“Esos legendarios médicos”

Redacción

Por Redacción

Esos legendarios médicos… que hoy casi son una leyenda. Pocos quedan de ésos, lo importante es que no se pierdan. Una vez, teniendo 6 ó 7 años, me desperté en plena madrugada pensando en que me moría. Tenía un ataque de falso crup. Vivía en Neuquén capital, donde nací, y recuerdo que mis padres llamaron preocupados al médico, que vino al instante, como si hubiera sido teletransportado, en un R12 break color amarillo. La situación se resolvió sin mayores inconvenientes. Cuando llegó, sentí que había llegado Dios. A esa edad valoraba y era consciente de que lo había sacado de su sueño. Hoy, con el tiempo, ese recuerdo se vuelve imborrable y más aún cuando ese médico, una persona de bien al servicio del prójimo, que honró su profesión y que siempre distendía a uno de sus preocupaciones en alegres consultas, ese hombre, que ha dejado una herencia de valores tan supremos, en Gustavo y sus hijos (y al cual la vida le robó a su hija Jorgelina), acaba de desaparecer físicamente. Ha quedado su inmenso amor y parte de él en su descendencia, en Delia, en sus nietos. Y en todos quienes lo conocieron ha quedado una lección de amor desinteresada. Ese señor médico se llamó Enrique Zabert y lamenté y me puse triste de no poder abrazarlo y agradecerle tantos gestos que siempre tuvo en estos últimos años. Ojalá con estas líneas pudiera llegar a su esencia y ser uno más de tantos y tantos que tuvieron la honra de conocerlo. Juan Pablo Vidal, DNI 17.025.960 Neuquén

Juan Pablo Vidal, DNI 17.025.960 Neuquén


Esos legendarios médicos... que hoy casi son una leyenda. Pocos quedan de ésos, lo importante es que no se pierdan. Una vez, teniendo 6 ó 7 años, me desperté en plena madrugada pensando en que me moría. Tenía un ataque de falso crup. Vivía en Neuquén capital, donde nací, y recuerdo que mis padres llamaron preocupados al médico, que vino al instante, como si hubiera sido teletransportado, en un R12 break color amarillo. La situación se resolvió sin mayores inconvenientes. Cuando llegó, sentí que había llegado Dios. A esa edad valoraba y era consciente de que lo había sacado de su sueño. Hoy, con el tiempo, ese recuerdo se vuelve imborrable y más aún cuando ese médico, una persona de bien al servicio del prójimo, que honró su profesión y que siempre distendía a uno de sus preocupaciones en alegres consultas, ese hombre, que ha dejado una herencia de valores tan supremos, en Gustavo y sus hijos (y al cual la vida le robó a su hija Jorgelina), acaba de desaparecer físicamente. Ha quedado su inmenso amor y parte de él en su descendencia, en Delia, en sus nietos. Y en todos quienes lo conocieron ha quedado una lección de amor desinteresada. Ese señor médico se llamó Enrique Zabert y lamenté y me puse triste de no poder abrazarlo y agradecerle tantos gestos que siempre tuvo en estos últimos años. Ojalá con estas líneas pudiera llegar a su esencia y ser uno más de tantos y tantos que tuvieron la honra de conocerlo. Juan Pablo Vidal, DNI 17.025.960 Neuquén

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