El doloroso éxodo de los sirios que huyen del Estado Islámico

Son unos 200.000 los que cruzaron a Turquía. Perdieron todas sus pertenencias a manos de los yihadistas.

Redacción

Por Redacción

AP

SURUC, Turquía.- En un polvoriento campamento de refugiados construido en un terreno en desuso, Hansa Baku añora el hogar que dejó en Gerik, una aldea en el norte de Siria, tomada por el Estado Islámico. “Extraño todo de mi casa, todo”, cuenta Hansa Baku, sentada delante de la tienda de campaña donde ahora se aloja junto a su hijo menor. Hace seis meses su hija mayor se unió a las Unidades de Protección Popular kurda (YPG) y ahora combate contra los yihadistas. Sus otros dos hijos están mendigando trabajo en ciudades turcas a la espera de ganar lo suficiente para apoyar a la familia. “Tenemos agua y comida porque el partido nos proporciona lo suficiente, pero la vida en un campamento carece de significado, no tiene sentido”, dijo esta mujer en referencia al Partido Democrático de la Región (BDP), una organización kurda que gestiona el campamento. A diferencia de muchos otros refugiados, que ya suman unos 200.000, a la familia de Baku se le permitió llevar sus bienes a Turquía tras varios días de espera en la frontera. “Pero entonces lo tuvimos que vender todo. Yo tenía 50 ovejas y cuatro cabras. Necesitábamos el dinero y no teníamos con qué alimentarlas aquí en el campamento”, señaló Baku. Otros refugiados se vieron obligados a marcharse dejando sus animales y sus coches, los únicos bienes que poseían. Los agricultores que invirtieron en algodón y grano probablemente jamás tengan la posibilidad de recoger la cosecha. En lugar de ello, el Estado Islámico está saqueando sus casas. “Ahora todo está perdido. No quiero dejar mi país, pero cuando escuché que el ISIS estaba decapitando personas ¿qué otra posibilidad tenía? Vi sus vehículos acercarse a nuestra aldea y comencé a correr”, relató Mohammed, un agricultor que se dedica al cultivo del algodón. A Baku le preocupan los niños, que ahora no tienen nada que hacer. No hablan turco y no hay clases en kurdo o en árabe en escuelas locales. En lugar de ello, los adultos dan tareas a los niños para que se perciba algo semejante a la normalidad. Los refugiados también intentan mantener las lazos entre los miembros de una misma aldea. Una joven madre sufrió una crisis nerviosa cuando los yihadistas entraron en su aldea, pero sus paisanos están cuidando de ella y de sus hijos en el campamento. Al igual que muchos otros, teme que el largo conflicto entre Turquía y los kurdos afecte a la ayuda de Ankara a los refugiados que cruzan Siria. “Suruc no es un lugar rico y no hay empleo. La gente no se está quejando porque son hermanos los que huyen, pero cuando el partido se quede sin recursos, la situación sólo puede ir a peor”, advierte. (DPA)


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