“Capitalismo vs. ecología”

Redacción

Por Redacción

La semana pasada, en nota editorial, el conocido periodista James Nelson más que un artículo parece haber escrito una oda gloriosa al capitalismo. Es el que hoy gobierna, casi a nivel mundo con la más moderna denominación de “neoliberalismo”. Motiva este artículo rebatir las afirmaciones que el Sr. Nelson hace, aparte de por estar yo en la antípoda ideología del mismo, por el nivel de elogiosa obsecuencia hacia esta teoría económica. Ni que el capitalismo hubiera sido, históricamente, la panacea universal y no un sistema globalizante y consumista que ha llevado a la especie humana al borde del abismo ecológico, o sea de la posibilidad futura de no subsistencia de la especie humana. Desde el exvicepresidente de los EE. UU. para abajo, Al Gore preocupa a la humanidad toda. El éxito clamoroso que según este escritor detenta el capitalismo es el de una teoría económica basada en la acumulación de capital y en el consumismo a ultranza. Fue “globalizada” por Estados Unidos, país que es el mayor contaminante del mundo y que se niega a firmar el tratado de Kyoto, aprobado por casi todas las naciones y que establece reducir las emisiones de CO2 al nivel de 1990. Prefieren no modificar su hiperconsumista “forma de vida”, poniendo en riesgo futuro de extinción a la especie humana. Recojamos opiniones validas sobre este problema. Comencemos por el exvicepresidente de ese país y premio Nobel, Al Gore, que en su película “El día después” ficciona las consecuencias del efecto invernadero; otro, también premio Nobel, el meteorólogo Osvaldo Canzini, dice: “El asunto es que el cambio climático está produciendo, lenta y silenciosamente, postales devastadoras de la tierra”. Véase, en EE. UU., el frío reciente, capaz de romper las rocas. El ilustre fisicoquímico Tomás Buch, en su nota del 27 de enero (diario “Río Negro”), hablando de la codicia típica del capitalismo señala la existencia de ¡sesenta! “paraísos fiscales”; cuevas de ladrones de Ali Baba, las llama, donde se refugian billones de dólares capitalistas, mientras de 7.000 millones de habitantes que somos (¡qué locura!), 1.000 millones pasan o mueren de hambre. La ONG inglesa Oxfam determinó que las 85 personas más ricas del mundo poseen una fortuna igual a la suma que tiene la mitad más pobre. Sobre esta terrible inequidad, comenta el mencionado Tomás Busch, está basado el sistema neoliberal. Además de acrecentar el efecto invernadero, el mundo capitalista (o “desarrollado”) está consumiendo a ritmo acelerado los recursos naturales, no renovables, sin sustentabilidad, o sea provocando su agotamiento y dejando sin ellos a nuestros descendientes. En un mundo que, además, ya ha perdido gran parte de su flora y fauna, personas como usted hacen mucho daño, enmascarando la realidad. Yo trato de ponerla en evidencia porque “el destino de nuestra especie está totalmente ligado al del planeta”, o sea al de la naturaleza, a la cual pertenecemos. y sólo queda, como último recurso, cambiar la naturaleza egoísta del hombre. Y este difícil cambio sólo podrá lograrse a través del amor. El homo sapiens, en su angustia existencial, tratando de comprender la muerte, fue “cooptado” por religiones que consuelan con una vida después de la muerte, dominando así las masas (Edad Media, oscurantismo): “Dichosos los que sufren; ellos serán consolados”. Sólo con el amor que predicó Cristo nos salvaremos… “amaos los unos a los otros”, dijo. Amemos a todos los seres y las cosas que, evolución mediante, creó la naturaleza. Éste es el camino y no el del capitalismo. Con su egoísmo materialista sólo cabrá esperar el apocalipsis ecológico. Sólo el amor nos hará comprender que, si salvamos a nuestro semejante, nos salvaremos a nosotros mismos. Éste es el mensaje del ecologismo, la más importante revolución ideológica y práctica del último siglo, De él dijo Leonardo Boff: “Es el grito de la tierra y el clamor de los pobres”. Carlos H. López, DNI 4.820.317 Roca

Carlos H. López, DNI 4.820.317 Roca


La semana pasada, en nota editorial, el conocido periodista James Nelson más que un artículo parece haber escrito una oda gloriosa al capitalismo. Es el que hoy gobierna, casi a nivel mundo con la más moderna denominación de “neoliberalismo”. Motiva este artículo rebatir las afirmaciones que el Sr. Nelson hace, aparte de por estar yo en la antípoda ideología del mismo, por el nivel de elogiosa obsecuencia hacia esta teoría económica. Ni que el capitalismo hubiera sido, históricamente, la panacea universal y no un sistema globalizante y consumista que ha llevado a la especie humana al borde del abismo ecológico, o sea de la posibilidad futura de no subsistencia de la especie humana. Desde el exvicepresidente de los EE. UU. para abajo, Al Gore preocupa a la humanidad toda. El éxito clamoroso que según este escritor detenta el capitalismo es el de una teoría económica basada en la acumulación de capital y en el consumismo a ultranza. Fue “globalizada” por Estados Unidos, país que es el mayor contaminante del mundo y que se niega a firmar el tratado de Kyoto, aprobado por casi todas las naciones y que establece reducir las emisiones de CO2 al nivel de 1990. Prefieren no modificar su hiperconsumista “forma de vida”, poniendo en riesgo futuro de extinción a la especie humana. Recojamos opiniones validas sobre este problema. Comencemos por el exvicepresidente de ese país y premio Nobel, Al Gore, que en su película “El día después” ficciona las consecuencias del efecto invernadero; otro, también premio Nobel, el meteorólogo Osvaldo Canzini, dice: “El asunto es que el cambio climático está produciendo, lenta y silenciosamente, postales devastadoras de la tierra”. Véase, en EE. UU., el frío reciente, capaz de romper las rocas. El ilustre fisicoquímico Tomás Buch, en su nota del 27 de enero (diario “Río Negro”), hablando de la codicia típica del capitalismo señala la existencia de ¡sesenta! “paraísos fiscales”; cuevas de ladrones de Ali Baba, las llama, donde se refugian billones de dólares capitalistas, mientras de 7.000 millones de habitantes que somos (¡qué locura!), 1.000 millones pasan o mueren de hambre. La ONG inglesa Oxfam determinó que las 85 personas más ricas del mundo poseen una fortuna igual a la suma que tiene la mitad más pobre. Sobre esta terrible inequidad, comenta el mencionado Tomás Busch, está basado el sistema neoliberal. Además de acrecentar el efecto invernadero, el mundo capitalista (o “desarrollado”) está consumiendo a ritmo acelerado los recursos naturales, no renovables, sin sustentabilidad, o sea provocando su agotamiento y dejando sin ellos a nuestros descendientes. En un mundo que, además, ya ha perdido gran parte de su flora y fauna, personas como usted hacen mucho daño, enmascarando la realidad. Yo trato de ponerla en evidencia porque “el destino de nuestra especie está totalmente ligado al del planeta”, o sea al de la naturaleza, a la cual pertenecemos. y sólo queda, como último recurso, cambiar la naturaleza egoísta del hombre. Y este difícil cambio sólo podrá lograrse a través del amor. El homo sapiens, en su angustia existencial, tratando de comprender la muerte, fue “cooptado” por religiones que consuelan con una vida después de la muerte, dominando así las masas (Edad Media, oscurantismo): “Dichosos los que sufren; ellos serán consolados”. Sólo con el amor que predicó Cristo nos salvaremos… “amaos los unos a los otros”, dijo. Amemos a todos los seres y las cosas que, evolución mediante, creó la naturaleza. Éste es el camino y no el del capitalismo. Con su egoísmo materialista sólo cabrá esperar el apocalipsis ecológico. Sólo el amor nos hará comprender que, si salvamos a nuestro semejante, nos salvaremos a nosotros mismos. Éste es el mensaje del ecologismo, la más importante revolución ideológica y práctica del último siglo, De él dijo Leonardo Boff: “Es el grito de la tierra y el clamor de los pobres”. Carlos H. López, DNI 4.820.317 Roca

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