio, del día a día, no queden en el camino y nos ayuden pagar precios lógicos, no atados al petróleo ni atados a los monopolios silenciosos de los que se reparten la tierra y la torta. Eduardo Antonio Banchero DNI 11.703.392 Neuquén
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