“El show del retorno”
Lo que se hizo no fue una celebración por la salud recuperada, fue sólo un acto político. La estridente teatralidad del retorno de Cristina Kirchner a la Rosada tuvo una falla muy grave: puso en claro que allí no había nada librado al azar e hizo evocar los actos de culto político que en las décadas del 30 y 40 se tributaban a algunos dioses efímeros de la política europea, que ingresarían malamente en los manuales de historia. Los desbordes de entusiasmo que reflejan las fotos de esos tiempos y los que pudieron verse en la Rosada sugieren el mismo nivel de meticulosa preparación y falta de libertad individual de los participantes. Si nos guiáramos por la interpretación marxista de la historia, ese inexplicable fervor partidario que exhibían esos jóvenes, salvo excepciones, se debía exclusivamente a razones de tipo económico: querían que las cámaras registraran las pruebas de su fidelidad al modelo, para afianzarse en el trabajo, si lo tenían, o bien para evidenciar que eran ya merecedores de tener uno. Hoy, la celebración del gobernante y del modelo facilita el acceso al trabajo con más eficacia que la aptitud para el cargo y, además, los niveles de preparación en los trabajos políticos casi no se exigen. El acceso por la vía normal a un buen trabajo es tan difícil, que bien vale la pena ensayar otra vía más fácil. La verdad es que en ese ruidoso show no había nada para celebrar, pues en el plano interno todas las variables económicas, sociales y educativas del país se acercan al rojo y en el plano internacional no existimos, estamos peleados con todo el mundo y destruimos el Mercosur, aunque conservamos como aliados a Venezuela y Bolivia. Esas ostentaciones de sumisión plantean interrogantes, pues la historia nos enseña que ninguna persona realmente importante celebra de esta manera sus logros reales; prefiere más bien concentrarse en los objetivos aún no logrados. Ese acto ¿fue el resultado de las urgencias de su narcisismo tardío? El Estado manejado por los K sólo es eficiente en la tarea de esquilmar impositivamente a los ciudadanos que no son vip; en todos los demás campos se lo ve inexistente y demolido por una generalizada corrupción y falta de preparación profesional. Vemos que los más altos funcionarios son inexplicablemente millonarios, mientras que la inseguridad, la pobreza, la droga, la impunidad generalizada y la ignorancia se ensañan con el pueblo. ¿Esta Argentina es la que soñaban los jóvenes idealistas de los 70 que hoy nos gobiernan? Los argentinos merecemos un equipo de gobierno serio que acredite méritos verdaderos, para poder darle un fundado y racional apoyo. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Lo que se hizo no fue una celebración por la salud recuperada, fue sólo un acto político. La estridente teatralidad del retorno de Cristina Kirchner a la Rosada tuvo una falla muy grave: puso en claro que allí no había nada librado al azar e hizo evocar los actos de culto político que en las décadas del 30 y 40 se tributaban a algunos dioses efímeros de la política europea, que ingresarían malamente en los manuales de historia. Los desbordes de entusiasmo que reflejan las fotos de esos tiempos y los que pudieron verse en la Rosada sugieren el mismo nivel de meticulosa preparación y falta de libertad individual de los participantes. Si nos guiáramos por la interpretación marxista de la historia, ese inexplicable fervor partidario que exhibían esos jóvenes, salvo excepciones, se debía exclusivamente a razones de tipo económico: querían que las cámaras registraran las pruebas de su fidelidad al modelo, para afianzarse en el trabajo, si lo tenían, o bien para evidenciar que eran ya merecedores de tener uno. Hoy, la celebración del gobernante y del modelo facilita el acceso al trabajo con más eficacia que la aptitud para el cargo y, además, los niveles de preparación en los trabajos políticos casi no se exigen. El acceso por la vía normal a un buen trabajo es tan difícil, que bien vale la pena ensayar otra vía más fácil. La verdad es que en ese ruidoso show no había nada para celebrar, pues en el plano interno todas las variables económicas, sociales y educativas del país se acercan al rojo y en el plano internacional no existimos, estamos peleados con todo el mundo y destruimos el Mercosur, aunque conservamos como aliados a Venezuela y Bolivia. Esas ostentaciones de sumisión plantean interrogantes, pues la historia nos enseña que ninguna persona realmente importante celebra de esta manera sus logros reales; prefiere más bien concentrarse en los objetivos aún no logrados. Ese acto ¿fue el resultado de las urgencias de su narcisismo tardío? El Estado manejado por los K sólo es eficiente en la tarea de esquilmar impositivamente a los ciudadanos que no son vip; en todos los demás campos se lo ve inexistente y demolido por una generalizada corrupción y falta de preparación profesional. Vemos que los más altos funcionarios son inexplicablemente millonarios, mientras que la inseguridad, la pobreza, la droga, la impunidad generalizada y la ignorancia se ensañan con el pueblo. ¿Esta Argentina es la que soñaban los jóvenes idealistas de los 70 que hoy nos gobiernan? Los argentinos merecemos un equipo de gobierno serio que acredite méritos verdaderos, para poder darle un fundado y racional apoyo. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
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