El terrorismo crece en el Sahel africano

Redacción

Por Redacción

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Los tentáculos del terrorismo islámico fundamentalista se están extendiendo; más allá de la pesadilla que suponen el Estado Islámico, instalado en Siria e Irak, y Boko Haram, en el norte de Nigeria. También en el llamado Sahel africano, la región emplazada al sur del enorme desierto del Sahara, la expansión es preocupante. Donde Francia es la vieja metrópoli de los tiempos coloniales y aún la potencia externa con más influencia económica y política de la región.

Las Naciones Unidas, después de la sofocada sublevación del norte de Mali, tienen allí desplegada una fuerza de paz, que se ha transformado en una operación peligrosísima. Desde que -hace ya un año y medio- la misión de paz desplegara sus “cascos azules”, uno de ellos ha sido asesinado o herido por los terroristas cada cuatro días. Hablamos de 32 muertos y más de un centenar de heridos.

Una pesadilla a la que el francés Hervé Ladsous, hoy subsecretario de operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, describe como “preocupante”. Con razón. Es obvio, a estar por las bajas y heridos acumulados.

Francia tiene desplegados, desde el 2012, unos 3.000 soldados en el Sahel. Aguerridos y bien entrenados, con experiencia en la zona. Pero su teatro de actividades es casi inconmensurable. Diez veces el tamaño de Francia. Imposible de atender adecuadamente, por inmenso.

El norte de Mali, todo Niger, el sur de Libia, el norte de Chad y hasta Burkina Faso están hoy en medio de una creciente inseguridad. Amenazados muy seriamente por el terrorismo. Constantemente. Y por la indescriptible pobreza de siempre.

Algunas de las milicias tribales, incluyendo las nómades, han caído últimamente en la órbita de Al Qaeda y están enroladas en el terrorismo. Con un notorio aumento de los atentados perpetrados a la manera de Afganistán. Fundamentalmente con explosivos. Por doquier y a mansalva. Sin límites de ningún tipo.

Es necesario llegar a algún arreglo con los tuaregs y con los árabes que son musulmanes, pero moderados. Particularmente en la amenazada Mali. Para ello hay presumiblemente que cederles algún grado de autonomía en el manejo de los temas que hacen a su propia identidad. Como pretenden desde hace rato. Lo que aún no ha sucedido, y es grave.

Francia no está sola en los esfuerzos por tratar de pacificar al Sahel. Argelia hace también lo suyo y empuja en dirección a la paz a quienes no han abrazado aún el fundamentalismo. Por el momento con resultados más bien discretos. Desde el cielo, los drones norteamericanos transmiten sus alertas. Pero no sólo con información se logrará desterrar el terrorismo del Sahel.

Mientras dure la pobreza y la precariedad sea una constante, la tarea no será nada fácil. Pero es imposible bajar los brazos. Si esto ocurriera, la zona toda podría transformarse en un nuevo y peligroso polvorín para la comunidad internacional. Así de serias son las cosas.

EMILIO J. CÁRDENAS

Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS


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