Rafael Correa sacrifica a Nicolás Maduro

Redacción

Por Redacción

Es fácil hacer leña del árbol caído. Y, con frecuencia, también es gratis. Por ello ese suele ser un fenómeno casi normal en el peculiar mundo de la política. El bolivariano presidente de Ecuador, Rafael Correa, acaba de demostrarlo, pegándole duro a Nicolás Maduro. Sin recato alguno. A la manera de comentario corriente hecho por un “experto”. Es cierto, comparar la formación de Correa (universitaria y con estudios de grado en la universidad norteamericana de Illinois) con la deformación del absolutamente inculto Nicolás Maduro no resiste el menor análisis. Pero que un aliado le pegue de pronto a Maduro, por la espalda, es llamativo. Jamás habría sucedido esto en tiempos del ahora profeta Hugo Chávez. Correa no se hubiera animado. Nunca. Pero las cosas cambian y Maduro está ahora claramente asomado al abismo. Tambaleando y mirando hacia abajo. Y haciendo lo que mejor sabe: golpear y encarcelar, sin enfrentar la crisis socio-económica gravísima en la que Venezuela está sumida. Que obviamente lo supera y que no puede resolver por sus rigideces y estrecheces mentales. Y por su ignorancia. Salvo transformando Venezuela en Cuba. O sea en una inmensa prisión en la que se encierra a unos pocos latinoamericanos que son condenados, en nombre de una descabellada utopía, a tener que sobrevivir en un nivel vida absolutamente deplorable. En oportunidad de la reciente visita de Rafael Correa a Bachelet, en Chile, el arrogante ecuatoriano sostuvo, urbi et orbi y suelto de cuerpo, que la crisis política venezolana ha sido ahondada por los errores económicos cometidos por el gobierno de Nicolás Maduro. Es así. Pero tarde piaste, Correa. O, más bien, tarde te diste cuenta. ¿Por qué no le advertiste, a tiempo, a tu hermano bolivariano que iba por el mal rumbo, directo al suicidio económico? Es fácil decir ahora que esos errores “han exacerbado” los problemas de Venezuela. Lo que supone nada menos que darle la razón a la oposición venezolana. Confesión de parte, dirán los abogados. Y es así. La oposición tiene razón. Y el pueblo venezolano lo sabe. Mayoritariamente, a estar a las encuestas. Para hacer sus críticas aún más punzantes Correa dijo: “Venezuela era la Arabia Saudita del mundo, y ¿dónde se fue ese dinero?”. El líder ecuatoriano lo debería saber bien: fue a comprar voluntades de otros países a cambio de crudo a precios de regalo. Y a los bolsillos de algunos funcionarios (y sus allegados) que están entre los corruptos que conforman la nueva “elite” política venezolana. Mala reflexión, entonces, la de Correa. Porque pone al descubierto lo que, de veras, piensa Correa. Y muchos de nosotros. Correa, en paralelo, pidió a Bachelet “reactivar Unasur”. Lo que –en realidad– quiere decir retomar su férreo manejo y control, que parece haberse escapado de las manos de los bolivarianos. Fiel a sus posiciones bolivarianas, pese a que estaba en Chile, Correa aprovechó la oportunidad para respaldar abiertamente los reclamos de Evo Morales (que ha llevado a Chile a juicio ante la Corte Internacional de Justicia) sobre la salida al mar que Bolivia pretende. Aquello de los “asuntos internos” naturalmente no forma parte del dogma bolivariano. Cuando es a favor de la audacia en el hablar. Pero no cuando juega en contra, transformándose entonces en principio indeclinable. A cara descubierta, siempre. A lo que agregó, sentenciando: “Me parece muy injusto que la responsabilidad se le dé a Chile”, lo que parece sugerir que está dispuesto a ceder territorio ecuatoriano para que Bolivia (y Paraguay, al que incluye en el reclamo de salir de la mediterraneidad) tenga salida al mar. ¿O no? Dios quiera que sea así. Pero me temo que sólo son declamaciones populistas, hechas por compromiso con el gobierno de su par político: Evo Morales. Apenas eso. Y una expresión de ligereza total, en el marco de la extraña “política exterior” bolivariana, que se está deshilachando. Como todas sus propuestas, ante la realidad de su estrepitoso e inocultable fracaso. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


Es fácil hacer leña del árbol caído. Y, con frecuencia, también es gratis. Por ello ese suele ser un fenómeno casi normal en el peculiar mundo de la política. El bolivariano presidente de Ecuador, Rafael Correa, acaba de demostrarlo, pegándole duro a Nicolás Maduro. Sin recato alguno. A la manera de comentario corriente hecho por un “experto”. Es cierto, comparar la formación de Correa (universitaria y con estudios de grado en la universidad norteamericana de Illinois) con la deformación del absolutamente inculto Nicolás Maduro no resiste el menor análisis. Pero que un aliado le pegue de pronto a Maduro, por la espalda, es llamativo. Jamás habría sucedido esto en tiempos del ahora profeta Hugo Chávez. Correa no se hubiera animado. Nunca. Pero las cosas cambian y Maduro está ahora claramente asomado al abismo. Tambaleando y mirando hacia abajo. Y haciendo lo que mejor sabe: golpear y encarcelar, sin enfrentar la crisis socio-económica gravísima en la que Venezuela está sumida. Que obviamente lo supera y que no puede resolver por sus rigideces y estrecheces mentales. Y por su ignorancia. Salvo transformando Venezuela en Cuba. O sea en una inmensa prisión en la que se encierra a unos pocos latinoamericanos que son condenados, en nombre de una descabellada utopía, a tener que sobrevivir en un nivel vida absolutamente deplorable. En oportunidad de la reciente visita de Rafael Correa a Bachelet, en Chile, el arrogante ecuatoriano sostuvo, urbi et orbi y suelto de cuerpo, que la crisis política venezolana ha sido ahondada por los errores económicos cometidos por el gobierno de Nicolás Maduro. Es así. Pero tarde piaste, Correa. O, más bien, tarde te diste cuenta. ¿Por qué no le advertiste, a tiempo, a tu hermano bolivariano que iba por el mal rumbo, directo al suicidio económico? Es fácil decir ahora que esos errores “han exacerbado” los problemas de Venezuela. Lo que supone nada menos que darle la razón a la oposición venezolana. Confesión de parte, dirán los abogados. Y es así. La oposición tiene razón. Y el pueblo venezolano lo sabe. Mayoritariamente, a estar a las encuestas. Para hacer sus críticas aún más punzantes Correa dijo: “Venezuela era la Arabia Saudita del mundo, y ¿dónde se fue ese dinero?”. El líder ecuatoriano lo debería saber bien: fue a comprar voluntades de otros países a cambio de crudo a precios de regalo. Y a los bolsillos de algunos funcionarios (y sus allegados) que están entre los corruptos que conforman la nueva “elite” política venezolana. Mala reflexión, entonces, la de Correa. Porque pone al descubierto lo que, de veras, piensa Correa. Y muchos de nosotros. Correa, en paralelo, pidió a Bachelet “reactivar Unasur”. Lo que –en realidad– quiere decir retomar su férreo manejo y control, que parece haberse escapado de las manos de los bolivarianos. Fiel a sus posiciones bolivarianas, pese a que estaba en Chile, Correa aprovechó la oportunidad para respaldar abiertamente los reclamos de Evo Morales (que ha llevado a Chile a juicio ante la Corte Internacional de Justicia) sobre la salida al mar que Bolivia pretende. Aquello de los “asuntos internos” naturalmente no forma parte del dogma bolivariano. Cuando es a favor de la audacia en el hablar. Pero no cuando juega en contra, transformándose entonces en principio indeclinable. A cara descubierta, siempre. A lo que agregó, sentenciando: “Me parece muy injusto que la responsabilidad se le dé a Chile”, lo que parece sugerir que está dispuesto a ceder territorio ecuatoriano para que Bolivia (y Paraguay, al que incluye en el reclamo de salir de la mediterraneidad) tenga salida al mar. ¿O no? Dios quiera que sea así. Pero me temo que sólo son declamaciones populistas, hechas por compromiso con el gobierno de su par político: Evo Morales. Apenas eso. Y una expresión de ligereza total, en el marco de la extraña “política exterior” bolivariana, que se está deshilachando. Como todas sus propuestas, ante la realidad de su estrepitoso e inocultable fracaso. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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