Partidos tironeados
La UCR padece el embate de albertistas y de allegados a Odarda. El PJ llama a dirigentes afines al gobierno y trata de impedir filtraciones.
DOMINGO A DOMINGO
El peronismo y el radicalismo han sido durante décadas partidos mayoritarios en el país y en la provincia, verdaderos hegemonistas de la escena política.
Hoy, en Río Negro, se los ve tironeados y bajo amenaza de sufrir uno de los más severos desmembramientos de una historia que -bueno es decirlo- no ha estado exenta de cimbronazos.
Los dos tienen ante sí decisiones trascendentes. Tantean su alineamiento en torno a candidaturas provinciales, como causa o efecto del respaldo a figuras presidenciables.
Uno y otro tienen un objetivo: vivir esta transición minimizando los riesgos.
Saben que en la provincia hay dos fuerzas que, si bien tienen un peso específico difícil de precisar, pueden poner en jaque a los partidos mayoritarios.
Son las vertebradas en torno a figuras ascendentes provenientes de partidos minoritarios que están en condiciones de aprovechar la crisis de representación que afecta a los movimientos tradicionales: una de ellas se nuclea en torno a la senadora Magdalena Odarda y la otra, bajo la conducción del gobernador Alberto Weretilneck.
¿Qué tienen a favor? Las manos libres para cerrar alianzas, una historia más breve -que, por eso, les ha generado menos enemigos- y un más pequeño pasivo político.
¿Qué tienen en contra? Su personalismo, que ata demasiado el destino de sus fuerzas políticas a la imagen de quienes las lideran.
El radicalismo se ve tironeado a dos puntas.
Cerca de Weretilneck hay varios exfuncionarios de Saiz o de gobiernos anteriores que eligieron permanecer guarecidos al calor del sueldo público.
También el sector de Odarda -surgido de la unión de la CC-ARI y el socialismo- seduce frontalmente al radicalismo, con el que tiene varios puntos en común.
Replicar o no en la provincia el Frente Progresista con el FA-Unen es la decisión que deberá tomar el radicalismo. Y esa opción será el catalizador en las próximas internas para elegir autoridades partidarias provinciales.
Bautista Mendioroz es el principal motor de esa alternativa, a la que últimamente se sumó el exgobernador Miguel Saiz.
En la vereda de enfrente está el sector en el que confluyen el intendente de Viedma, José Luis Foulkes; el exgobernador Horacio Massaccesi y el legislador Darío Berardi, más predispuestos a negociar con el proyecto reeleccionista de Alberto Weretilneck.
Si no la manejan bien, la encrucijada puede significar un quiebre, como el que sufrió el Frente Grande cuando el arriaguismo decidió aliarse con la UCR que lideraba entonces Pablo Verani.
Días atrás, la difusión pública del mail reservado que el gobernador Alberto Weretilneck envió a sus colaboradores más directos reveló su estrategia y encendió luces de alarma en la UCR y también en el justicialismo. Pidió a los legisladores «generosidad» al repartir los cargos parlamentarios tras la asunción de Pedro Pesatti como vicegobernador.
Para Mendioroz el tema fue grave y llamó a «no permitir que nuestra bandera partidaria se vea flameando en el mástil de un barco pirata».
Con más pragmatismo que elocuencia, Darío Berardi recordó otros acuerdismos del pasado.
Frases más o menos, la verdad es que seis radicales votan hoy según el gusto del gobernador en la Legislatura.
Desde otra vereda, la senadora Odarda dio el viernes un nuevo golpe, tendiente a cosechar respaldo de radicales: protagonizó en el Congreso un homenaje al exgobernador Pablo Verani al cumplirse un año de su muerte. Otros senadores -como Miguel Pichetto- participaron del acto, pero Odarda les ganó en iniciativa y difusión.
El peronismo también escucha cantos de sirenas desde más de una dirección.
Una porción significativa respalda a Alberto Weretilneck y lo seguirá en su opción política que, por ahora, es en favor de Massa. Si bien el macrismo lo descartó, hubo versiones de contactos con ese segmento, ahora en ascenso.
De un modo u otro, las elecciones encontrarán a los peronistas albertistas en veredas opuestas al PJ, atado para bien o para mal al Frente para la Victoria nacional.
La división, como suele ser en partidos que priorizan el personalismo por sobre cualquier definición programática, no es clara ni estática. Así se vio con el apoyo de albertistas al sector de Martín Soria en la reciente elección interna.
Las heridas siguen abiertas. La rivalidad entre Tania Lastra y Norma Torres -viuda del exvicegobernador Carlos Peralta- incluye acusaciones de todo tipo.
El albertismo no está dispuesto a renunciar a la disputa por el territorio y el ministro de Gobierno, Luis Di Giacomo, trabaja personalmente en reforzar la presencia en Roca.
A la pesca de peronistas están también Massa y Macri, independientemente de sus contactos oficiales en la región.
Así, los partidos grandes dejan el ataque para adoptar una actitud defensiva. Son los que tienen más para perder en las actuales circunstancias.
Ese razonamiento llevó al peronismo a suspender el Congreso previsto para el próximo fin de semana. «Hay muchos interesados en generar una confrontación que muestre al PJ como ligado a la violencia o el desorden», reflexionó un dirigente que participó de la decisión.
Para el resto de los partidos la situación no es menos complicada.
La ley 4988, que implantó recientemente las elecciones primarias obligatorias y simultáneas, contempla dos barreras difíciles de sortear con pocos recursos y afiliados: la primera es la cantidad de avales que exige para que un partido o alianza pueda participar en las PASO. Y la segunda, que para llegar a las elecciones generales habrá que conseguir en las primarias al menos el 5% de los votos válidamente emitidos.
Para la izquierda esto implica una obligación de unirse, ya que sólo así en el 2013 el sector obtuvo un resultado histórico del 8,57% para senadores nacionales en Río Negro.
Bajo control
En la adormilada Legislatura rionegrina sólo mueve las aguas el juicio político con el cual el oficialismo respondió al Tribunal de Cuentas, que inició juicio de cuentas al gobernador Alberto Weretilneck y a varios legisladores por la no rendición de fondos reservados.
Hoy se sabe que a la Policía, a empresas públicas y hasta al Poder Judicial le fueron rechazadas rendiciones de cuentas por parte del organismo de contralor. Pero todos concurrieron preocupados por adecuar los procedimientos. «Nunca vimos una actitud tan desafiante como la de los legisladores», manifestó un integrante del cuerpo de controladores.
Es probable que la adhesión a otra línea política influyera en la actitud fiscalizadora del Tribunal de Cuentas.
Pero, en todo caso, ¿no es mejor así?
No casualmente, el acuerdo básico que dio lugar a la reforma constitucional de 1994 -y que trascendió como Pacto de Olivos- definió que los órganos de control estuvieran en manos de la oposición al gobierno de turno.
En Río Negro siguen siendo para los amigos, y sólo algún imprevisto de la historia los vuelve útiles y eficaces.
alicia miller
amiller@rionegro.com.ar
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