Miguel Pedro Atanasio Malarín, el pibe que asesoraba a “El Zorro”

Redacción

Por Redacción

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Era entrerriano, nacido un día de 1858. A los 17 egresó del Colegio Militar de la Nación con el grado de subteniente. Pertenecía a una de las primeras promociones de la academia fundada por el hombre con “cara de vieja”, como supo caracterizar el nacionalismo furioso -la furia es consustancial al nacionalismo- al sanjuanino Sarmiento.

A poco andar su carrera militar, Miguel Pedro Atanasio Malarín se topó con Julio Argentino Roca, alias “El Zorro”, por entonces comandante en jefe de las Fronteras del Interior. Éste, con reflejos de zorro, percibió que Malarín tenía espíritu inquieto y le sería útil a sus planes políticos. Así, en 1977, el muy pibe Malarín era designado agregado militar en EE. UU. Luego, en Francia. Misión: estudiar cómo manejaron los americanos la consolidación de sus fronteras interiores y la relación con los aborígenes. Y en Francia, cómo llevó su colonización de Argelia.

• Malarín es una figura interesantísima sobre la cual hay poco escrito. Un hombre de extrema confianza de Roca, al que informaba minuciosamente sobre sus investigaciones… leía, leía y leía sobre la Conquista del Oeste, etc., etc. Mucho de la organización de ideas de Roca en relación con el tratamiento del desierto y del indígena se sustentó en lo que le decía Malarín, quien además en Washington estableció una sólida relación con el general Sherman. Su solo nombre nos estampa la proyección de éste en la historia militar de EE. UU. -señala Enrique Mases a este diario-.

Y en su libro, precisa:

• Malarín no se limitó -en el intercambio epistolar con Roca- a informar, sino que opinaba y formulaba sugerencias, algunas de las cuales tenían mucha centralidad en cuanto al destino a dar a los indígenas.

• Planteó como problema prioritario a resolver no tanto la ocupación militar del espacio y la eliminación de las fronteras interiores sino lo que denominó “cuestión de indios” y “combate de raza a raza”, es decir, el destino final que debía dárseles a medida que avanzaba la campaña militar. Esta cuestión de indios no es en América una cuestión especialmente de fronteras, de desierto a conquistar, sino además y sobre todo un combate de raza a raza, una lucha entre un pueblo conquistador y uno semisalvaje”.

• Imbuido de las ideas predominantes en la época, es decir de un fuerte evolucionismo spenceriano acompañado de cierto darwinismo social, Malarín era un convencido de que el enfrentamiento entre indios y blancos se relacionaba con la existencia de razas inferiores y superiores, y que las primeras además eran incivilizadas, por lo que resultaba menester no sólo dominarlas sino también integrarlas a la civilización. Era necesario darles ocupación, vestirlos, alimentarlos, administrarlos, cuidar de ellos y mantenerse en guardia con el fin de evitar que “no volvieran a las andadas”.

Con los años, Malarín combatió en la Revolución de El Parque (1890) y fue edecán de Roca en el segundo mandato de éste. El pibe de “El Zorro” murió en 1943.


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