Extrañamos tanto a Mr. White

Durante cinco años “Breaking Bad” mantuvo a millones de personas con el alma en un hilo. ¿Qué hacemos sin él? y sobre todo ¿qué va hacer Bryan Cranston?

Redacción

Por Redacción

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El problema es que todos extrañamos a Mr. White. Incluso Mr. White extraña a Mr. Walter White. ¡Oh, cierto! que el ex profesor de química, el zar de la metanfetamina, el dueño de una delirante doble vida, murió en el último capítulo de “Breaking Bad” producto de una máquina de asesinar que él mismo diseñó en sus ratos libres. No se marchó solo al otro mundo. Pero eso ya lo saben ¿No? ¿No?

Durante cinco años “Breaking Bad” mantuvo a millones de personas con el alma en un hilo. Para más precisiones, el último capítulo tuvo 10,3 millones de espectadores y 500 mil descargas ilegales al ratito no más de que este concluyera con Mr. White despatarrado en el suelo de un laboratorio de metanfetamina.

Stephen King, el gran maestro del terror, aseguró que la serie de Vince Gilligan era la mejor de todos los tiempos. Nadie podría argumentar que anda lejos.

Sus protagonistas hasta ahora han gozado de los rayos que emite el fantástico sol negro que es la serie. Jesse Pinkman, perdón Aaron Paul, llegó velozmente a su primer protagónico con “Need for Speed” pero ya antes había quedado probado que Paul es un dotado artista quien con suerte y viento a favor volverá a sorprendernos.

Para Bryan Cranston la cosa está un poco más peluda. Su identificación con el personaje es tal que a la Convención del Comic de San Diego se presentó con una máscara de “Walter White” o de “Heisenberg”, el álter ego del profesor, según se vea.

Hace unos días el actor le confesó en una entrevista a “The Guardian” que pensaba recurrentemente en Mr. White. “Lo extraño, realmente lo extraño mucho”, le dijo al diario inglés.

En este reportaje Cranston también resaltó una de las mejores características de su rostro. “Doy miedo a la gente, ¿viste que hay gente que construye una sonrisa? Bueno, yo hago una que parece decir: voy a comerme a los chicos”, explicó. Y Si. La transformación que Cranston “construye” entre el tenue profesor de química, que alguna vez fue una suerte de galán post 60 pero que hoy padece un cáncer que lo impulsa al crimen y a dar a libre vía al maligno “Heisenberg”, es una de Capilla Sixtina de la actuación televisiva.

“Pronuncia mi nombre”, le exige Heisenberg a Declan, un capo emergente de las drogas mexicano. “Dilo”. Cuando el maleante lo confirma a su pesar, “Heisenberg”, los ojos de Mr. White se vuelven oscuros y la noche cae sobre todos nosotros. “You’re goddamn right”, le dice el pelado. Silencio en la sala. Aplausos. Algunos sitios en internet juran que esta línea es la más cool del género policial. Así es, así fue, con “Breaking Bad”, récord tras récord.

A sus 58 años Cranston vive el mejor momento de su carrera. Por estas horas quien visite Nueva York lo encontrará en Broadway interpretando al presidente norteamericano Lyndon Johnson in “All the Way”, una obra compleja que lo obliga a estar sobre escenario alrededor de tres horas. El desgaste físico que le implica la pieza teatral lo impulsó a la disciplina de mantenerse en completo silencio un día a la semana para dar un respiro a sus cuerdas vocales. Su composición del mandatario estadounidense, el que simbolizó tanto el progreso industrial norteamericano como la decisión de involucrarse de cabeza en la guerra de Vietnam, ha sido aclamada por la crítica y, en el fondo, lo ubican en el lugar que Cranston posee desde sus inicios en este negocio: el de un actor de raza. “(Lyndon Johnson) Estaba trabajando constantemente, constantemente tratando de hacer tratos: tenemos que renunciar a esto, tenemos que conseguir eso. Las personas cercanas a él le decían que no les gustaba pero que lo amaban. No les gustaba la forma en que maltrataba a las personas. ¿Pero su corazón? Sus intenciones, en su mayor parte, eran honorables”, cuenta el actor del presidente al que recuerda en Nueva York.

También dentro de poco se lo verá en una nueva versión de “Godzilla”, el monstruo japonés del eterno retorno. En esta “reboot” del clásico nipón, que se estrenará el 15 de mayo, el actor será Joseph Brody un físico nuclear atribulado por la culpa y la responsabilidad de entender lo orígenes de la bestia que, como es de esperar, se come un pedazo de la Estatua de la Libertad. El filme, dirigido por Gareth Edward, está protagonizado por Aaron Johnson y Elizabeth Olsen. Edward es el director de otra película -muy interesante, dicho sea de paso- donde intervienen gigantes que no alcanzan a ser captados en toda su enorme dimensión por las cámaras, llamada “Monsters”, con los ascendentes Whitney Able y Scoot McNairy.

Uno tiene la tentación de preguntar, dónde ha estado todo este tiempo este magnífico actor. Pero la verdad es que Cranston es nuestro vecino desde hace largo tiempo. Tal vez algunos (algún memorioso de Marte) lo recuerden de un siglo atrás como Billy Joe, el simpático ladrón de automóviles de “Chips, la patrulla motorizada”. Pero también pasó como Hank por “Walker, Texas Ranger” (la serie que llevó a upa Chuck Norris tiempo después de trompearse con Bruce Lee), fue un abogado en “Sabrina, la bruja adolescente” y, en su rol más conocido antes de WW, Hal Wilkerson, un padre de familia imposible y bastante chanta en “Malcolm in the Middle”. Antes, mucho antes de ganar casi 2 millones de dólares por la temporada final de “Breaking Bad”, ayudó a vender de numerosos productos en comerciales de autos, café, papas fritas y crema para las hemorroides. Si, esas cremas. El hombre tiene su atractivo, el año pasado la tapa de la revista de modas masculinas “GQ”, lo mostró en todo su esplendor.

Dejando a un lado su actual celebridad, Cranston ha sabido siempre ganarse el pan.

“Sabíamos que estábamos haciendo algo bueno y este fue el mejor personaje de toda mi carrera”, le reconoció Cranston sin falsa modestia y absolutamente nada de divismo en una divertida entrevista junto a Jimmy Fallon. “Este tipo es un monstruo, ¿cómo hiciste para convertirlo en alguien querible?”, le preguntó Fallon. A lo cual el actor respondió con una frase que parece englobar y darle sentido a su carrera y camaleónico talento: “sabes, todo tiene que ver con ir cambiando, es lo que hace este personaje, cambiar totalmente”.

Sigue así, Bryan, sigue cambiando.

Claudio Andrade


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